Prólogo
Langley, Virginia. 1961.
El programa especial 'Weapon-X' de la CIA lleva en curso ya un par de meses, once para ser exactos. Los sujetos James Howlett y Victor Creed han sido asignados a una misión, no es la primera vez, ni hay nada destacable en ella, de hecho no es tan importante como se esperaría para un programa tan... Secreto y elitista, como Weapon-X. En esta singular asignación tendrán tiempo de sobra para acechar, prepararse y atacar (una semana completa, eso suena casi como vacaciones) ¿la razón?, desconocida.
Adicionalmente, y debido a una supuesta sobrecarga y saturación de trabajo por parte de los directivos y encargados de organizar las misiones, esta vez es Victor mismo quien tendrá el "privilegio" de buscar el alojamiento para la corta estancia de su compañero y él en la ciudad de Denver, Colorado. Bien podría rentar una habitación en un hotel de mala muerte, sea céntrico o a las afueras y cerca de los bordes, pero no lo hará... Los jefes les están dando un presupuesto casi ilimitado, con la única condición de hacer bien el trabajo, así sin más, y aún cuando todo esto parece un poco impropio él no se pregunta el porqué, simplemente sabe que es una oportunidad que sí o sí debe de aprovechar, derrochar lo más posible en el alojamiento y los bares para divertirse un poco en el trabajo.
Mientras aquello esté hecho es seguro que no le reclamarán por los gastos, a menos de que deje rastros... A Victor le encanta dejar rastros, lo cual es un lastre, pero también es divertido. Lo bueno es que, sin importar quien o quienes les busquen está seguro de poderlos eliminar, y en el hipotético y casi improbable caso de no hacerlo, sabe perfectamente que la CIA se encargará. Eso es lo que le encanta de este trabajo, entre otras cosas.
...
Victor ha regresado triunfante de su visita a Dorothy, una de las secretarias; una mujer un poco mayor, madura más bien, blanca, de tal vez unos 47 años a la que le encanta Chuck Berry y peinarse con chongos estilo francés “chignon". A ella le ha encargado recolectar guías turísticas, folletos, directorios telefónicos y periódicos, todo, todo lo que le pudiera servir para conocer el lugar a donde se dirigía, bueno, ya lo conocía pero no había explorado las estancias que fueran de más de una estrella.
En la sala común del cuartel, guía tras guía el grandote iba descartando. Veamos... Veamos... Hotel, hotel, hotel de mala muerte, casa de huéspedes, galeras... Cabañas... ¿Cabañas? ¿Cerca del lugar hay cabañas? ¡Es perfecto!, no parecen demasiado lujosas, tal vez un poco viejas, pero definitivamente son un buen lugar, mucho mejores que aquellas habitaciones de hotel llenas de chinches y cucarachas a las que él y Jimmy ya están más que acostumbrados.
James... James... El nombre resuena en su cabeza como una melopea. Seguro Jimmy también lo apreciará; "Bien hecho Vic", le dirá... Espera... ¡¿Porqué diablos habría que complacer a ese estúpido enano?! ¿Acaso Victor busca impresionarlo? ¡Por supuesto que no! Si por el fuese, haría a Jimmy dormir en una casa para perros, y eso ya se consideraría demasiado generoso por parte de Victor. Cómo sea. Sigamos viendo. Hay cabañas de varios tipos y para distinta cantidad de personas, pero todas están demasiado cerca las unas de las otras. Excepto... ¿Una cabaña para parejas y recién casados? Uh. No, gracias. ¿Porqué demonios rentaría algo así? Victor no tiene pareja ni está casado, además irá con Jimmy... Otra vez pensando en ese estúpido idiota con cara de sabueso... Ugh... Suspira. Por un segundo esa cabaña no suena como una tan mala idea. Digo, está lo suficientemente alejada para poder planear el ataque a gusto y sin distracciones, apartada de oídos y ojos ajenos, espaciosa, bonita, y lo más importante; ¡con cama King-size!...
... Aunque solo es una cama, para la feliz pareja obviamente... Hmph. ¡Eso le suma mil puntos! ¡¿Eh?! ¿Qué por qué? ¿Acaso no es obvio? ¡Para hacer dormir a James en el suelo, por supuesto! Después de todo Victor no es ningún marica ni un niño pequeño como para dormir en la misma cama que otro hombre, mucho menos en la misma que James Putas Howlett. Sí. Eso es. Solo lo hace para molestarlo.
Casi de inmediato y de manera muy impaciente Victor levantó el teléfono de su carcasa de baquelita negra, aquel colocado sobre la mesa auxiliar a un lado del sofá. Giró el disco varias veces para marcar al número en el anuncio y esperó hasta que alguien le atendiera desde el otro lado de la línea, después de un par de timbres un hombre mayor atiende el teléfono, ambos se saludan, hablan, hacen preguntas, se despiden y cuelgan. El lugar ha quedado agendado para dentro de dos semanas, algunos podrían decir que era un golpe de suerte, ya que era poca la anticipación, pero no, más bien parece que no hay demasiados interesados en el lugar. El pago se hará al llegar al lugar, en efectivo, esto por seguridad, nada debe ser rastreable, incluso si una organización gubernamental es quien lo está financiado con una cuenta especial. Solo queda informarle a James. Y sobre los detalles... De eso no podemos hablar; es privado, ¿sabes?, después de todo se trata de una sorpresa para su compañero. Una sorpresa desagradable, o eso es lo que se dice Vic a sí mismo.
Victor ya no puede esperar más, se siente como un infante en navidad; ansioso de bajar las escaleras y correr a abrir los regalos que le aguardan debajo del árbol. No puede esperar a llegar al lugar y que Jimmy lo vea, que lo felicité por su buen gusto solo para decepcionarse después. Se muere por ver su estúpida expresión cuando se dé cuenta que el lugar es especial para parejas románticas, cosa que obviamente no son, y que solo habrá una cama que Victor no piensa compartir, ¿cierto?. De pronto ya se está riendo a carcajadas imaginando cuán estúpido y confundido James estará al llegar, y con el arrendador creyendo que su enano compañero es uno de esos turistas maricones. Pobre Victor imbécil, su cerebro del tamaño de un maní aún no se da cuenta de que aquello implica que lo verán de igual manera; un turista, un turista homosexual en un viaje con su querido novio, o esposo, lo que sea que resulte más aparente para los extraños y denigrante para sus hombrías. Aún no capta que ambos serán confundidos por una pareja homosexual, y para cuándo se dé cuenta quizás ya será demasiado tarde.