Donde empieza mi silencio
No nací rota.
Aprendí a romperme despacio,
a fuerza de golpes que no dejaron marca en la piel
pero sí en la manera de mirarme.
He caminado por días nublados con el corazón descalzo,
fingiendo que la lluvia no dolía
mientras me empapaba por dentro.
Soy de las que sienten demasiado y hablan poco.
De las que sonríen para no preocupar
y escriben para no desaparecer.
Cargo silencios que pesan más que cualquier palabra
y recuerdos que regresan cuando todo parece en calma.
Mi vida ha sido aprender a sostenerme
cuando el mundo me pidió ser fuerte demasiado pronto.
Me han hecho dudar de mi reflejo,
de mi valor,
de si merecía ocupar espacio.
Y aun así, aquí estoy:
con cicatrices invisibles,
con miedo a veces,
pero con una ternura que se niega a morir.
Escribo porque es la única forma que conozco de salvarme,
porque el papel no me juzga
y la poesía me permite respirar cuando todo aprieta.
Si estás leyendo esto, quizá tú también camines en silencio.
Quizá entiendas lo que es sobrevivir sin hacer ruido,
amar con cuidado,
sentir con profundidad.
Este libro no grita:
deja huellas frágiles, como de cristal.
Y cada una de ellas es mi manera de decirte
que, incluso rota,
sigo caminando.