Deseo sin amor (Adaptación al EunHae)

Summary

Lee Hyukjae aún creía que Donghae había despreciado su petición de casarse con él y darle hijos hacía cuatro años. Sin embargo, ahora Hyukjae contaba con una excelente oportunidad para vengarse: el hermano de Donghae estaba en problemas y sólo él podía ayudarlo... si él se convertía en su esposo. Pero esa vez Hyukjae sabía con certeza lo que necesitaba... y no era precisamente el amor de Donghae. La historia original le corresponde a Lynne Graham.

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Chapter 1

Donghae no podía quedarse quieto. Se levantó, y volvió a pasear por la cocina de su hermano. ¿Cuánto tiempo más estarían ellos con la policía? Se dijo que seguramente para ese momento ya se habían dado cuenta de que se habían equivocado de persona. Su hermano no era un ladrón de coches.

Por otro lado, se dijo que Jeno no era ningún ángel. ¿Qué adolescente lo era?

Pero era inteligente. Tenía un futuro prometedor. No tardaría en realizar sus exámenes finales. ¿Por qué habría de intentar robar un coche cuando tenía su propio vehículo?

Jeno había estado viviendo con su hermano durante los dos últimos meses.

Sus padres se encontraban en China, visitando a unos parientes, de modo que él no tuvo ningún lugar a donde ir. Por desgracia, Jeno no quiso quedarse en casa de Dongwha y Da Ran. Donghae comprendía su renuencia.

El tampoco habría querido vivir sometido a las reglas de Dongwha.

La amplia y moderna cocina le recordaba un quirófano. Era fría e impecablemente ordenada. Dongwha jamás habría permitido que hubiera algún desorden; él mismo era frío y metódico. Sin embargo, cuando hablo por teléfono estaba poco menos que histérico.

Quien infringía el rígido código moral de Dongwha se convertía en un paria.

Nadie mejor que Donghae lo sabía. El día en que Dongwha descubrió que su joven hermano soltero estaba embarazado, sin vacilar le volvió la espalda.

Y, en ese momento, si Dongwha hubiera tenido la menor sospecha de que Jeno podría ser culpable, habría dejado que Da Ran se las arreglara sola con la policía.

—¿Le sirvo una taza de té, joven Lee?

Donghae se volvió, nervioso. La señora Jung, ama de llaves de su hermano, se encontraba en la puerta.

—No, gracias. No podría —respondió Donghae.

—¿Nada...?

—Nada todavía.

—Él es un... joven duro y fuerte —comentó la mujer. mayor.

Donghae se puso pálido al recordarlo. Jeno tenía el temperamento de su padre.

Cuando lo hacían enfadar, se volvía agresivo. A Lee Seung-yeon le encantaba la habilidad de su hijo para hacerle frente. Se suponía que un joven debía tener carácter y agallas, como un alfa.

Donghae se rebeló, pero Dongwha siempre se había sometido. Da Ran apareció cuando Dongwha tenía dieciocho años de edad. Aunque era tres años mayor que él, fue la primera y única novia de Dongwha.

—Han llegado... —repuso la señora Jung, poniéndose tensa—. Me vuelvo a mi habitación, joven Lee.

Donghae, nervioso, se pasó una mano por su castaña cabellera, y respiró profundamente. Dongwha no sabía que se encontraba allí, esperando, de modo que quizá consideraría su presencia como un acto de intromisión.

Cuando oyó que metían la llave en la cerradura de la puerta principal, salió al vestíbulo, rezando para que fuera Jeno, después de que quedó demostrada su inocencia.

El joven larguirucho que entró a toda velocidad ni siquiera lo vio. Jeno subió corriendo las escaleras y el portazo que dio resonó en toda la casa. Luego apareció Da Ran.

—¿Donghae? —preguntó quedándose inmóvil.

Dongwha pasó junto a él. Estaba furioso.

—¿Donghae?

—Dongwha...

Da Ran tiró de la manga a su esposo.

—¡No te metas en esto! —exclamó Dongwha—. Me alegro de que esté aquí. ¡Quiero que sepa lo que ha hecho!

—¿Qué he hecho yo? —preguntó Donghae con incredulidad.

—¡Todo es culpa tuya! ¿Qué se supone que voy a decirle a mamá y papá cuando regresen a casa? Nos dejaron al cuidado de Jeno. Era responsabilidad nuestra. Cuando papá sepa esto, me culpará por haber dejado que te acercaras a Jeno. ¡Tú no necesitas preocuparte!

Dongwha parecía un desconocido. Era como si estuviera poseído.

—Dongwha, por favor. No sé de qué me estás hablando. ¿Cómo puedo ser responsable en esto?

—¿No estás metido en todo lo que hunde a nuestra familia? ¿Sabes de quién era el coche que Jeno destrozó? —vociferó Dongwha—.¿Sabes por qué lo destrozó?

Donghae se quedó aturdido al comprender que Jeno era culpable.

—¡Nuestro estúpido hermanito fue a vengarse del hombre que te dejó abandonado hace cuatro años! —exclamó Dongwha—. ¡Cogió su coche y le destrozó la casa! Ha causado daños por miles y miles de wones. ¡Ese coche costaba más que esta casa! ¡Destrozó su maldita fuente y acabó con el césped! ¡Así que es probable que lo metan en la cárcel!

—Pero eso es imposible —repuso Donghae, con la garganta seca.

Da Ran trató de consolar a su esposo, pero éste la rechazó. Dongwha subió las escaleras del mismo modo que Jeno lo había hecho unos minutos antes.

Se oyó otro portazo.

—No soporta que alguien lo vea llorar —declaró Da Ran, suspirando y llevando a Donghae hacia el salón—. Será mejor dejarlo solo hasta que se calme.

Una sensación de vértigo se apoderó de Donghae. Pálido, se tambaleó y tuvo que apoyarse con las dos manos en el respaldo del sofá. Se dijo que era imposible, que no podía ser cierto. Jeno ni siquiera sabía con quién había salido él cuando iba a la universidad. Dongwha estaba equivocado.

Da Ran comentó mientras se servía una bebida:

—Nadie tiene la culpa. El chico está fuera de control, pero lo estaba mucho antes de venir con nosotros.

—No es posible que Jeno haya cogido... el coche de Hyukjae —apuntó Donghae.

Da Ran bebió un trago de whisky; se había olvidado de ofrecerle una bebida a Donghae. Eso indicaba su estado de ánimo.

—Lo siento, querido. Todavía no lo sabes, ¿verdad? Sería más prudente que siguieras así.

—¡Da Ran! Donghae deseaba gritar y sacudirla por los hombros—. ¡Necesito saber qué es lo que pasa!

Su cuñada aspiró profundamente.

—Jeno va a la escuela con... Ji sung, el sobrino de Lee.

—¡No me lo dijo! —estalló Donghae. Hasta hace poco Jeno no tenía la menor idea de que hubiera habido alguna relación entre nuestra familia y el clan Lee. Lo creas o no, los dos chicos se convirtieron en grandes amigos. Fue Ji Sung quien empezó el problema en el local nocturno, pero como su familia tiene más influencia que nosotros, el pobre Jeno pagó el pato...

—¿Qué problema?

—Compareció ante un juez por conducta escandalosa, daños y perjuicios, después de haber participado en una pelea.

Donghae cerró los ojos.

—¿Por qué nadie me dijo nada?

—En honor a la verdad, trabó amistad con las personas equivocadas. Y después de lo del local nocturno, se dio cuenta de que lo habían escogido como chivo expiatorio. El local no tenía ninguna intención de demandar a uno de los poderosos Lee.

—Así que éste no es el primer delito de Jeno—comentó Donghae, horrorizado.

Su amistad con Ji Sung se enfrió después de eso, pero el mes pasado Jeno asistió a una fiesta en la casa de su amigo. Alguien que estaba allí lo identificó como tu hermano. Los dos jóvenes ya habían rivalizado por una joven. Ji sung le siguió la corriente, hizo algunos comentarios ofensivos acerca de... de tu relación anterior con su tío... y se produjo una pelea.

Donghae sintió que se le doblaban las piernas.

—Jeno dio una paliza al canalla ése, así que lo echaron —continuó Da Ran—Pero por desgracia, Ji sung y sus amigos, después de descubrir el punto vulnerable de Jeno, siguieron hostigándolo en la escuela. El mes pasado, cuatro de ellos lo golpearon.

Donghae recordó que Jeno no había querido hablarde ese incidente, a pesar de su insistencia.

—Continúa —le ordenó a Da Ran.

—Dongwha y yo nos preocupamos mucho cuando él se negó a contarnos cuál fue el motivo de ese ataque. Pensamos acercarnos a la escuela, pero nos pareció que a Jeno eso le resultaría humillante.

—¿Pero por qué no nos contó lo que pasaba?

—Nunca me ha parecido bien la decisión de tu padre de excluirte del círculo familiar. Eso ha causado una gran tensión a todos, sobre todo a tu madre y a Jeno... Él está muy unido a ti. No confía en nosotros para contarnos lo sucedido. Y, aunque amo a mi esposo creo que es absurdo que, después de doce años de matrimonio, Dongwha aún esté tan desesperado por conseguir la aprobación de su padre, y tan dispuesto a despreciar a su único hermano, sólo porque él se lo pide.

También Dongwha conservaba cicatrices de la infancia, pensó Donghae.

—Lo siento —dijo en voz baja.

—No tienes por qué pedir disculpas. Jeno tenía una cuenta pendiente — afirmó Da Ran—. Se metió en la casa de los Lee, puso en marcha el coche, no pudo controlarlo y dejó una estela de destrucción detrás de él. Huyó antes de que lo atraparan, pero lo habían visto.

Donghae se sintió físicamente enfermo. Su pasado se había entrometido en el presente de Jeno.

—¿Lo denunciaron?

—Por supuesto. Los Lee son dueños de una de las empresas bancarias más grandes de Asia. Jeno no logrará salir de esto. Pero él se lo buscó.

—¿Cómo puedes decir eso? —Donghae se puso en pie—¡Me defendió y ahora está pagando por ello! —exclamó, lloroso.

—Destruir la propiedad de alguien no tiene nada que ver con la valerosa defensa del hermano de uno.

—¿De qué otro modo pudo devolver los golpes? Sé que se comportó como un niño, ¡pero la familia de Hyukjae es tan rica y poderosa que no pudo haberse desquitado de ninguna otra manera!

—Le conseguiremos el mejor abogado que podamos—señaló él, frunciendo el ceño—. Pero debieron haberle metido en vereda hace mucho tiempo.

—Subiré a verlo.

Jeno estaba sentado en el borde de la cama, con las manos entrelazadas entre las piernas y la cabeza inclinada, no levantó lavista.

-No me di cuenta de que estabas aquí, hasta que escuché tu voz abajo.

—Da Ran me lo ha contado todo —señaló él, apoyándose en la puerta—. ¿Por qué, Jeno? ¿Por qué? Hyukjae nunca te hizo nada...

Jeno alzó la cabeza de inmediato.

—¿Ah, no? ¿Y qué me dices de ti? —preguntó con amargura—. Destrozó tu vida. Tuviste que abandonar la universidad. ¡Te han prohibido entrar en tu propia casa y tienes un trabajo asqueroso por su culpa!

La amargura de su hermano penetró en él, como si fuera una daga.

—Además, ¡ese desgraciado de Ji sung se burla de ti como si su tío hubiera hecho algo de lo que debiera estar orgulloso!

—Tú no sabes lo que sucedió entre Hyukjae y yo—declaró él, vacilante.

—Tú tenías diecinueve años y él veinticinco—repuso Jeno, furioso—. Eso es todo lo que necesito saber.

—Nuestra relación sencillamente no resultó, Jeno.

—Se deshizo de ti cuando se enteró de que estabas embarazado y se casó con otro.

—No fue así, Jeno —expresó él en voz baja—. Él no sabía que estaba embarazado. En realidad, cuando nos separamos, tampoco yo lo sabía, y nunca se lo dije. Una vez que se casó, no valía lapena.

Su hermano lo miró con incredulidad.

—¡No mientas! Ya no soy un niño.

—Pero es así como ocurrió.

—No te creo. Te abandonó. ¡Se aprovechó de ti! ¡Sin duda se enteró de lo del niño! Sin duda...

—¿Lo sabe Ji sung?

—Bueno, no, pero...

—Hyukjae no lo sabía —aseguró él, apretando los puños.

Sabía que ya era demasiado tarde para contárselo todo a Jeno. Pero ¿qué podía hacer para que él entendiera? Pensó que algunas cosas eran muy difíciles de explicar a un adolescente, que estaba decidido a ver a su hermano como una víctima inocente, seducido y abandonado. Pero lo que impulsó a actuar a Jeno fue la situación de Donghae.

—Trata de no preocuparte demasiado —le aconsejó Donghae—. Quizá todo salga bien.

—No soy un niño, Hae. Cometí un error. En el bar, todo me daba vueltas en la cabeza. Pensaba en lo que te hicieron. En lo que me hicieron a mí. No podía soportarlo más. Me puse furioso.

Donghae pensó que, en cuanto a temperamento, Jeno y él se parecían mucho. Tenían el mismo carácter que su padre, lo cual era una maldición. Una maldición que él aborrecía.

Da Ran lo estaba esperando abajo.

—Te llevaré a casa.

—No... no es necesario.

Lo ayudó a ponerse la chaqueta como si fuera un niño pequeño.

—Vamos. Necesito tomar un poco el aire.

Aparte de que Da Ran le preguntó cómo le iba con los cursos de la universidad a distancia, no conversaron mucho. Los dos estuvieron ensimismados en sus pensamientos. Pero a Donghae le parecía que el tenía cierta ventaja.

Después de todo, sabía lo que debía hacer. Necesitaba ver a Hyukjae. Por lo menos, él debía escucharlo. Y aunque tuviera que arrastrarse, lo obligaría a ello. Por lo que se refería a la libertad y tranquilidad del espíritu de su madre, ningún sacrificio sería demasiado grande.

Cuando, cansado, se metió en la cama, pensó en las revelaciones de esa noche. ¿Por qué tuvo que haber sucedido eso?¿Cuántas veces debería pagar él por un error?, se preguntaba. Un error que pudo haber evitado si no se hubiera enamorado de la persona equivocada.

Después de todo, su madre había cometido la misma equivocación. Sin embargo, Hyang-sook no tenía una personalidad fuerte. Después de haber soportado durante treinta años la tiranía de su marido, era una mujer tímida, demasiado débil para contrariar a un hombre orgulloso de su dominación.

A los dieciocho años, Donghae se había sentido muy seguro de su habilidad para dominar sus propias emociones. Había planificado toda su vida: la universidad y labrarse un puesto destacado en el mundo de los negocios. En vez de ello, en el primer año de carrera fracasó estrepitosamente.

Durante un espacio de cinco meses perdió de vista todas sus metas. Había olvidado las lecciones aprendidas. Y, para empeorar las cosas, había creído sinceramente que sabía lo que hacía.

Alguna vez se había enorgullecido de su autodisciplina. No había lugar para los hombres en sus planes. Los hombres exigían, esperaban, complicaban las cosas. Quizá cuando al menos tuviera treinta años, había pensado con la ingenuidad propia de la juventud, quizá cuando estuviera establecido en su carrera, dejaría que algún hombre formara parte de su satisfactoria existencia.

Y ese hombre, lógicamente, apoyaría con entusiasmo sus ambiciones...

Pero el destino fue el que dijo la última palabra. El destino le hizo conocer a Hyukjae, un hombre diametralmente opuesto al ideal que él concibió. Una vez que Hyukjae creyó que lo tenía donde deseaba, tan aturdido que no podía pensar de forma correcta, trató de convertirlo en una persona distinta. Poco a poco fue acabando con su confianza en sí mismo. Pero, afortunadamente, despertó.

Cierto día se miró en el espejo y vio allí a su madre, observándolo. Nada habría sido peor que terminar respetablemente casado con Lee Hyukjae...

—No vale la pena esperar más —la recepcionista lo miró con irritación—. Ya le dije que el señor Lee no estaría libre. Cuando viene a Seúl, está muy ocupado. Su agenda de citas está llena. No estaba libre al teléfono, y tampoco en persona, pero Donghae debía hablar con él. Sabía por qué él se encontraba allí y debía entenderlo. Había entrado en el banco Lee en el mismo momento en que se abrieron las puertas.

Dos horas después, aún estaba en la planta baja del edificio de veinte pisos. Sospechaba que Hyukjae no quería concederle ni cinco minutos de su tiempo.

El lugar era muy elegante. Cuatro años antes había entrado en aquel impresionante edificio, vestido con vaqueros y camiseta, sonriendo despreocupado. En aquellos días se sentía seguro de sí mismo, pero ya no era así. Hyukjae no iba a verlo. No se habían separado amistosamente.

—¿Señor Lee? —era la recepcionista de nuevo—. Si está dispuesto a esperar otra hora, quizá el señor Lee pueda verlo. No es seguro. Su asistente está tratando de encontrar un momento para usted, antes de la comida.

Sus palabras pusieron furioso a Donghae.

—Es muy amable —repuso bruscamente.

—Puede esperar en el último piso.

El último piso era suntuoso. Estaba impresionado, y eso volvió a molestarlo.

La joven y esbelta morena que se encontraba detrás del escritorio lo miraba furtivamente. Al parecer, su aspecto dejaba mucho que desear.

Al cabo de otra hora, se convenció de que Hyukjae lo estaba haciendo esperar a propósito.

—El señor Lee lo verá ahora mismo.

De inmediato, Donghae se irguió. Lo odió por haberlo puesto tan nervioso.

—Me temo que el señor Lee sólo puede concederle diez minutos —declaró una mujer de mediana edad.

¿Diez minutos para hablarle de Jeno a un hombre que lo aborrecía?, se preguntó Donghae. Pero luego se dijo que diez minutos eran mejor que nada.

Entró en un enorme despacho. Vio un escritorio con ordenadores y varios teléfonos. El lugar lo intimidaba. Tenía la débil esperanza de que él no recordase su último encuentro, tan bien como él...

Empezó a sudar. En ese momento Hyukjae estaba a la vista. Más alto de lo que recordaba, más maduro, cien veces más apuesto.

—Gracias por haber aceptado verme —expresó Donghae, aunque no había pensado pronunciar esas palabras. A él mismo le pareció humillante.