Prólogo
Altair «así me llamaron mis padres», el nombre de una estrella, una de las más brillantes. Pensaron que yo sería así: luminosa, una chica lista, llena de vida. Pero mi realidad es otra. Desde que tengo memoria, todos esperaban demasiado de mí. Me decían que si hacía algo, debía hacerlo «perfecto»; si no, no valía la pena. Con esa mentalidad crecí, esforzándome más de lo necesario, desgastándome por mantener felices a los demás, especialmente a mis padres. Y sin embargo, nunca era suficiente. Siempre terminaban decepcionados.
Mis notas eran mediocres, las matemáticas se me atravesaban como un muro, y me convertí en la burla del salón por mi torpeza mental. «Es una estúpida», «burra», «no sirve para nada». Esos comentarios se grabaron en mi cabeza, para siempre. Para colmo, tampoco era bonita. Segura estaba de que ningún chico querría besarme; les daría asco, ¿no?
Pasaba horas en mi teléfono, esperando que el amor de mi vida tocara mi puerta «mi príncipe azul» Pero nunca llegó. En su lugar, devoraba novelas románticas, k-dramas, fantaseando con un amor que solo existía en ficción.
A mis diecinueve años, soy un agujero negro. Nada que ver con una estrella. Mi apariencia no destaca, mi presencia pasa inadvertida. La sociedad me ve como un chiste. Estudio Negocios, llevo una vida opuesta a la que soñé. Ahora ni sé qué me gusta. No me conozco. Siento que mi vida es una obra de teatro y yo, un títere mediocre.
«¿Encontraré algún día al amor de mi vida?» La duda me carcome. «¿Querrá alguien reconstruir las partes rotas que dejé tiradas?» Pero lo más importante, «¿Algún día me conoceré realmente?»