El Prado de las Luciérnagas

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Summary

Selena intenta salir de una profunda depresión tras la trágica muerte de su mejor amigo. Con el paso del tiempo, decide que es hora de cumplir un sueño: publicar su primer libro. Para encontrar la inspiración, se refugia en un lugar apartado, buscando paz y silencio para escribir su final. Pero su mayor error fue elegir el sombrío pueblo de Peak. Lo que parecía un retiro tranquilo se convierte en una pesadilla cuando comienza a descubrir secretos enterrados, presencias inquietantes y sucesos que desafían todo lo que creía posible. En Peak, no todo lo que brilla es luz... y las luciérnagas podrían guiarla, o perderla para siempre. ¿Podrá encontrar respuestas antes de que las luciérnagas se apaguen para siempre? •obtiene errores ortográficos• •Historia completamente mía• •fecha de publicación: 07 Enero de 2024•

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Cuando era niña decía que quería ser doctora, actriz... o cualquier cosa que pareciera un sueño. Ahora, a mis veinticinco años, con un intento fallido de ser escritora y con las ganas de vivir reducidas a un suspiro, la vida se ha convertido en una cuesta imposible de escalar.

Hace más de cinco años que la depresión me acompaña. Todo comenzó la noche en que mi mejor amigo, Vins, perdió la vida. Tenía veinte años cuando, en una carrera clandestina, perdió el control de la motocicleta y se estrelló. Murió en el acto. Vins y yo nos conocíamos desde el jardín de niños; era como el hermano que nunca tuve.

Mi vida ya había sido un campo de pérdidas antes de eso. Mi madre murió al darme a luz, y mi padre, incapaz de perdonarme por algo que no elegí, me trató siempre con un rencor silencioso. Cuando cumplí doce años, lo encontré flotando en el río, ahogado y ebrio. Desde entonces, Vins fue mi única familia.

Estuvimos juntos en las peores tormentas. Cuando a su madre, Lou, le diagnosticaron un cáncer terminal, estuvimos allí, tomándole la mano hasta el último aliento. Al cumplir la mayoría de edad, nos fuimos a vivir juntos. Teníamos empleos extenuantes y un departamento diminuto, pero éramos felices. Vins era todo. Vins era luz.

Cinco años atrás

-Despierta, terroncito de azúcar. El amor de tu vida te ha traído café para que tengas un excelente día -dijo con su habitual teatralidad. Yo reí, todavía con la voz dormida.

-Sabes... he estado pensando -murmuré, cruzando las piernas en la cama.

-Eso nunca es bueno -sonrió, sentándose a los pies de la cama.

-¿Debería mandar mi libro a la editorial después de escribir el final?

-Mujer, te estás tardando demasiado. Como tu representante oficial, apruebo ese bendito libro. Vas a hacer llorar a medio ejército de adolescentes.

-Haré unos cambios pequeños... y el final.

-Johny me habló temprano. Habrá una carrera el lunes. Tengo asegurada una buena suma, y con eso voy a comprarte una nueva portátil -dijo, mirando con desdén mi computadora vieja.

-Vins, esta todavía aguanta un par de años.

-Mi chica lista merece lo mejor. Será la última carrera, lo prometo. Después nos iremos de viaje. Tú y yo. Sin problemas.

-Alex dice que podríamos ir a las Bahamas.

-No llevaré a Alex. Solo seremos los dos. Siempre seremos los dos.

-Siempre los dos -susurré, sonriendo.

Lunes, 12 de junio de 2013

La música era tan fuerte que me vibraban los huesos, y los gritos de la multitud me cerraban el aire. Vins apretaba mi mano, guiándome entre cuerpos sudorosos y luces intermitentes. Las motos esperaban alineadas, sus motores rugiendo como bestias impacientes.

-¡Vins! -Johny apareció entre la gente-. Hola, Selene.

Le devolví una sonrisa.

-Oye, esta carrera será la última -dijo Vins con una media sonrisa.

-¿Y qué le comprarás esta vez? -preguntó Johny.

-Un portátil nuevo para que siga escribiendo -respondió él, besándome la mejilla.

-Bien, pues ve a ganar, hermano -contestó Johny, llevándose la radio al oído.

-Ten cuidado y vuelve conmigo -le pedí, sintiendo un nudo en el estómago.

-Siempre vuelvo, Selene. Tú eres mi único hogar.

Me abrazó. Yo lo retuve unos segundos más, aferrándome a su calor.

-Te amo, Vins.

-Te amo, Selene. Volveré... y nos iremos a ese pueblo del que tanto hablas.

Se rió y caminó hacia la moto. La señal se dio, los motores rugieron, y la multitud explotó en euforia. Los minutos se hicieron eternos. Todos se apartaron para ver quién doblaría la curva primero y llegaría a la meta.

Entonces lo escuché. Un golpe seco. El crujir de metal contra concreto. La gente gritó. Mis piernas se congelaron.

-¡Johny, es Vins, es Vins! -chilló una voz por la radio.

El corazón me golpeó el pecho con violencia. Corrí bajo la lluvia que empezó a caer como si el cielo mismo llorara. Llegué y lo vi... su cuerpo, a metros de la moto, inerte. Sangre. Demasiada.

-¡Llamen a una ambulancia! -mi voz se rompió-. Vins, resiste, ya viene ayuda. No me puedes dejar. Tú prometiste... dijiste que volverías.

Tomé su mano. Estaba fría. Tan fría. Lo besé en la frente, rogándole, pero sus párpados no se movieron.

Esa noche, Vins se fue. El impacto fue instantáneo. No sufrió. Yo sí.

El departamento se volvió un mausoleo. Duermo en su cama para sentir su olor. Sobre la mesa de noche hay una foto nuestra: él me abraza y me besa la mejilla. Su teléfono sigue ahí. La pantalla muestra mi rostro en un día de picnic, con un vestido veraniego, sonriéndole.

Vins era mi persona. Era luz, alegría, bromas malas y noches de películas. Y ahora no hay nada.

Cuando Vins murió, se llevó consigo cualquier rastro de mi felicidad.