En búsqueda de la libertad

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Summary

¿El ser diferente es una maldición? Yo no decidí ser así, ¿Por qué no podemos ser simplemente libres? No hemos hecho nada malo al mundo, solo existimos y ya soy el monstruo. En un mundo donde el color blanco es la ley y el color es delito, donde los protagonistas buscan ser ellos mismos en un mundo que los odia por ser de colores.

Genre
Fantasy
Author
gatito
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Amarillo 1

Una suave música de piano se escucha junto a ella una voz narrar...

“En un inicio el planeta solo era un montón de tierra y agua, sin sentido alguno de existencia mas que solo el estar vacía.

Fue hasta que la luna y el sol, en una danza de amor y pasión, donde recorrieron toda la tierra en un baile de luz y oscuridad, de frío y calor, de besos y música. Llenando de vida con cada paso que daban, formando los valles, praderas, montañas, playas; con ellas a grandes bestias para habitarlos, lleno de amor y pasión.

La luna se enamoró perdidamente del sol con cada momento que pasaban juntos; más el amor no siempre es un cristal, a veces suele ser un espejo donde solo se refleja uno mismo y su dolor.

El sol no sentía ni una pizca de algún sentimiento por la luna; huyendo con cada amanecer y atardecer, alejándose eternamente de ella. Hasta el próximo eclipse eterno, donde volverán a danzar, en la búsqueda de crear un nuevo ciclo a la tierra.

La luna desconsolada con cada uno de los rechazos del sol, que este le daba cada vez que se le acercaba; derramando sus lágrimas por el oscuro y solitario cielo de la noche, siendo recibidas por las nubes en grandes vasijas de oro y plata, que desembocaban en forma de lluvia.

De esta se formaron seres dotados de gran inteligencia y corazón, el cual se reflejaba en su pelo blanco como la nieve y ojos como perlas que, si observas bien, podrás ver el reflejo del alma; siendo creados para habitar estas tierras llenas de riquezas, paz y armonía.

El sol al presenciar lo que la luna acababa de crear, en un ataque de ira, odio y celos, tomó una daga y apuntando a su corazón se apuñaló; derramando así su sangre; sin ver que esta fue recibida por el arcoíris, en una mar de lamento, ya que la sangre del sol le quemaba hasta su alma llegando a romperse, como si de un cristal se tratara.

Cada gota cayó junto a un cristal, uniéndose y formando así seres en apariencia muy parecidos a los hijos de la luna, más sin embargo, su cabello y ojos no eran blancos.

Estos contaban con grandes melenas de diversos colores acompañadas de ojos tan divinos como joyas, tanto era su color que al estar junto a la naturaleza pareciera un campo de flores de todos los tipos, contando con una gran fuerza física y habilidades fuera de lo imaginable para simples seres mortales.

Los años pasaron y con estos las diferencias se notaban cada vez más, dando así a disparidades y disgustos. Trayendo consigo guerra y muerte. Hasta la fecha se dice que los hijos del sol viven entre nosotros, esperando un día tomar el trono del cielo”.

Con este último verso se cerró el pequeño telón de una carreta que tenía al pequeño teatro donde unos títeres mostraban esta historia recibiendo aplausos de su pequeño público.

-¿y así acaba toda la historia?- preguntó una niñita mientras comía un helado -no lo sé, no estuve ahí solo cuento una leyenda- dije saliendo detrás del carrito que usábamos como escenario con un títere en una mano y un sombrero en la otra, mientras recogía las propinas del público podía escuchar como todos opinaban sobre mi pequeño show, -mami, ¿los hijos de sol son los malos?- pregunto inocente un niño pequeño, -obviamente tesoro, perturban la paz de nosotros, son como unos demonios!!- le contestó su madre mientras se alejaban.

-demonios, si como no señora- exclamó entre sus susurros y quejas mi amiga Sakí mientras salía de la parte trasera del pequeño carrito, con un títere en manos -no sé por qué te gusta contar esta historia nos deja quedar mal, y la peluca me pica- dijo mientras se rascaba la cabeza, -son los títeres que tenemos, y tampoco me gusta quedar como la mala pero recuerda que hace dos pueblos lo intentamos y nos corrieron!- dije contando las monedas que nos habían dejado, -mira nos alcanza para estar bien unos días!- comente con un tono alegre cambiando así el tema.

-Qué bien! podremos descansar en el siguiente pueblo, ya me harte de usar estos títeres- musito mientras miraba al títere en sus manos con algo de disgusto –pero yo sé que te gusto Sakí- dije tomando a otro títere y lo agitaba junto a ella –calla Raí no es así jajaja- dijo mientras usaba el títere en sus manos para molestarme de igual forma, las risas de ambas no se podían parar.

El sonido del campanario el cual anunciaba el toque de queda detuvo nuestras risas, en el cielo se podía apreciar como empezaba a oscurecer con sus tonos naranjas, por lo que era mejor apresurarnos antes de que cerraran la posada.

-Es mejor llegar rápido a la posada no quiero dormir en la intemperie- dijo Saki mientras movía la carreta donde estaba colocado el pequeño teatro, -hay que apurarnos!- me dirigí a ayudar a Sakí con la carreta, hemos estado teniendo esta rutina ya varios días, este pueblo es muy estrictos con sus horarios para dos impuntuales que somos.


Justo cuando íbamos doblando la esquina donde se encuentra la posada del pueblo nos percatamos que justo en medio del camino estaba un retén de policía, y no cualquier policía era la “blanca” inspeccionando a todos de que ningún color estuviera presente, esos nuevos aparatos podían reconocer a un color aun usando peluca y pupilentes. ¿Qué tan mala suerte podríamos tener hoy?

A este punto creo que es más que obvio no?, somos los llamados hijos del sol, unos colores vagando por el mundo escondidos de la sociedad siendo las lacras del mundo en donde lamentablemente vivimos, criminales con el solo hecho de ser diferentes.

-mierda, ¿Qué hacemos?- dijo en casi una súplica Sakí mirándo me a los ojos, podía notar su mirada de miedo, tragando saliva lo único que pude decir fue -hay que correr- y sin esperar más dimos media vuelta y corrimos lo más rápido que pudimos arrastrando la carreta, no sé qué tanto nos alejamos como para empezar a entrar al bosque, y aun con la distancia que corrimos las alarmas empezaron a sonar, No estábamos a salvo.

-Pero cómo es posible nadie nos vio?- tartamudee un poco tenía miedo no quería ser capturada, no quería morir así solo teníamos 15 años -Y si hay otro como nosotros?- murmuro por lo bajo Sakí pero pude escucharla, no había conocido a nadie igual a nosotras desde que conocí a Sakí mientras ambas decidimos huír de la policia, comenzando asi nuestra aventura -Eso es posible siquiera- dije para mí misma, me habían enseñado que un color nace de uno entre miles, el color en mi pelo era de un tono amarillo brillante me costaba ocultarlo ya que brillaba mucho y Sakí tenía un tono verde difícil de taparlo con pelucas.

¿Cómo podríamos ignorar a alguien más en un pueblo tan pequeño?

Un ruido de un arbusto moviendo se nos sacó de nuestros pensamientos, sacando rápido de nuestros bolsillo unas pequeñas navajas poniéndonos en un instante en pose de defensa, no me gustaba la violencia más Sakí había insistido con el tema de defendernos en caso de algo se nos atravesara.

Tenía razón de su paranoia, éramos sólo unas chicas de 15 viajando solas por el distrito norte, con una licencia falsa de mercaderes, como no estar en un peligro constante. Y como si de mala corazonada se tratara llegó el momento de defendernos, no quería odio la sangre, pero no puedo morir aquí.

-parece que ocupan ayuda- un chico salió detrás del pequeño árbol, se veía de unos 19 años, ante la poca luz no podía distinguir muy bien su apariencia lo único de lo que estaba segura es que era un color, su pelo oscuro lo delataba incluso en una noche tan oscura.

Aun así no podíamos fiarnos... en este mundo no puedes confiar en nadie y lo sabía bien.