I - El inicio
Mis tacones repicaban con cada paso de camino a mi asiento. Me sentía nerviosa. El estómago se me estrujaba de la emoción. El aire acondicionado rozando mi clavícula expuesta, solo causaba que mi piel se erizara más de lo que ya estaba. Mientras ubicaba mi lugar en la oficina abierta, noté a Selena verme por el rabillo del ojo, esbozó una pequeña sonrisa, a la par que cerraba su laptop.
- ¡Hermosa! -decía a medida que caminaba dando pequeños brincos hacía mi-Por fin regresaste-una vez cerca de mí me abrazó efusivamente.
-Ya estoy de regreso para chismear como debe de ser-le contesté abrazándola de vuelta-La oficina de Tokio no es tan divertida sin mi proveedora de chismes número uno-bromeé. Los labios color durazno de mi amiga y compañera de trabajo sonrieron ampliamente dejando salir su sonora risa. Atrayendo a nosotras a Gael.
-No puede ser, mi analista favorita está de vuelta-dijo pasando ambas manos dramáticamente por su cabello negro. La ventaja de las oficinas abiertas definitivamente tenía que ser la comunicación tan clara que había, no porque lo intentáramos, solo porque ocurría. Eso y que era muy fácil movernos de un lugar a otro.
-Ah, no, ni empieces Gael-advirtió juguetonamente Selena-Acaba de llegar y hasta que huelo tus intenciones de quererla poner a trabajar.
-Bueno, esto es una oficina, claro que la quiero ver trabajando-comentó con una sonrisa burlona.
-Estoy de acuerdo, pero no se te olvidé que tenemos una plática pendiente-le advertí recordándole la razón por la cual había ido a vivir a Tokio 3 meses.
- ¿Cómo olvidarlo? No me dejas olvidarlo ni siquiera en el otro lado del mundo.
-Oh por Dios, ¿Por fin la ascenderás? -preguntó emocionada Selena.
-Tenemos una junta mañana-tajantemente agregó Gael-Pero saliendo de aquí hoy, Lizzie y yo pensábamos en que podrías venir al departamento por un trago para contarnos cómo te fue.
Lizzie, su prometida, era también una amiga cercana a mí. Primero conocí a Gael, el mejor jefe del mundo. Estricto, en el trabajo un hombre directo y de pocas palabras, pero una vez afuera se volvía la persona más divertida y cálida. Después de nuestra primera salida a beber conocí a Lizzie, quien al instante me adoptó como amiga de ambos. Al ser la oficina más pequeña de la empresa que todos fuéramos amigos después de trabajar, había resultado lo más natural. Así que Selena, junto a su esposo Alex, también solían frecuentar hacer reuniones por todo.
-Espera, ¿Sabías que regresaría antes? -preguntó Selena con sus ojos abiertos como platos.
- ¿Quién más pagaría el boleto de regreso Selena? -bromeó Gael. Ambas soltamos una leve risa-Dile a Alex que pase al departamento y así todos nos ponemos al día con mi analista estrella.
-Justo hoy iba a recogerme, así que le caerá de maravilla-la voz de Selena sonaba enmelada, como cada que hablaba de Alex. Ellos dos seguían siendo el tipo de pareja que vivía enamorada, incluso después de 3 años de matrimonio y 2 de noviazgo.
- ¿De maravilla? -pregunté jugando-Es lunes.
- ¿Acabo de escuchar tragos en lunes? -preguntó James pasando un brazo alrededor de los hombros de Gael.
-En mi casa-agregó Gael-Al rato, les mando un mensaje al grupo.
-Excelente, no me perdería una reunión-James continuo con su acento, ya casi pulido, después de vivir un año y medio en esta ciudad.
-Bueno, un gusto verte de regreso, te agendaré una junta a solas-me advirtió Gael cambiando a su tono profesional. James y Selena soltaron un suspiro sabiendo que la diversión matutina se acababa.
-Entendido, jefe-asentí con la cabeza. Se dio la vuelta, James le siguió comenzando a lanzar preguntas sin cesar sobre un reporte que su pasante le había entregado mal y debían resolver. Selena siendo una chica del área de mercadotecnia, se quedó conmigo. Al final, Gael no era su jefe.
-James sigue fingiendo que no existes-murmuró. Lo que le ganó que le lanzará una mirada de estrangulamiento mental. Se sonrojó al instante captando que nos podían haber escuchado. Pero tenía razón, después de una de nuestras salidas nocturnas y confundir la amistad con la lujuria, James había preferido fingir que me había desaparecido.
-No entiendo por qué está tan molesto-admití a regañadientes. No buscaba darle tantas vueltas al asunto-En mi ausencia, ¿Te dijo algo?
-No-contestó con los ojos puestos en la ventana detrás de mí, intentaba evitarme.
-Selena-presioné. Pude percibir cómo mordía el interior de su mejilla izquierda incómoda.
-Empezó a salir con Juli.
- ¿Salir salir o salir reforzando la amistad?
-Salir salir.
-Juli... ¿Sabe sobre...-dejé la pregunta flotando en el aire, tan liviana como mi voz inaudible. Selena movió su cabeza de lado a lado en un “no” callado. Bendito Dios. No necesitaba drama en la oficina.
Horas más tarde
Juli, para mi sorpresa, se ofreció a llevarme al departamento de Gael y Lizzie. Desde que bajé al estacionamiento de la empresa no he parado de reclamarme a mí misma por haber dejado el carro en casa hoy. De todos los días hoy, ¿Realmente hubiera sido un riesgo conducir bajo los efectos del jetlag? Pronto se unió James al carro y gracias a Dios trajo a Nat, la contadora de la empresa. Aun así, incluso con la plática de Nat sobre el equipo de futbol de su esposo los domingos, y el equipo de futbol de su hijo los sábados, James no paraba de mirarme por el retrovisor. Mis manos como buen mecanismo de defensa encontraron refugio en jugar Candy Crush, mientras lanzaba comentarios sobre la plática.
Al llegar al edificio, Juli amablemente nos dijo que podíamos bajar en lo que ella buscaba un espacio para estacionar el carro. Tan pronto salí de ahí, aspiré una gran bocanada de aire.
- ¿Pasaremos a comprar algo? -preguntó Nat señalando la tienda de autoservicio a lado del edificio.
-Pensaba pedir por app-admití. Dios, cada vez me había vuelto más perezosa para hacer tareas sencillas. Sentí la mirada de Nat juzgándome por no querer pasar a una tienda que estaba a pasos de distancia-Pero aprovechando que estamos aquí, nos ahorramos el envío-accedí, aunque era mentira; pagaba la maldita membresía como parte de mis gastos básicos con tal de no tener que ir a ninguna tienda o restaurante.
Una vez dentro, Nat escogió un pack de cervezas de trigo. En lo que yo agarraba unas latas de whisky ya preparado. Terriblemente de mal gusto. Sabía las miradas juzgadoras que vendrían de parte del resto que últimamente vivían yendo a catas de cualquier bebida alcohólica. Pero necesitaba llevarme a la ligera esta noche. Trataba de acomodar mi bolsa, y dos latas entre mis brazos. Quería agarrar una tercera lata. Así que dejé las latas en un mostrador lleno de papas. Tan pronto me giré con mi tercera lata; observé casi sin querer que un hombre de cabello pelirrojo, barba incipiente, labios carnosos, ojos verdes avellana...no pude evitar quedarme viendo más de lo necesario. Sus ojos almendrados, medianos, no paraban de atraerme. Él me sonrió. No me había percatado que también me miraba con atención. Un calor repentino me subió por las mejillas.
-Disculpa-dije amablemente, tragando saliva, sintiendo un poco de vergüenza-Creo que te llevas mis latas.
- ¿En serio? -contestó parpadeando y sonriendo nerviosamente. Era mucho más alto que yo, así que saltó a mi atención cómo se encorvaba ligeramente-Perdón, no era mi intención-me dijo moviendo las latas. Sus dedos torpemente las soltaron. Un sonido metálico sonó. Ambos nos apresuramos a recogerlas, su mano acarició la mía por accidente, justo cuando tomaba una de las latas.
-No te preocupes, puedo preguntar si hay más-murmuré estúpidamente. Él no quitó la mano encima de la mía.
-No, no hay necesidad, llevaré cervezas-se encogió de hombros. Miró a mi mano, quitando la suya en automático. Me levanté rápidamente tratando de ahorrarme la vergüenza que sentía. No podía parar de ver sus ojos. Solo caminé a la caja, donde pedí una cajetilla de cigarros.
Nat, quien ya se encontraba afuera, comenzó a apurarme. Caminamos al edificio, tocamos el número 303 del interfono.
- ¿Quién es? -sonó la voz de Lizzie.
-Tu persona favorita, creo-contesté alegre.
-Y yo-agregó Nat entre risillas. Sonó un clic dándonos a entender que podíamos pasar.
-Esperen chicas, invité a mi hermano y su mejor amigo, ¿Pueden esperarlos? Me dijeron que andan en la tienda-agregó Lizzie.
-Justo vamos llegando-una voz jadeante agregó detrás de mí. Volteé a ver. Un ligero tirón en mis entrañas apareció-Oye, eres la de las latas-comentó esbozando una sonrisa tímida.
- ¿Se conocen? -preguntó Nat. Antes de poder contestar llegó otro hombre, cabello negro, un poco más bajito y bastante musculoso. Se le marcaban los músculos en cada doblez de la playera negra que usaba.
-Ben, caminas como si te persiguieran, ¡Carajo! -dijo con una risa, mientras le apretaba el hombro con una mano.
- ¿Beto? -la voz de Lizzie se escuchó.
- ¿Qué onda hermana? -contestó el hombre de cabello negro.
-Ya les abrí suban con mis amigas.
- ¿Eres amiga de Lizzie? -preguntó enarcando una ceja rojiza, a medida que Nat y el hermano de Lizzie nos miraban confundidos.








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