PRÓLOGO.
Andrea se encontraba en la oficina, en su horario laboral, intentando separar lo emocional de lo profesional, aunque le costaba trabajo con lo obsesiva que podía llegar a ser. Más aún cuando el ambiente se tornaba tranquilo y no había tanto que hacer en el área administrativa. Su silla giratoria se convirtió en la protagonista del momento. Mientras Andy observaba el entorno, su vista se desvió automáticamente hacia su teléfono, que descansaba a un costado del escritorio. Lo tomó, lo desbloqueó y revisó si tenía algún mensaje. Por supuesto, de él. Sebastián, su novio. O al menos eso seguía creyendo. Las historias de WhatsApp se veían llamativas, con el infame círculo verde. Andy entró por simple curiosidad. ¡Y caboom! Ahí estaba. Una señal de vida... pero no como ella la esperaba. Solo unos emojis de unos “ ojos ” acompañando una imagen donde la mano de él se entrelazaba con la de alguien más. No podía ser — Pensó—. Pero bien decían que la curiosidad mató al gato. Y esto no solo la mató: la pulverizó. Su corazón se aceleró y su respiración se volvió errática. Era como si le hubieran arrojado un balde de agua helada directo a la cabeza. No supo en qué momento sus ojos se llenaron de lágrimas. No dijo nada. No podía. No tenía voz. No tenía fuerzas. Solo tenía que recordar dónde estaba. Volver a la realidad. La oficina, su escritorio. El mundo que no se detiene, aunque a ella se le hubiera detenido el suyo. Nunca pensó verlo ahí, tan casual, tan cómodo, tan... lejos de ella. Y lo peor es que no hubo explicación, ni pelea final, ni cierre. Solo una discusión fuerte semanas atrás. Para Andy, solo fue eso: una tormenta temporal. Para él... al parecer fue la excusa perfecta para buscar abrigo en otra parte. Andrea bloqueó el celular con manos temblorosas. Sintió cómo el mundo seguía girando sin ella. Nadie notó cómo su alma gritaba mientras su cuerpo permanecía recto en esa oficina. Tragó saliva y respiró hondo. Volvió a mirar su pantalla como si eso pudiera cambiar la imagen. Pero no. Ahí seguía. El emoji. La traición. La confirmación. Y aunque no lo sabía aún… En medio del vacío, el destino ya preparaba una jugada nueva. Una presencia inesperada estaba a punto de aparecer en su vida, sin promesas, sin máscaras… Tan necesario. Pero para eso, Andy todavía tenía que romperse un poco más.
Un par de días después. Andrea tratando de rehacer su rutina, lidiando con el dolor, intentando claramente sin éxito , sacudirse la tristeza. En medio de su rutina diaria, una notificación inesperada apareció en su pantalla: una solicitud de amistad de Emilio Chevalier en Facebook. Desconcertada por la repentina aparición de ese nombre, su mente voló a recuerdos de la infancia. Lo conocía desde pequeña, gracias a unos campamentos a los que ambos asistieron años atrás, aunque con el tiempo habían perdido el contacto. Recordaba que Emilio tenía un hermano y ambos siempre fueron unos torbellinos de energía y travesuras, completamente opuestos a la tranquilidad que ella reflejaba. Personalidades tan opuestas. Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios al pensar en eso; De imediato aceptó la solicitud pero para su sorpresa mientras revisaba su perfil, notó que él tenía una relación con una chica. Muy bonita, cabe mencionar. No sabía por qué se sorprendía; era de esperarse. Andy estaba consciente de que su físico no era lo que muchos considerarían atractivo, pero sí sabía cómo capturar la mejor versión de sí misma en una foto. Mientras seguía deslizando por su perfil, una nueva notificación llegó: un mensaje de Emilio en Messenger. Con un ligero cosquilleo, abrió la conversación.
Solo decía:
“ Hola. ”