Capítulo 1
"Luna Llena Parte. 1"
-¡mira! -exige gritando-
-¡no! -forcejea-
-¡mira lo que hizo!
-¡se lo imploro!... -ruega mientras solloza- ¡suélteme!
Ella forcejea con todas sus fuerzas. Estaba desesperada. No quería abrir lo ojos, el simple hecho de escuchar aquellos sonidos desgarradores y asquerosos la estaban asustando. No importaba cuanto peleara por salir del agarre del castaño, era totalmente en vano. Él era mucho más fuerte y logro someterla, con su brazo izquierdo sujetaba sus dos brazos y con la mano derecha le sostuvo la cara forzándola a mirar al frente.
-abre los putos ojos -dice en su oído con un tono enojado- mira al “pobre hombre” que no merece morir... quiero que detalles cada cosa y te la grabes en jodida la cabeza.
-p-por... favor -solloza aun más fuerte- no me obligue a ver... por favor... se lo imploro.
Sus mejillas estaban empapadas por sus lagrimas y sus parpados le dolían de tanta presión que ejercía para no abrirlos, sentía como sus piernas se debilitaban y en su garganta se formaba un nudo el cual le impedía respirar, sintiendo como su diafragma se contraía aplastando sus pulmones y su corazón palpitaban tan fuerte que le dolía...
Unas horas antes.
El cielo estaba nublado, un fría brisa que calaba hasta los huesos, sacudía las ramas de los arboles provocando que las hojas bailaran en el aire hasta caer en el piso de la ciudad de Castell Brock. En aquella brisa se percibía un leve aroma a lluvia profesando que pronto llovería en aquellas calles que estaban sumidas en una soledad y silencio sepulcral.
Eran al rededor de las 5 de la mañana y la azabache caminaba tranquilamente en dirección a su universidad, Ella caminaba siempre por las mismas calles para ir de su departamento a la universidad y viceversa, y esa mañana no era la excepción. La joven azabache estaba inmersa en su canción favorita “Tartini Violin Sonata in G minor” o más conocida como ″Devil’s Trill Sonata″ del violinista italiano Giuseppe Tartini. La melodía acompañaba a la perfección el paisaje sombrío que le brinda aquella mañana fría de invierno que era extrañamente relajante y pacífico; la azabache estaba a unas calles cerca de la universidad así que miro la hora en su teléfono, las 5:30 de la mañana era lo que marcaba, le gustaba tomarse su tiempo para caminar y como aún tenía tiempo dado que su primera clase comenzaba a las 6:30, podía tomarse un poco de tiempo para entrar a la cafetería frente a su universidad y poder disfrutar un buen café caliente.
La cafetería “The coffee of day” conocida por estar abierta las 24 horas, era donde casi todos los de su facultad y de otras facultades se reunían para terminar proyectos o descansar un poco, pues contaba con cabinas semi-privadas para aquellos necesitaban estudiar o poder dormir un poco. Al entrar al establecimiento el sonido de la campana en la puerta anuncio su llegada, por fortuna en aquella cafetería había solo unas 6 o 7 personas sin contar con los empleados; Pauso la música y se quitó los audífonos para guardarlos en el bolsillo de su maleta, se acercó al mostrador donde fue atendida por un joven no mayor de los 20 años que tenía una sonrisa cansada pero amable en su rostro.
-bienvenida a la cafetería “The coffee of day” ¿Qué le sirvo en esta mañana, señorita? -le pregunta con un tono amable-
- ¿me daría un café expreso con dos galletas de avena, por favor? -le devuelve la sonrisa mientras sacaba su cartera-
-claro -lo anota en la pantalla de la caja registradora- ¿deseas que este en un vaso para llevar? -le sugiere mientras se apoyaba en el mostrador- Igual, si gustas puedes sentarte en una de las mesas y beberlo aquí.
-sí, por favor ¿Cuánto seria?
-de acuerdo -se reincorpora- sería un total de 2 dólares con 70 centavos ¿desea algo más, señorita?
-no, con eso está bien.
-ok -ella le dio el dinero y él le dio la factura-
Le dedico una última sonrisa para luego darle la espalda para comenzar a preparar el expreso, ella solo miro un poco a su alrededor en busca de un buen lugar para tomar su café encontrando que una de las cabinas estaba vacías. El chico se dio la vuelta y le entrego el café con las galletas, ella lo tomo y se sentó en la cabina para estar más tranquila. Saco su teléfono de su bolsillo y reviso su horario para verificar si tenía clase con la Sra. Martínez después del almuerzo. Ella dictaba el área de Dactiloscopia; esta era la ciencia que se propone a identificar a las personas físicamente consideradas por medio de la impresión o reproducción física de los dibujos formados por las crestas papilares en las yemas de los dedos de las manos. La azabache la había escogido por que sería muy útil si lo llegaba a necesitar en algún momento, aquella asignatura era selectiva, así que cualquiera la podía tomar su clase.
Miro por ultimas vez la hora en su teléfono y faltaban 15 minutos para que iniciara la clase de Toxicología Forense, se levantó de su lugar mientras guardaba su teléfono, tomo su café y salió del establecimiento en dirección al edificio de su facultad. Caminaba tranquilamente por los largos pasillos del edificio mientras bebía su café, como era normal, en los pasillos habían varios estudiantes y la mayoría estaba con su grupo de amigos hablando trivialidades, la azabache no le prestaba atención a su alrededor por que se encontraba sumergida en sus pensamientos ignorando todo a su alrededor hasta que escucho a lo lejos que alguien gritaba su nombre haciéndola salir de su pequeño trance, dirigió su mirada a sus espaldas para ver que la persona que la llamaba con tanto ánimo y euforia era su compañera Tara; una chica de cabello rojo natural recogido en una coleta alta y de ojos avellana, sus mejillas llenas de pecas y con una estatura de un 1.65 m, con una figura más delgada que la de la azabache; Ella era una chica amable, extrovertida, sociable, graciosa, adoraba estar en diversas fiestas y rodeada de nuevas personas, le gustaba gozar de la vida. Lo contrario a Emma, ella era amable pero reservada, introvertida, no le agradaba mucho socializar, gozaba más de una buena lectura que de las fiestas, y como era obvio la compañía de desconocidos no le era muy placentera. La pelirroja iba en su tercer semestre y la azabache iba casi en su ultimo semestre, por ello era su compañera en una que otra de sus asignaturas, ambas eran muy buenas amigas en los dos años que llevaban en la universidad. Cuando Tara ya estaba al frente de Emma la saludo con un abrazo fuerte y fraternal.
- ¡buenos días Emma! -saluda amigable y termina el abrazo-
-buenos días Tara -responde con una sonrisa-
- ¿bebiendo expreso otra vez? -le pregunta con una sonrisa-
-ya me conoces -acomodo su maleta y agarro el café con las dos manos-
-vaya ¿No te cansas de beberlo todos los días? Luego no te quejes de parecer un Chihuahua -dijo con diversión-
-no lo tomo casi a diario -toma un poco de su café y comienza a caminar-
- ¿ah no? Entonces ayer no era expreso lo que tomabas, ni tampoco el día anterior a ese y el anterior a ese, y no nos olvidemos también de la semana pasada -dijo divertida mientras camina a su lado- ¿sigo?
-ok, ok, si lo he tomado más seguido estos días y sé que debo parar, pero no sé, me gusta -se encoje de hombros-
- ¿y desde cuándo? -indaga con diversión- Siempre tomas té de manzanilla.
-solo quise probar algo nuevo -se excusa con tranquilidad-
-no te creo, ya dime porque el cambio tan extremo.
-ya te dije, solo quería probar algo nuevo.
-es muy raro que tu pruebes algo nuevo ¿será que ocultas algo? -cuestiona divertido-
-ok, usted gana, me atrapo detective, soy culpable -estiro las manos como si la fueran a esposar-
Ambas chicas se rieron con diversión y siguieron hablando tranquilamente por el pasillo. Mientras se acercaban a su salón. La pelirroja había comenzado a relatar lo increíble que follaba un hombre que había conocido la noche anterior en un bar, Emma no opino, ni hablo en ningún momento, no era fanática de ese tipo de tema, pero dejo que Tara hablara con confianza, hasta que fue callada por el timbre que indicaba que ya había comenzado la primera hora de clase, ambas apresuraron el paso mientras Tara seguía hablando. Al entrar al salón no habían tantas personas y aún no había llegado el maestro, así que ambas entraron al salón para dirigirse a sus respectivos puestos.
-Emma ¿te quieres sentar conmigo y con unos amigos? -pregunta amable-
-no Tara, gracias por la oferta, pero sabes que no me gusta estar con muchas personas -le dedica una sonrisa nerviosa-
-está bien, pero sabes que eres bienvenida a mi grupo cuando quieras.
-lo se Tara, gracias, pero no gracias.
-ok.
Y sin más, Tara tomo asiento en las filas de atrás en donde estaban todos sus amigos y comenzó hablar alegremente con ellos, por parte de Emma, solo tomo asiento en la fila de adelante para poner mejor atención a la clase, solo saco su libreta y laptop de su maleta sin hablar o mirar a alguien. No era raro que a veces no se sentaran juntas, muchas veces Tara la invitaba a su grupo de amigos para interactuar, pero Emma siempre declinaba. Al rato entraron más personas y junto a ellos entro el maestro tomando asiento en su escritorio y dando así inicio a la clase.
El maestro explicaba el tema con un tono desinteresado, como si supiera que nadie le estaba prestando atención y no estaba del todo equivocado. Algunos solo fingían que tomaban apuntes, otros solo estaban inmersos a sus laptop mirando sus redes sociales y cómo siempre se escuchaban los murmullos y risas de la pelirroja con sus amigos. Pocos ponían atención y verdaderamente tomaban apuntes... Pero la azabache no, como siempre miraba el pizarra pero sin ponerle atención, su mirada estaba totalmente perdida y parecía que no escuchará nada, solo estaba ahí, sentada como una estatua. En un momento, Tara dejo escapar una carcajada que molesto al maestro haciendo que este detuviera la clase abrupta mente.
- ¡Señorita Parker! -levanta la voz tan fuerte que todos se asustaron- ya que se está riendo, me imagino que ya sabe este tema de memoria -se apoya en su escritorio y la mira molesto-
-pues si -en su voz había un tono orgulloso aun sabiendo que no sabia de que estaba hablando el maestro- puede preguntarme lo que guste.
-entonces dígame con toda libertad, los dos tipos de psicópatas que el criminalista español Vicente Garrido Genovés creía que existían -se quita las gafas y las limpia- me imagino que no tendrá problema de ponerse de pie y decirnos la respuesta, puesto que hoy es un repaso de lo que se vio al inicio del año.
-claro, no tengo problema -se pone de pie y se mostraba arrogante-
-adelante, la escuchamos.
-Eran, psicópata... Ah -mira a sus compañeros quienes se burlaban y la ignoraban, nerviosa miro a su maestro con una sonría- eso es fácil, los dos tipos de psicópatas eran...
Al ver que todos en la clase la miraban con un atención burlesca se ponía cada vez más nerviosa, y como se esperaba, la pelirroja había caído en la trampa de su maestro, era bien sabido que Tara se había saltado las mayorías de las clases al inicio del año. Sus mejillas se tornaron rojas por la vergüenza a la cual se estaba exponiendo ella misma por su arrogancia, solo miraba a su maestro con molestia mientras esté solo mostraba un pequeña sonrisa ladina.
- ¿Qué pasa señorita Parker? ¿Acaso no podía pregúntele lo que quisiera? -enarca una ceja, mirándola con cierta gracia- vamos, dígame cuáles son, o ¿sabe que? mejor mencione 4 de sus libros y no se preocupe, puede mencionar los mismos libros que propuse para que les dieran un vistazo, para tener una perspectiva distinta a la cual yo les estaba planteando.
Ella no responde, solo se muerde los labios mientras se encoge de hombros y bajaba la mira avergonzada, él maestro solo niega lentamente con la cabeza y mira por unos segundo al resto de la clase hasta que su mirada se posa en la azabache que aún seguía absorta en sus pensamientos.
-eso creí, por favor vuelva a sentarse -camina lentamente hacia Emma- señorita Turner, supongo que usted sabrá la respuesta.
- ¿Eh?... -ella muestra una cara de sorpresa y confusión al salir de su trance-
- ¿“Eh”? ¿esa es su respuesta? -se cruza de brazas con la misma expresión con la que miro a Tara-
- ¡N-no, no señor! -ella se pone nerviosa y se levanta instantáneamente-
-entonces usted dígame los tipos de psicópatas de Vicente Garrido Genovés con 4 obras literarias.
-eran el psicópata integrado y psicópata marginal -responde al instante sorprendiendo al maestro- El psicópata integrado comprende las emociones de los de más, pero este sigue siendo incapaz de ponerse en su lugar y eso hace que sea más fácil para él poder manipular a las personas y el marginal corresponde con el delincuente multi-reincidente, y se trata de un individuo que posee una vida delictiva intensa y prolongada... -se detiene un poco para pensar- y las 4 obras literarias serian: la mente criminal, perfiles criminales, los hijos tirano y cara a cara con el psicópata.
Y nuevamente Emma deja sorprendidos a sus compañeros y su maestro, ella no sabia a que se debía la pregunta pero aun así respondió con seguridad y confianza. No se podía pedir menos de la destacada joven de 20 años que ya iba acabar su universidad siendo una de las mejores de su generación.
-como siempre, una respuesta acertada de su parte señorita Turner, puede sentarse -él se dirige a su escritorio- y señorita Parker, la próxima tómese el tiempo de asistir a sus clases y poner un poco de atención para no desperdiciar el dinero de la matricula, al fin y al cabo a mi me pagan aprenda o no.
Emma se sienta ignorando la mirada de sus compañeros y la situación, puesto que ella ni siquiera sabía porque la pregunta tan repentina de su maestro, ni siquiera pensó la respuesta, esta, había sido complemente automática, solo pensó en oír las grabaciones de la clase (la única manera que ella tenía para no perderse ningún detalle de las clases) más tarde en casa. Apenas su clase había finalizado, se dirigió a su siguiente clase la cual no compartía con Tara. Y así, clase tras clase fue pasando la mañana hasta que el timbre sonó nuevamente indicando que la hora del descanso inicia.
La azabache decidió ir a la biblioteca a devolver un libro que había pedido prestado la semana pasada. Al entrar se acercó a la recepción en donde estaba el bibliotecario Manuel; un hombre canoso de 56 años y de piel oscura, siempre bestia con una camisa blanca y un saco de lana de colores otoñales, él era un hombre amable, atento, respetuoso y muy sabio. Ella se llevaba bien con aquel hombre mayor, él siempre le recomendaba buenos libros y la ayudaba a encontrar los libros correctos cuando se trataba de hacer proyectos. Aquel viejo bibliotecario era como un abuelo para ella.
-Buenos días Sr. Manuel, ¿Cómo se encuentra el día hoy? -le dedico una sonrisa amigable-
-Buenos días querida, me encuentro muy bien, gracias por preguntar, ¿tu cómo has estado? -le devuelve la sonrisa-
-estoy muy bien, gracias por su preocupación.
El hombre mayor la miro unos segundos no muy convencido de su respuesta haciendo que la azabache se pusiera un poco nerviosa, el bibliotecario era de las pocas personas que podían decir que la conocía como la palma de su mano.
-dime algo querida ¿has estado descansando estos días? -indaga un poco preocupado-
-si, estado durmiendo bien ¿porque? -responde confundida a su repentina pregunta-
-he notado que en estos meses has estado con angustia y siempre se te ves como cansada. Por eso te pregunto
-oh no, no es nada importante -sonríe con calidez- solo estoy cansada por lo de siempre -le dedica una sonrisa-
- ¿y qué es lo de siempre? -sonríe mientras arque una ceja-
-exámenes y proyectos, cosas sin importancia, créame Sr. Manuel.
-yo creo lo que tú me dices, pero tus ojos me dicen otra cosa.
-no es nada, se lo aseguro -le dedica una sonrisa cálida-
El Sr. Manuel la miro unos segundos más, indagando en la mirada de la azabache dándose cuenta que esta se veía agotada y mostraba un deterioro pero solo le devolvió la sonrisa, sabía que desde hace tiempo ella estaba con una actitud muy extraña pero no era buena idea presionarla para hablar, mientras tanto solo evadió el tema.
-y dime querida ¿a qué debo tu visita tan temprana? -le dio una sonrisa cálida-
- ¡ah, casi lo olvido! Vine a devolver el libro que me recomendó y pedirle uno nuevo, por favor -saco el libro de su maleta y se lo extendió-
-veo que lo has terminado mucho antes de lo que esperaba -lo tomo y miro la parte trasera del libro-
-sabe que no me toma mucho tiempo terminar un libro.
-eso lo sé de sobra querida, me sigue sorprendiendo como devoras los libros en tan poco tiempo -deja escapar una sutil risa- dime ¿Qué te pareció “El doctor Jekyll y el señor Hyde”? -pregunta mientras digita algo en la computadora-
-no voy a mentirle, me encanto como Sr. Stevenson describe las escenas, y supo cómo atrapar al lector con unas cuantas palabras -dijo con una sonrisa más grande- y la historia de “el diablo en en la botella” me dejo asombrada.
-veo que te ha gustado -deja escapar una pequeña risa al ver la emoción de la joven-
-y mucho.
- ¿y qué libro buscas querida?
- ¿Cuál me recomienda?
-bueno... -se levantó de su silla y se dirigió a las estanterías- han traído un nuevo libro, se llama “Solo un robo más... que podría salir mal” -toma el libro y se acerca a ella-
- ¿de qué trata? -tomo el libro y lo miro-
-es de siete chicos que roban a una gran escala, asesinan a decenas de personas a su paso -toma su taza de café- si no estoy mal, el libro es de corea del sur -apunta el libro con la taza de café-
-no creo que este tipo de libro sea de mi gusto -mira el libro con un poco de disgusto- no me malentienda Sr. Manuel, no tengo nada en contra del país y eso, pero casi no me gusta los libros de acción.
-lo entiendo querida, tal vez no sea de tu gusto, pero no pierdes nada con leer las primera páginas, tal vez y te guste -bebe un poco de café- y si no es así, me lo traes y te daré uno nuevo.
Examino con cuidado el libro y veía que la portada era de colores grisáceos con la imagen de una ciudad al revés junto con unas letras en la mitad que decían “The truth untold” que se traduce como “la verdad no contada”, hizo una pequeña mueca con sus labios no muy convencida del libro y luego miro al mayor con curiosidad.
- ¿es bueno? -levanta un poco el libro-
-no sé, tu dímelo -le dedica una sonrisa juguetona-
Entendió lo que quería hacer aquel bibliotecario, ya lo había hecho anteriormente con varios libros que le había recomendado a la azabache, y para ser sinceros le gustaron mucho, tal vez aquel libro no sería la excepción, al fin y al cabo, no perdía sino unos cuantos minutos de lectura.
-está bien, lo voy a leer, gracias Sr. Manuel y antes de que se me olvide, la próxima vez que venga le traeré los bizcochos franceses que me pidió -guarda el libro en su maleta y le dedica una última sonrisa-
-será mejor que lo hagas pronto, mi esposa quiere ponerme adieta y no creo que a mi edad sea una muy buena idea -se dio leves golpes en el estómago-
-no es malo estar adieta, a su edad debe cuidarse de muchos alimentos por el colesterol, diabetes o hipertensión.
-puras tonterías, son inventos de los doctores para sacarte dinero, y será mejor que cumplas con tu palabra o sino ya no te daré más libros -la apunta con un dedo-
Emma solo se ríe de aquel gesto del mayor y se despidió con alegría, le había subido el ánimo como solo aquel hombre mayor podía hacerlo. Él y su padre habían sido amigos mucho antes de que ella naciera, por esa razón lo conocía desde hace años y podía confiar plenamente en él, conocía a su esposa y a su nieto, ellos la consideraban parte de su pequeña y alegre familia.
Su mañana y tarde transcurrieron con normalidad como todos los días, a la hora del almuerzo había decidido ir al campus y escuchar la grabación de la primera clase, ya que habían postergado un poco las clases, y mientras se la oía supo porque el maestro la había abarcado con es pregunta y el porque sus compañeros la miraban tan atentamente. “¿Tal vez debería disculparme?” pensó dudosa, no quería volver a pelear con la pelirroja por estas situaciones estúpidas que se presentaban por culpa de la imprudencia de Tara, pero tampoco estaba de humor para lidiar con sus actitudes y tener que disculparse por algo que no ha hecho. Termino de oír la grabación y se dirigió a su siguiente asignatura, no quería enfocar su atención en un problema el cual en este punto ya le era infantil y estúpido.
El cielo seguía oscuro y el aroma a lluvia se había intensificado, el reloj marcaba que eran las 4:08 de la tarde, la maestra de derechos humanos no había asistido, así que dejaron salir temprano a los últimos estudiantes a quien ella les iba a dar clase y entre ellos estaba Emma. Mientras la azabache caminaba hacia la salida, desenredaba cuidadosamente sus audífonos para seguir oyendo música de camino a casa. Como dije anterior mente, no era mucho su trayecto hacia su casa, pero aun así le gustaba darse su tiempo para caminar tranquilamente y admirar el paisaje que muchos habitantes de la ciudad ignoran por no decir que todo Castell Brock, odiaba ese paisaje deprimente y lúgubre por el clima. Era común que en esa cuidad la mayoría del año, los días fueran nublados y casi siempre lloviera, así fuera primavera, el frío y el cielo nublado no daban tregua. El verano era la única temporada del año donde se veían las calles y tiendas pobladas, era cuando la cuidad se veía con más vida y animada. Emma comprendía el porque la mayoría odiaba el inicio y casi la mitad del año, todos querían que el sol brillara más, que hubiera más temporada de sol que de lluvia, estaban hartos de las constantes lluvia y días nublados, claro está que en Castell Brock la única cosa que les gustaba del invierno era cuando nevaba. Ellos entendían que no podían cambiar el clima a su favor y tenían que vivir a fuerzas con el frío clima de la ciudad.
Emma caminaba tranquilamente mientras veía nuevamente el cielo nublado, adoraba el aroma a lluvia. Era fascinante el hecho de cómo las calles estaban vacías por que simplemente las personas querían evitar mojarse o sentir el frío viento, y siendo un poco honesta con ella misma, le gustaba que nadie más apareciera, era algo tan pacifico que no había palabras para poder describir aquel sentimiento. Era como si fuera un mundo escondido que solo ella sabía de su existencia y podía ser la única en preciar su caótica belleza.
“Es tan hermoso y tranquilo ¿no, papá?” pensó tranquilamente con cierta melancolía, había momentos en que extrañaba demasiado a su padre, que a veces no podía evitar dejar salir unas cuantas lágrimas, habían sido 3 años y medio desde que había fallecido, aunque pudo salir adelante con el dolor de su ausencia, le hacían falta sus abrazos, sus consejos, sus “te extraño mi esmeralda”, sus constantes llamadas y mensajes para saber ¿dónde está? ¿si está bien? O ¿si necesitaba algo? Ella no conoció a su madre y aunque pareciera ser cruel, nunca sintió la necesidad de tener una madre y jamás pregunto por ella, su padre hizo los dos papeles y con eso ella fue más que feliz.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que lo único que la hizo salir de ese trance fue la extraña sensación de que alguien la estaba observando, miro a su alrededor y no vio a nadie, aun con esa sensación a sus espaldas siguió su camino, pero en cada momento que tuvo la oportunidad, miraba a su alrededor y detrás para saber de dónde provenía esa mirada, pero seguía sin ver a nadie. Esa sensación ya le era familiar, se había a “acostumbrado” a ella durante estos duros meses, así que solo trato de ignorar esa sensación y seguir con su camino. Al llegar a un edificio alto y de aspecto acogedor, se detuvo en la puerta principal, pues era ahí donde ella vivía; el primer piso no contaba con recepción o seguridad, a excepción de la puerta que contaba con una cerradura especial. Al entrar solo había un pequeño vestíbulo con un pasillo de color gris con una iluminación tenue y en donde terminaba el pasillo estaba el ascensor para subir a cualquier departamento, en la pared de la izquierda del vestíbulo había varios buzones con el número de cada departamento. La azabache solo se dirigió al ascensor y oprimo el botón para llamarlo, al abrirse las puertas entro y oprimió el botón del 4° piso, que era donde se encontraba su departamento, al llegar a su piso salió del ascensor y camino por el largo pasillo acercándose a la puerta que tenía el número 405 en metal, saco sus llaves de su maleta y abrió la puerta para luego entrar a su departamento.
Este era mediano y las paredes eran de un color azul grisáceo, en la sala había un sofá beige para cuatro personas y en frente había una mesa ratona negra, el televisor estaba encima en un mueble minimalista en donde la parte de abajo solo había libros, a la izquierda del sofá había una puerta de cristal corrediza que daba al balcón con cortinas blancas, la cocina estaba al lado, era pequeña pero estaba bien equipada, los muebles eran blancos y la nevera y estufa eran negras, el departamento solo contaba con una habitación y esta estaba a la derecha de la sala.
Emma se adentró más al apartamento y se dirigió a su habitación, al entrar dejo la maleta encima de la cama; su habitación era un poco más simple, la cama era un poco más pequeña, una mesita con una lámpara al lado de la cama, el armario era grande y estaba dentro de la pared, su escritorio estaba al otro lado de la cama junto a la ventana, había una puerta al lado de la mesita y era donde se encontraba el baño, al frente de su cama había tres estantes llenos de libros y un sillón personal en la esquina junto a una lámpara grande, en donde la azabache pasaba casi todo su tiempo libre sentada leyendo cualquiera de los libros que tenía en casa o pedía en la biblioteca.
Ella solo se dejó caer boca arriba en su cama relajando cada músculo de su cuerpo y en ese momento un relámpago iluminó el cielo desatando una lluvia torrencial, la azabache giro levemente la cabeza mirando como las gotas de agua caían en su ventana mientras seguía escuchando música, veía como las nueves se iluminaban en ciertas partes. Ella solo podía imaginar el ruido de los relámpagos y de lo fuerte que debían oírse.
El cielo comenzó a oscurecerse aún más indicando que se estaba haciendo de noche. La lluvia se detuvo y ahora el cielo era levemente iluminado por la luna llena, la ciudad era alumbrada por la luz de los edificios, el aire era mucho más frío que en la mañana y que mejor forma de quitar aquel siniestro frío que con una taza de té de manzanilla con un poco de miel. La azabache bebía poco a poco su té mientras se encontraba inmersa en el libro que el bibliotecario le había dado en la mañana. Más tranquila y cómoda no podía estar, pero para su mala suerte tocaron la puerta tres veces interrumpiendo su lectura, confundida cerro el libro y miro la hora en su teléfono, 8:45 pm era lo que aparecía en la pantalla ¿Quién podría ser a esta hora? No era muy tarde, pero era extraño, nadie la visitaba y Tara no sabía dónde quedaba su departamento, nuevamente se escuchó como tocaron la puerta tres veces, así que dejo su libro en el sillón donde estaba y se dirigió a la puerta, miro a través de la mirilla para encontrar que no había nadie, aún más confundida abrió la puerta y miro por todo el pasillo sin salir de su departamento, no vio rastros de ninguna persona así que le restó importancia y cerro nuevamente la puerta, pero una extraña sensación le recorrió el cuerpo, la misma sensación que sintió en la tarde, como si alguien la mirara desde lejos, le puso seguro a la puerta, miro las ventanas y el balcón para verificar que tuvieran seguro.
Cuando iba a entrar nuevamente a su habitación la puerta vuelve a ser tocada tres veces, estaban apagadas todas las luces e ignoro a quien tocara la puerta, muy bien podía ser el hijo de la vecina de al lado, era un chico muy travieso y le encantaba hacer bromas, pero la puerta fue tocada varias veces más pero esta vez se oía distinto el golpe de la puerta, “¿quién es? ¿Por qué persiste si ya le había abierto? Espero que no sea Daniel, no me gustaría ir a decirle a su madre que anda de travieso otra vez” sin encender la luz se acercó a la puerta silenciosamente, si resultaba ser Daniel lo tomaría por sorpresa y le diría a su madre que estaba de travieso nuevamente. Miro nuevamente a través de la mirilla, pero fue ella quien se llevó la sorpresa y una realmente desagradable. Al otro lado de la puerta estaba un hombre encapuchado impidiendo ver su rostro. Sabía quién era y de que trataba, ella sabía que no debía hacerlo espera y sabia que había cometido el error de cerrar la puerta nuevamente. Y como era de esperarse no pudo evitar que su cuerpo temblara de miedo. Encendió la luz y como pudo tomo fuerzas para abrir la puerta.
- ¿por qué tardaste tanto? -entro apresurado empujándola a un lado-
-ya había abierto la puerta antes... pero no lo vi, señor -dijo cerrando la puerta-
-eso no importa -la miro de arriba abajo-
- ¿p-pasa algo? -pregunta nerviosa mientras frota su brazo-
-tan temprano y en pijama ¿Qué hacías?
-estaba leyendo.
- ¿por eso no estás lista, por estar perdiendo el tiempo leyendo? -cuestionó molesto-
-no estaba perdiendo el tiempo... además no sabía que iba a venir señor, no me envió un mensaje, ni me llamó -se cruzó de brazos nerviosa- ¿Cómo quería que estuviera lista sin saber nada?
- ¿acaso es mi puta culpa que no seas lo suficientemente lista para ya saberlo en este jodido punto? -se acercó a ella amenazante-
Él camino hacia ella haciendo que retrocediera hasta que su espalda chocara contra la pared provocando que estuviera acorralada, con miedo ella giró la cabeza evitando su mirada, ella sabía que había pasado algo realmente malo momentos antes para que aquel hombre estuviera así de molesto, a tal punto que cualquier cosa lo haría explotar.
-n-no quise decir eso... -la interrumpe-
Él hombre la tomó del rostro obligándola a que lo viera a los ojos pero ella solo temblaba y trataba de zafarse del fuerte agarre del hombre mientras tenia sus ojos cerrados con fuerza.
-mírame -ordenó con frialdad-
Ella no obedeció y siguió tratando de zafarse de su agarre, el castaño la soltó del rostro rápidamente para poder sujetarla del cuello con más fuerza logrando asfixiarla y golpearla contra la pared.
-mírame -ordeno nuevamente y ella obedeció-
-p-por f-favor... s-suélteme -le pide con dificultad y sus ojos se cristalizan-
-te quiero lista en 5 minutos ¿ok?
-s-si...
- ¿si qué?
-s-si s-señor -responde en un hilo de voz-
-pregunte ¿si qué? -aprieta su agarre-
- s-si... ¡si señor! -como pudo respondió más alto -
La soltó bruscamente y luego se dirigió al sofá para sentarse apoyando sus zapatos sucios en la mesa ratona, ella sin decir, ni hacer nada más, entro a su habitación rápidamente en dirección a su armario, se cambió de ropa lo más rápido que pudo aguantando las ganas de llorar en ese momento, tomo su maleta y se dirigió dónde estaba el hombre esperándola.
-ya estoy lista -le anuncio nerviosa-
Sin decir nada se levantó del sofá y se dirigió a la puerta abriéndola bruscamente, ambos salieron rápidamente del departamento en dirección al ascensor, ninguno dijo nada en ese breve momento. Al llegar al primer piso salieron del edificio en dirección al auto estacionado al frente de la acera. Y como siempre, ella desconocía el lugar donde iba ser llevada... Pero sospechaba que su próximo trabajo, no sería nada agradable.
Todo el tracto fue silencioso, era inquietante para la azabache la repentina aparición de aquel hombre, siempre era con al menos unas dos horas de anticipación que él la llamaba para que estuviera prepara, pero decidió callar cualquier duda que tuviera, pues se veía como aquel hombre estaba ansioso, movía frenéticamente su pierna y en su mirada se notaba una furia que el mismo trataba de mantener controlada. Después de una hora de trayecto llegaron a un vecindario que parecía tranquilo y las fachadas parecían de personas adineradas ¿que hacían en ese lugar tan lujoso? Normalmente siempre iban a lugares un tanto “peculiares” en cuanto aspecto. El castaño se estacionó en una hermosa casa de apariencia hogareña y que tenia las luces encendidas, ambos se bajaron del auto y se dirigieron a la puerta principal pero la azabache tomo el brazo del hombre deteniéndolo.
- ¿Qué esta haciendo? Hay alguien en esa casa ¿Qué pasa si llaman a la policía? -pregunta temerosa-
-no hay nadie, yo deje las luces encendidas -afirmo con seriedad- además, nadie de aquí le importa lo que pase afuera de sus casas -se suelta del agarre de la azabache-
- ¿Cómo lo sabe? Se puede estar arriesgando mucho en este momento -él se detiene y la mira de reojo-
-cierra la boca y camina -su mirada era tan penetrante en ese momento que hizo que la piel de la azabache se erizara-
Ella no dijo nada más y siguió caminando detrás de él aun con el miedo palpan te de que alguien se diera cuenta de su presencia en aquella casa. Cuando el castaño abrió la puerta de la casa un hedor putrefacto invadió instantáneamente la nariz de la azabache, ella se cubrió la nariz con sus manos mientras se adentraban a la casa, al momento en que la puerta se cerro ella detallo mejor su alrededor; todo estaba toda la casa estaba en un estado deplorable, comida podrida y basura por todos lados, cucarachas corriendo de un lado, las paredes llenas de manchas de grasa y de comida, algunas ya tenían moho, aquella casa que parecía lujosa estaba totalmente abandonada ¿en donde estaban los dueños de aquella casa? ¿Por qué estaba todo hecho un basurero? Y lo más importante ¿Por qué siempre que tenia que hacer un trabajo, las escenas del crimen tenían tanta suciedad? Prácticamente eran contadas las escenas del crimen “limpias” por así decirlo. Ella miro con asco toda la escena, pero el castaño ignorando todo, solo siguió caminando adentrándose aun más en la casa, ella lo siguió teniendo cuidado de no pisar la basura que llenaba el suelo. Se detuvieron en una puerta que tenia una cantidad exagerada de seguros, el hombre solo giro la perilla y al abrirla un olor aun más fuerte penetro la nariz de la azabache. No aguanto mucho y saco su mascarilla para al menos apaciguar el olor tan repulsivo que solo la hacia querer vomitar. El castaño toco el interruptor encendiendo una luz blanca tenue mostrando unas cuantas escaleras que en caminaban a un sótano.
-baja -le ordena, se hizo aun lado para que ella pasara-
Ella lo miro dudosa unos segundos y luego de tragar saliva comenzó a bajar las escaleras con pasos suaves escuchando como la vieja madera rechinaba, en un momento se detuvo y miro hacia atrás encontrándose con la mirada del hombre que aun se encontraba parado en la entrada del sótano. Era raro para ella, no el que se quedara ahí de pie sino su mirada, pese a la distancia aun podía ver su ojos marrones “¿Por qué... por qué me mira así?”
-¿no viene? -pregunto con un poco de miedo a la respuesta del castaño-
-tu sigue bajando -su tono aun que demandante parecía ser que estaba más calmado- cuando llegues, yo bajare.
Ella no dijo más y obedeció, siguió bajando pero ahora con más cautela porque poco a poco las escaleras eran consumidas por la oscuridad y el repugnante hedor se hacia más fuerte cada vez haciendo que la mascara que Emma poseía fuera totalmente inútil y ahora se hacia presente un sonido como de sumido o más bien vibración, algo que se le hizo extraño ¿Qué era lo que había en ese sótano. Su silueta se comenzó a desvanecer en la oscuridad de aquellas escaleras que parecían ser eternas para la azabache y ante los ojos del castaño ella ya no se podía ver, haciendo que él frunciera el ceño y apretara un poco la mano. Cuando por fin sintió que había llegado al final de las escales. verifico con el pie cuidadosamente de que no hubieran mas escalones y efectivamente no habían, así que miro hacia atrás mirando la imponente figura del hombre.
-¡ya estoy abajo! -anuncio levanta un poco la voz-
Ella no se había dado cuenta pero el cuerpo del castaño se había tensado apenas hablo, no por ira, no por miedo, era algo más. Él bajo las escaleras un poco más rápido que ella y cuando sintió que casi llegaba al final comenzó a tocar la pared a su izquierda buscando el segundo interruptor para encender las luces y apenas lo hizo la azabache se cubrió momentáneamente los ojos dejando que poco a poco su vista se acostumbran a una luz más fuerte. Cuando aparto sus manos estaba aterrorizada por la escena que ahora se mostraba ante ella; el cuerpo de la victima estaba mutilado de una forma mórbida, sus extremidades que habían sido amputadas, se encontraban colado del techo, su torso que mostraba que la victima sufría obesidad se encontraba apoyado en la pared totalmente desnudo y con hematomas por todo su cuerpo y se encontraba encadenado del cuello, sus ojos eran cubiertos por una especie de antifaz de cuero, en su boca había una pelota roja con correas de cuero. Lo peor de la escena era que había un corte a lo largo de la parte de su vientre bajo en donde tenia incrustado tres consoladores, ahí Emma descubrió de donde venia aquel sonidos pues los consoladores estaban encendidos.
Emma estaba un poco asustada porque, pese a que estaba un poco familiarizada por la forma tan extrema de matar del castaño aun no se acostumbraba del todo... Pero lamentablemente eso no era el final. Pues el castaño tomo un balde de agua que estaba aun lado del cuerpo y se lo lanzo en sima logrando así que “el cuerpo” se despertara. La victima aun estaba viva, retorciéndose y gimiendo no solo de dolor sino de desesperación. El hombre solo se agacho y aumento las velocidades de los consoladores provocando un dolor insufrible pues comenzaba a desangrarse a un más pero extrañamente no moría. La azabache no se inmuto, solo pudo mirar la escena horrorizada, pues aquella escena no entraba en los “trabajos” del asesino.
-¿por que...? -no termino su pregunta cuando él contesto-
-¿porque sigue con vida? -la miro de reojo- porque un cerdo no merece morir rápidamente.
-pero esto... e-es demasiado -dijo en un hilo de voz-
-demasiado poco, diría yo -se levanta y la mira- ponte a trabajar-
-no... -dijo en un susurro mientras daba un paso hacia atrás-
-no te pregunte -se acerca a ella-
-no lo hare... -comienza a retroceder- aun esta con vida.
-ven aquí y comienza a trabajar -le ordena entre dientes-
-no lo haré -ella se detiene- ese pobre hombre sigue con vida y así me golpee después... no lo hare.
-¿pobre hombre? -repite mirándola con incredulidad-
El castaño solo mira arriba mientras se pasaba las manos por el rostro y comenzaba a reírse, aquella reacción solo hizo que se le erizara la piel a Emma, rara vez lo había oído reír... y en ninguna de esas ocasiones se había reído con tanto cinismo.
-¿dices que este maldito bastardo es un pobre hombre? -la mira y luego se acerca a la victima- ¿este cerdo repugnante? -lo apunta-
Él comienza a patear el estomago de la victima con tal fuerza que logro que los consoladores salieran de su estomago, golpes y gritos ahogados era lo que se escuchaba en todo el sótano. Emma solo se tapo los oídos y cerro los ojos, no quería ver esa escena, ni siquiera oírla. Quería escapar pero sus piernas parecían gelatina, no paraban de temblar y sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas. El castaño se detiene y con la respiración agitada miro a la azabache. No podía pensar en nada más que en aquellas palabras “piensa que es un pobre hombre... le voy a mostrar cuanto sufrió este miserable” pensó mientras se acercaba a ella. La tomo a la fuerza obligándola subir las escales.
-¡no! ¡suélteme! -decía mientras trataba de soltarse del agarre del hombre- ¡¿que hace?! ¡¿a donde me lleva?!
El castaño no dijo nada, solo se encamino a la sala con la azabache y ahí le mostraría el “incontable sufrimiento” que tuvo aquel hombre que agonizaba en el sótano. el castaño la empujo frente al televisor para luego encenderlo mostrando un vídeo que haría vomitar a cualquiera; se veía como una mujer era violada frente a dos niña, una de ellas parecía ser una adolescente al rededor de los 16 años y la más pequeña tal vez tenia unos 10 años... que al parecer eran sus hijas, pero eso no se detenía ahí, las tres se mostraban sin extremidades y con una cicatrices en el vientre, chillidos y gritos de suplica eran lo que salían de sus labios mientras que una voz masculina dominaba parte del audio siendo este desconocido ante los ojos de Emma pues no se mostraba en el vídeo.
-”vamos perra...” -decía mientras penetraba a la mujer- “gime, llora, grita... si, si, si... asi perra”
La azabache trato de escapar pero el castaño no se lo permitió. La tomo con fuerza abrazándola por la cintura obligándola a que siguiera viendo el vídeo, Emma lloraba y forcejeaba, quería que todo eso se detuviera, ya no quería seguir oyendo esa atrocidad.
-¡suélteme! ¡por favor déjeme ir! -suplicaba tratando de salir del agarre del hombre-
-¡mira! -exige gritando-
-¡no! -forcejea-
-¡mira lo que hizo!
-¡se lo imploro!... -ruega mientras solloza- ¡suélteme!
Ella forcejea con todas sus fuerzas. Estaba desesperada. No quería abrir lo ojos, el simple hecho de escuchar aquellos sonidos desgarradores y asquerosos la estaban asustando. No importaba cuanto peleara por salir del agarre del castaño, era totalmente en vano. Él era mucho más fuerte y logro someterla, con su brazo izquierdo sujetaba sus dos brazos y con la mano derecha le sostuvo la cara forzándola a mirar al frente.
-abre los malditos ojos -dice en su oído con un tono enojado- mira al “pobre hombre” que esta sufriendo ahí abajo... quiero que detalles cada cosa y te la grabes en la jodida cabeza.
-p-por... favor -solloza aun más fuerte- no me obligue a ver... por favor... se lo imploro.
Sus mejillas estaban empapadas por sus lagrimas y sus parpados le dolían de tanta presión que ejercía para no abrirlos, sentía como sus piernas se debilitaban y en su garganta se formaba un nudo el cual le impedía respirar, sintiendo como su diafragma se contraía aplastando sus pulmones y su corazón palpitaba tan fuerte que le dolía... Des afortunadamente para Emma eso no acababa ahí. El castaño la subió a su hombro y se encamino hacia el segundo piso, ella traba de calmarse pues sentía que iba morir de un ataque al corazón. Al llegar al segundo piso entraron a la habitación principal en donde el castaño bajo a la azabache bruscamente y cuando ella levanto la cabeza se encontró frente a una cama. Y en aquella cama se encontraban los tres cuerpos de la madre y sus hijas; la madre estaba en el medio de la cama y su rostro estaba quemado a tal punto que se podía ver la carne y huesos de su rostro, sus dos hijas ya hacían cada una a un lado de ella don sus cuerpos llenos de hematomas, sus rostros hinchados y morados al punto de ser irreconocibles a simple viste.
-mira lo que tu “pobre hombre” hizo a su madre y sus hermanas -dijo con un tono frío y seco-
Y con esta escena la azabache sufrió un colapso nervioso a tal punto en que su vista se distorsionaba frenéticamente y en su cabeza solo se repetía las suplicas de ellas amplificadas a tal punto en que se sujetaba la cabeza para detener todo eso y sin darse cuenta su vista se torno negra, cayendo nuevamente al piso desmayada.
Continuara...