Donde nadie mira

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Summary

Donde nadie mira, y donde todos esconden algo. Sophia Bennett aprendió a hacer todo bien: estudiar, callar, aguantar. Noah Baker aprendió a sobrevivir rompiendo todo a su paso. Cuando un trabajo escolar los obliga a cruzarse, el rechazo es inmediato. Pero entre silencios incómodos, palabras que duelen y miradas que dicen demasiado, ambos empiezan a verse en los lugares que nadie más se atreve a mirar. Porque no todas las heridas se notan. Y no todos los vínculos nacen del amor.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Nadie avisa cuando tu vida está por cambiar por completo.

Y es una mierda.

El despertador sonó a las seis en punto.

Lo apagué antes de que vibrara por segunda vez y me quedé unos segundos mirando el techo, repasando mentalmente todo lo que no podía olvidar ese día.

Último año.

Esa idea pesaba más que cualquier mochila. Último año significaba notas finales, promedios, recomendaciones. Significaba Northbridge. Significaba que no había margen para equivocarse.

Llegué al colegio apenas sonó el timbre. Emma ya me esperaba en el pasillo, con un café en la mano y cara de haber dormido poco.

—Soñé que me olvidaba de rendir historia —me dijo sin saludar—. Me desperté con taquicardia.

—Eso es porque estudiás a último momento.

—Eso es porque el sistema educativo es cruel —respondió, muy convencida.

Entramos al aula justo cuando el profesor Thompson dejaba unos exámenes sobre el escritorio.

—Bennett? —dijo, mirándome por encima de los lentes—. ¿Te quedás un segundo al final de la clase?

Sentí un nudo en el estómago que no tenía nada que ver con miedo, sino con expectativa.

Cuando terminó la hora, me acerqué a su escritorio.

—Revisé tus últimos exámenes —dijo—. Tu promedio es excelente. Si seguís así, no vas a tener problemas con las postulaciones universitarias.

—Gracias, profesor.

—Northbridge es exigente —agregó—. Pero este nivel de constancia es justo lo que buscan.

Asentí, guardándome esas palabras como si fueran algo frágil. No quería entusiasmarme demasiado. Todavía no.

Salí al pasillo y ahí lo vi.

Noah Baker caminaba rodeado de gente, pero solo al mismo tiempo. Seguro, prolijo, impecable. El apellido que todos conocían. El chico que nunca parecía cansado.

—Es ridículo lo perfecto que es —murmuró Emma a mi lado—. Me da bronca.

No dije nada. No era bronca lo que sentía. Era otra cosa. Una distancia incómoda.

El día pasó sin nada fuera de lo normal. Justamente por eso, me quedé después de hora. La biblioteca estaba casi vacía cuando terminé de estudiar y el cielo ya era completamente oscuro.

Salí con la mochila colgada y el cuerpo cansado.

Noah Baker estaba ahí.

No el de los pasillos.

No el de las fotos.

Estaba sentado en el suelo, con la espalda contra una pared, una botella a medio terminar entre las piernas. Tenía la mirada perdida, roja, húmeda. El cuerpo vencido.

Lo vi llevarse algo a la boca con manos temblorosas. Aspirar. Exhalar. Reírse sin ganas. Después, llevarse la mano a la cara.

Y llorar.

No un llanto prolijo.

Uno roto. Silencioso. Desesperado.

Me quedé quieta. No respiré.

En algún momento levantó la cabeza. Nuestros ojos se encontraron y su expresión cambió de inmediato. Tiró lo que tenía en la mano. El cigarrillo cayó al suelo. Lo apagó con el pie, con fuerza.

Se puso de pie, tambaleando apenas, y caminó hacia mí.

Se detuvo muy cerca.

—Nada de lo que viste es real —dijo.

Su voz era firme, pero había algo quebrado detrás.

No esperó respuesta.

No pidió silencio.

No pidió nada.

Pasó a mi lado y se perdió en la oscuridad de la calle, como si nunca hubiera estado ahí.

Yo me quedé inmóvil.

Con la imagen del chico perfecto desarmándose frente a mí

y la certeza incómoda de que, desde ese momento, nada iba a volver a ser igual.