Las tres veces que amo Thomas | bl

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Summary

Es la historia de Thomas Clark un acaudalado empresario Americano, cuyo pasado guarda un secreto que lo une a William Graham un encantador Lord Inglés, perteneciente a una familia aristocrata., ambientada en una época donde el amor entre dos hombres , debía ocultarse y callar.

Genre
Erotica
Author
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Reunión familiar

Londres, 1971

Fue en la madrugada del 14 de octubre de 1971 cuando recibimos la llamada. Thomas Clark había fallecido a sus 95 largos años de vida. El siempre incansable, el arduo luchador, el empresario más exitoso de Europa en los últimos años, el que siempre tenía una palabra de consuelo, el cálido, pero también reservado. Mi abuelo.

Mi padre, Edward Clark, nos despertó alrededor de las 4 am. Recuerdo su rostro y su mirada bajo esos lentes. No tenía emoción alguna, como si la muerte de su propio padre no hubiera significado nada. Debíamos empacar y alistar nuestras cosas, partiríamos a Manchester lo antes posible. Tomaríamos el primer tren, el de las 6 am.

Le pregunte acerca de quién se lo había confirmado y me respondió que su hermana Gladys y que era mejor que llegáramos pronto antes de que toda la prensa estuviera metiendo las narices y curioseando.

Mi hermano Erick refunfuñaba molesto no solo por ser despertado a esa hora, sino por tener que tomar el tren y no movernos en un medio de transporte más adecuado a nuestros recursos, que eran bastante acomodados. Exigió que al menos él necesitaba viajar en primera, ya que merecía un descanso adecuado por su partido de rugby el día anterior y del cual había regresado bastante pasado de copas.

Tampoco expreso absolutamente nada, solo yo. De verdad me sentí mal por mi abuelo, me sentí incomodo y hasta cierto punto un bicho raro por sentirme conmovido por la persona a la que recordaba con cariño.

-Pobre del abuelo, ¿de que falleció?, ¿se encontraba solo? ¿O con la tía Gladys?

Mi hermano me miro arrugando el entrecejo, como si hubiera comentado un mal chiste o algo estúpido.

-Que...- le respondí. - ¿Qué dije de malo?

-No seas hipócrita, Elías, por favor.

- ¿Por qué? Era tu abuelo el que murió también, no solo el mío.

-No vas a quedar bien con nuestro padre solo por tus comentarios queriendo encajar como si de verdad él te hubiera importado.

- ¿Desde cuándo es malo ser humano? - pregunte exigente.

-Creo que tus nuevos lentes para la miopía te están afectando el cerebro, hermanito.

Toco mis lentes y los agito en mi rostro para molestarme.

-Hey... déjame tranquilo

Mi padre nos interrumpió al instante.

-A ver ya, ya estuvo bien. ¿Ya empacaron como se los ordene? Porque no veo que estén moviendo esos pies ni ese trasero. Andando, señoritas.

Terminamos de empacar todo lo que pudimos. Yo solo llevaba una sola maleta pequeña, mientras que el nefasto de Erick llevaba como tres.

- ¿De verdad que vas a llevar todo ese equipaje, Erick?. - exclamo papá.- de ninguna manera, hijito. Vas a ir a un funeral, no a unas malditas vacaciones de verano. Andando, no vas a cargar con todo eso. Regrésalo.

Mi hermano, a regañadientes, devolvió con la criada gran una parte del equipaje, reduciéndose solo a una como la mía.

-¿Y tú, Elías? No te quedes como imbécil ahí parado. Andando, no te veo en el auto.

Tome mi maleta y camine apresurado al auto donde ya nos esperaba el chofer para llevarnos a la estación de trenes.

Pudimos conseguir muy buenos lugares en el tren y se pudo cumplir el capricho de Erick de viajar cómodos. A mí me daba completamente igual. Ellos cayeron rendidos en un sueño profundo. Yo ya no pude dormir, me dediqué a mirar el paisaje en las ventanillas. Había amanecido ya, por lo que podían mirarse las casitas campiranas y los largos valles de pasto verde y parte del bosque.

Recordaba la última vez que estuve en la mansión de mi abuelo. Habían pasado tres años desde ese entonces, me preguntaba si continuaba igual de bien cuidada y si aun contaría con esa biblioteca tan inmensa en donde el abuelo me premiaba con una moneda de oro por cada libro que leyera, recuerdo haber acumulado al menos unas 30. Tenía una pequeña fortuna. Eran buenos tiempos antes de que mis padres se divorciaran y mi padre nos llevara lejos de Manchester para poner tierra entre él y mi madre y nos alejó del abuelo Thomas.

En un par de horas más, llegamos a Mánchester. El tren comenzó a disminuir su velocidad por lo que se aproximaba la estación destino de nuestro viaje. Sacudí con todas mis fuerzas a mi hermano y mi padre para despertarlos. Mi padre se tallo los ojos un momento y volvió a colocarse las gafas, se acomodó el peinado y se levantó a tomar su equipaje.

Mi hermano hizo lo mismo, solo que yo tuve que cargar con su maleta y la mía ya que prácticamente me la echó encima.

-Ten. Llévala por mí, tarado.

-Imbécil, no soy tu criado.

Mi padre volvió a intervenir.

-¡Bueno ya basta! Solo les pido un favor, hagan lo posible por comportarse de la manera mas educada posible y madura.

Un chofer ya nos esperaba a puertas de la estación había sido enviado por la Tía Gladys. Tomo nuestro equipaje y tomamos camino.

Cruzamos toda la ciudad de Manchester hasta dejar atrás el ajetreado centro y continuamos por un camino más boscoso y solitario, en cuyos terrenos se encontraban casas enormes, o villas completas de gente bastante adinerada. Cuando el auto giro a un camino más estrecho que el principal, supe que ya estábamos llegando.

El auto se detuvo frente a un portal de hierro forjado color negro con puntas en forma de flecha. En su herraje las iniciales T.C se centraban en este portal, "Thomas Clark" sin dudas esta era la mansión del abuelo. El chofer presiono un botón que se encontraba en un interfono que comunicaba con el interior de la casa. Al mencionar que habíamos llegado, el portal se abrió de inmediato y las iniciales TC se separaron una a la puerta izquierda y otra a la derecha y continuamos nuestro camino.

El auto detuvo su andar y apago sus motores, el chofer bajo y se dirigió a abrirnos la puerta, después se dirigió a la parte trasera para bajar nuestras maletas.

Frente a mi se alzaba la mansión Clark y era, indiscutiblemente, una maravilla atrapada en el tiempo como la recordaba. La fachada de la casa estaba construida casi en su totalidad por ladrillo rojo y acomodadas de tal forma que imitaban casi a la perfección del castillo Hampton Court, ya que al abuelo amaba los castillos y las historias de caballeros y Reyes, el cobertizo era soportado por grandes pilares de piedra caliza.

Subimos los tres muy amplios escalones de granito, que culminaban en un grueso portón de caoba que en su centro tenía un hermoso vitral de rosas que recuerdo había sido un regalo de Italia, la fachada era tan gigantesca como la recordaba tal vez unos 100 metros de ancho por unos 10 de profundidad y tenía tantas ventanas como podía apreciar con los ojos y todas estaban enmarcadas al igual que la puerta con escayola esculpida que hacía formaciones grecas y romanas.

La tia Gladys abrió de inmediato la puerta cuando escucho nuestras voces acercarse.

Agito la mano emocionaba saludándonos, fui el único que respondió a su saludo. Se dirigió de inmediato hasta mi padre, lo abrazo fuertemente y beso su mejilla. Mi padre se notaba incomodo, lo sabía conocía esa mirada y esa sonrisa forzada, no le agradaba nada volver a ver a su hermana.

Llevaba el cabello largo a la altura de la espalda como la ultima vez que la vi, se había teñido a color zanahoria queriendo cubrir sus canas. Llevaba gafas al igual que mi padre, al igual que yo, ocultaba un poco sus grandes ojos azules. Seguía maquillándose muy cargado, tal vez para disimular un poco su edad y había subido de peso, aunque vestía discretamente al contrario de su hijo mi primo, Sebastián, tan alto, tan blanco, con el cabello color rojizo, perfectamente bien peinado. Tenía los ojos grandes y azules como los de la tia Gladys y sus mejillas eran tan rojas que parecía que iban a sangrar. Sus labios eran delgados y le daban un toque de seriedad. Él no era discreto como la tía, él vestía con finos trajes de diseñador, los más costosos. Jamás en la vida recuerdo haberlo visto con playera y jeans, jamás. Se decía que tenía muchísima suerte con las mujeres, pero además de eso el tipo era sumamente arrogante y soberbio.

Sebastián ni siquiera nos dirigió la palabra, solo menciono que éramos bienvenidos y volvió a entrar a la casa. Papá y tía Gladys eran mellizos, ambos usaban la misma graduación de gafas, ambos eran divorciados y ambos se habían hecho cargo de sus hijos solos.

Cuando entramos a la casa, me golpeo el olor a madera, humo de pipa y cera caliente. La luz interior, teñida por una lampara de araña de esferas de vidrio ahumado, bañaba el amplio recibidor con un color ámbar y silencioso. Los pisos seguían siendo de mármol blanco al igual que el de las escaleras, los barandales de herrería italiana color negro con los mismos detalles del porral de entrada adornaban esas escaleras.

Los muebles del recibidor al igual que los de la sala y comedor hacían perfectamente juego, eran estilo Luis XIV color verde esmeralda, el juego de sala también contaba con finas mesitas de caoba a la altura de los descansa brazos y otra pequeña al centro de la sala, en donde podíamos apreciar varias fotos familiares a través de los años y algunas lámparas. Una chimenea fabricada del mismo material coronaba la sala de estar, sobre esta descansaba el retrato de mis Abuelos pintado al fresco por un famoso francés, amigo de mis abuelos, a pies de este cuadro que tenia un marco grueso de madera roja con esquinas ondeabas se leía : "Señor y Señora Clark, 16 de febrero de 1921" Ese cuadro era clásico en nuestra familia, solo que hacia unos años se encontraba decorando la biblioteca y ahora se encontraba en la sala principal. Que pareja tan hermosa, no recordaba lo atractivos que eran ambos cuando eran jóvenes... Siempre creí estúpidamente que el abuelo Thomas siempre había sido viejo.

Como era de esperarse, mi padre y su hermana se pusieron al tanto de los acontecimientos que nos llevaban hasta ese encuentro.

-Ya sabes que nuestro padre era un necio y jamás quiso ir a la casa de descanso, donde hubiera tenido la mejor atención médica.

- ¿Y cómo ocurrió? ¿En dónde murió? . - pregunto mi padre.

-Amaneció sin vida, prácticamente se fue a acostar y ya no se despertó. Lo encontró su enfermera. - la tia dejo salir un pequeño sollozo que me dio algo de pena, a los demás no les causo nada.

-¿Estaba enfermo?.- siguió cuestionando mi padre.

-Ya sabes que estaba batallando con los dolores de sus piernas, pero nada más. Siempre estuvo perfectamente sano a pesar de que fumaba muchísimo. Parecía una chimenea andante. Su médico dijo que fue un infarto fulminante que ni siquiera se dio cuenta.

Yo intervine de inmediato, aunque nadie me había pedido mi opinión por su puesto.

-Pues que bueno...digo. No quise decir que, que bueno que se murió...digo que bueno...que fue así...no sintió nada, solo durmió...bueno, si me entiendes, tía...

Los caballeros ahí presentes me miraron con gesto de asco. Sebastian chasqueo los labios y sonrió de forma irónica, mientras susurraba algo incomprensible.

Mi hermano me sapeo en la nuca.

-Cállate, imbécil.

MI tía me miro con serenidad y con los ojos acuosos.

-Tienes razón, hijo. Tu abuelito no sufrió para nada. Solo se durmió y ya. Elias, cariño, no te había notado. Que guapo te has puesto, cariño. Discúlpame, he estado muy distraída estos días.

-No te preocupes, tía. Lo entiendo.

En ese momento, cambiamos drásticamente de tema.

-Por cierto, ¿cómo han estado? ¿Cómo estas, Elías, ya entraste a la Universidad? Mi papá me conto que estaba contento de que tú, al igual que Sebastián, fueron aceptados en Oxford y que estarán juntos.

-Si, estoy muy contento, pero aún no comienza el año escolar.

-¿Qué vas a estudiar?

-Derecho. – sonreí.

-El primer abogado de la familia. Que bueno, hijo. Me da mucho gusto que por fin no habrá más contadores. ¿Verdad, Edward? - se dirigió a mi padre y este volvió a sonreír forzosamente. -Después miro a mi hermano.- ¿y tú, Ed? ¿Cuéntame, sigues en el Rugby? ¿Ya tienes novia?

-Es Erick, tía. Me llamo Erick. - respondió grosero.

-Discúlpame, así te llamaba tu abuelo. Ed. De cariño.

-Si y no me agradaba para nada. Y si estoy en el rugby. Y ya.

La tía se mostró apenada por la actitud de mi hermano, pero ni mi primo, ni mi padre hicieron un comentario al respecto. Asi que continúo platicando con mi padre.

-El cuerpo de nuestro padre ya se encuentra en la funeraria. Esta previsto que el funeral sea en una semana y no te preocupes por la prensa que yo me hare cargo.

-Si, bueno ¿y lo de la herencia? ¿Cuándo se llevará a cabo?

La tía Gladys se sintió desconcertada. Al igual que yo.

-Ese asunto aun está en manos de su abogado, Edward. No me corresponde a mi, cualquier duda háblalo con él, Por Dios, Edward, ¿ni siquiera has sepultado a tu padre y ya estas preguntando por su herencia?

-Simplemente soy directo y no cuento con una mucho tiempo, Gladys, soy un hombre muy ocupado al igual que mis hijos. Y no, no tengo una semana para hacer un funeral, así que te agradecería que arregles todo con la funeraria para hacerlo mañana mismo o no acudiré al funeral ni mis hijos, lo siento.

La tía Gladys estaba lamentando en serio esas palabras, miraba a mi padre con un rostro de decepción total.

-¿Tanto odio le tenías a nuestro padre, Edward, de verdad? ¿Qué fue lo que él hizo para que lo odiaras de esa forma? Porque yo solo recuerdo que ponerte limites no era razón para que se ganara tu odio.

Mi padre no quiso responder nada, solo volvió a hacer la misma petición.

-Que lo arreglen para el día de mañana o no estaré presente ni mis hijos, asunto terminado. Nos vamos a descansar, estamos agotados.

Mi padre nos llamó a seguirlo y no tuve otra opción que irme detrás de él, pero mi mirada seguía fija en el rostro de la tía Gladys. Me sentí muy avergonzado, muchísimo. Mi padre era un idiota, grosero y prepotente. Sebastián se acercó hasta nosotros a pie de la escalera y nos susurró en voz baja para que su madre no escuchara.

-Ni se pongan cómodos que esta va a ser mi casa. Claramente ustedes jamás encajarían aquí, y ojalá si sea el funeral mañana para que larguen de mi propiedad de una buena vez.

Hice caso omiso y continue subiendo. Mi papa tampoco le brindo atención y mi hermano le pinto el dedo medio.

Yo me quede en uno de los cuartos de huéspedes al igual que Erick, mi padre tomo el que había sido suyo.

El mío era bastante bonito y muy amplio. Sus ventanas estaban dirigidas al jardín principal, que tenía un gran laberinto de arbustos, en cuyo centro del laberinto se encontraba una fuente con la réplica del David de Miguel Ángel. De momento recordé cuando me gustaba correr en ese laberinto, escuchando la voz de mi abuelo tratando de encontrarme, Cuando lograba hacerlo, me levantaba en sus brazos y me hacía cosquillas en las costillas. Siempre me había dicho que lo había construido para un viejo amigo, que era su sueño y yo pensaba que clase de hombre soñaría con algo así.