Dios nunca estuvo aqui

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Summary

La fe puede mover montañas, pero ¿que pasa cuando el único que tiene fe eres tu? Caleb un hombre de iglesia se ve envuelto en todo lo que su madre le advertía de niño cuando un día es enviado a un pueblo donde la fe falta y el hambre sobra. Con la convicción de hacer la voluntad de Dios acepta mirar el mundo de una manera que nunca se habria imaginando poniendo en duda si lo que creia todo este tiempo era algo real o solo un capricho de si mismo para no caer en la locura de su insignificante existencia de la mano de Gabriel un hombre con mas secretos que verdades detrás de si.

Genre
Drama/Lgbtq
Author
Wey ying
Status
Ongoing
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Todo tiene un comienzo.1

La brisa fresca de la madrugada se colaba en la vieja habitación que Caleb llevaba habitando desde hacia cuatro años. Después de una larga noche de sueño poco a poco se iba despertado. Parpadeo un poco incorporandose sobre su cama con pesadez y tomo una bocanada de aire para oxigenar su cerebro antes de luchar con las sabanas para levantarse. Observo por el rabillo del ojo su reloj en su mesita junto a su virgen María y palideció al ver que llevaba quince minutos de retraso para su oración matutina y su meditación diaria.

Rápidamente se levanto de la cama para adoptar una pose de rezo con las manos juntas y la espalda recta mientras su mente divagaba entre los que darian las monjas de desayuno ese dia y la ganas que tenia de ver a todos los fieles creyentes entrar por la puerta con la esperanza de que un milagro se manifieste en sus vidas. Esa era la parte favorita de Caleb ayudar a las personas con el poder de su fe. Despues de un par de minutos divagando entre cosas que llegaban a su mente temprano en la mañana no se dio cuenta de que su tiempo se estaba perdiendo hasta que abrió los ojos y se dio cuenta que estaba llegando tarde a ayudar a sus compañeros acólitos a tener todo listo para la eucaristia.

Se levantó torpemente del piso a se colocó sus pantalones negros que habían sido planchados la noche anterior para después colocar la pechera y el alzacuellos una vez listo se coloco la sotana grande y amarro el lazo azul a su cintura, finalmente encima de la sotana se puso el roquete blanco que representa a su pureza como hombre de dios. Se lavo el rostro con un chorro de agua fría fría para quitar los rastros de saliva qué pudieran ponerlo al descubierto. Paso uns mano por las arrugas visibles de su conjunto clerical y despues peinó un poco su cabello negro ligeramente largo como de costumbre. una vez tuvo todo listo salio de su habitación corriendo como si alguien lo estuviera persiguiendo.

Sus compañeros seminaristas se estaban asegurando de tener todo en orden dentro de la capilla antes de recibir a todos sus fieles creyentes y al observar a Caleb llegando agitado y tarde como de costumbre suspiraron con aburrimiento, pero ya nadie se molestaba en recalcárle los horarios estrictos que un seminarista debería llevar para poder convertirse en sacerdote. Todos se limitaban a ignorarlo para que su imprudencia no terminara afectando sus meritos para su calificación final y aunque corrian rumores de favoritismo por parte del obispo nadie se atrevía a levantar la voz contra la supuesta injusticia.

—tarde como siempre señorito Caleb. —exclamo un hombre de rostro endurecido y aparentemente sereno. —no se por que el obispo permitió que te convirtieras en seminarista si ni siquiera puedes seguir una regla tan simple como levantarte a la misma hora que tus compañeros.

—lo siento hermano Julián, les juro que lo intento, pero aun no logro vencer este mal habito mio. —caleb desvío la mirada con vergüenza. —lo siento de nuevo.

—no importa ya. Hoy asegúrate de llegar temprano a tus actividades o me vere en la obligación de comentarle de tu mal comportamiento al obispo para que recibas un castigo de nuevo.—el hombre paso a su lado con una expresión molesta en su rostro y caleb solo atinó a asentir con timidez.

El señor julian era el unico hombre que había conseguido un titulo universitario antes de el nombramiento de diacono transitorio lo que indicaba su nivel de conocimiento como superior en todos los aspectos por lo que los demás seminaristas solo podía bajar la cabeza ante un regaño de él. Y aunque era un hombre de fe inquebrantable tenia relativamente poco tiempo de unirse a la iglesia y a la vocacion como tal. Todo había terminado de esa manera por un divorcio muy tragico que había sufrido a los veintisiete y actualmente tenia treinta y cinco.

Ignorando lo que había pasado recién, caleb, tomo una bandeja con las hostias para ponerlas dentro del calis para la entrega de la sagrada trinidad, mas uno de sus compañeros se la arrebato de las manos y en su lugar le entrego una escoba para que limpiara entre las bancas de madera. Caleb se sintió herido, pero no le quedo otra opción mas que aceptar y pasar la escoba por todos los lugares sin quitar su resplandeciente sonrisa del rostro.

Una vez iniciada la misa caleb se refugio detrás de sus compañeros con la pobre esperanza de que lo llamaran a él para entregar la oblea; sin embargo eso nunca paso. Y aunque no los demostraban en sus rostros Caleb sabia que los demas seminaristas se estaban burlando de el en silencio.

Una lágrima recorrió su mejilla ruborizada aun por la vergüenza que sentia en ese momento y rápidamente borro su rastro con el dobladillo de su camisa negra.

Después de un largo sermón matutino la misa por fin había llegado a su fin y todos los fieles se iban retirando uno a uno por la gran puerta de madera color caoba que siempre estaba abierta para quien lo necesitara. Caleb se dispuso a retirarse para tomar su desayuno cuando uno de sus compañeros lo sujeto del hombro para evitar que se fuera.

—caleb, el hermano Julián quiere que te quedes a atender el confesionario, alguien te llevara tu comida para que no abandones tu lugar y pide que te ausentes de tus clases de medio día como castigo. El dijo que te quedaras hasta el atardecer y que estudiaras en tu habitacion. —comento el joven con aburrimiento en sus palabras.

—asi lo hare, gracias por decirme hermano... —el seminarista se fue antes de escuchar las gracias de su parte. Caleb se sintió herido de nuevo.

Finalmente después de un par de minutos se quedo completamente solo en la capilla. Se acerco con paso lento al altar mayor para encender todas las velas que se habían apagado por la brisa que circulaba por las ventanas aledañas. Después se coloco detrás de una banca de madera para adoptar una pose de rezo y encomendado su alma a Dios, agradeciendo por un día más de vida. Aunque las cosas no parecieran ir bien esos días siempre estaba agradecido por abrir los ojos una vez mas. Un par de minutos en donde el silencio inundo su mente se levanto para dirigir su camino hacia el viejo cuarto de madera que era considerado el peor de los castigos que podían darte por que los fieles no se hacian presentes entre semana y solo te quedaba esperar y reflexionar. Al ingresar al viejo cuartito de madera, que tenía muchísimos más años de vida que el obispo mas viejo de la congregacion, tomó asiento haciendo más ruido del que debería.

La espera fue larga, pero no había grave problema en hello para Caleb porque podía estudiar para sus exámenes de filosofía y teología para no quedarse atras tanto como quisiera. El único problema era que la ventilación dentro del pequeño cuarto era realmente mala y podías llegar a desmayarte si no eras bueno de salud. Por suerte Caleb siempre iba preparado con un abanico para dama que había comprado en el pueblo hace poco y que se aseguraba de que ninguno de sus compañeros descubriera o podrían echarle del recinto antes de dar explicaciones de lo sucedido.

Las horas pasaban y como ya había adivinado antes, nadie le llevo el desayuno ni mucho menos el almuerzo como le habían prometido. Y aunque quisiera no podía abandonar su puesto sin alguien que lo cubriera que se resigno a dejar pasar el tiempo, pero este parecia ir tan lento que casi podía jurar que lo veia correr frente a sus ojos burlándose de su desdicha. En cierto momento se había decidió en salir rápido por una manzana para no desmayarse por el hambre, pero casi podía escuchar cerca de su oído el regaño qué se llevaría por parte del padre Julián si llegaba a salir del cajón de madera sin su santa autorización. Por unos instantes se perdió entre las hojas de su biblia la cual ya había leído mas de doce veces a lo largo de su vida; sin embargo le lo seguía entreteniendo como la primera vez que la leyó cuando era niño he iba sus clases de catecismo en esta misma iglesia. Hasta que la puerta del confesionario fue golpeada fuertemente obligándolo a salir espantado por el sonido.

—buenos dias hermano Caleb. —comento con alegria un chico de cabello castaño y pecas por todo su rostro.

—¿pasa algo Roberto? Estaba en medio de algo justo ahora. —respondio Caleb limpiándose el sudor de la frente.

—el obispo clemente lo está buscando y me pidió que lo viniera a buscar para que fuera de inmediato a su despacho.

—iré enseguida ¿podrías cubrirme unos minutos por favor? —Caleb cerro la biblia y se la entrego al chico. Este asintio un poco dudoso de meterse al viejo cajón de madera, pero contrario a sus compañeros seminaristas a él si le agradaba Caleb y lo miraba con sumo respeto asi que no se pudo negar a un pedido de él.

Caminado por los pasillos de piedra de la vieja iglesia se sintió nervioso debido al llamada tan repentino de su superior y por su mente pasaba la imagen del obispo dándolo un fuerte regaño y una cara disgustada por sus constantes faltas de disciplina que llevaba años cargando.

Al entrar a la vieja oficina el olor a almizcle combinado con un fuerte olor a velas aromáticas inundo sus fosas nasales provocandole nauseas aunque tambien era por la falta de alimento. El hombre sentado detrás de un enorme escritorio de madera color azabache estaba en calma y con los ojos puesto en una carta que sostiene en sus manos. En sus ojos se reflejaban una profunda preocupación he incomodidad impropia de él, pero al ver a Caleb la cambio por una mas relajada.

—toma asiento Caleb. —comentó el anciano señalando el asiento frente a el con una sonrisa.

—¿pasa algo?—respondió Caleb jugando con sus pulgares. —¿Es por mi impuntualidad?

—nada de eso, todos aqui estamos acostumbrados a tus retrasos hijo, eso no es nada nuevo; sin embargo siempre lo compensas con tu bondad y dedicación a los estudios.—el hombre mayor soltó un suspiro al aire y enderezo la espalda para hablar con mayor seriedad.—me ha llegado una carta esta mañana, al parecer necesitan tres feligreses voluntarios para el viejo pueblo de san sebastian en las afueras del estado.

—¿San Sebastián? Nunca había escuchado de ese pueblo.

—ese pueblo no aparece en el mapa por que esta en medio de la sierra y es difícil acceder a el. Lo pense detenidamente y tu eres la persona perfecta para esta tarea, tu fe es mucho más grande que la de todos tus compañeros juntos. Estoy seguro de que podrás con este trabajo y mientras estes halla podrás concluir tus estudios regresar aqui para dar el siguiente paso y convertirte en diacono transitorio como tu compañero Julián. Ademas el también ira contigo junto a roberto ¿Estas de acuerdo?

—¿enserio señor obispo? —Caleb junto sus manos expresando toda su emoción que era difícil de ocultar. —después de veintitrés años de seguir la fe constantemente, por fin puedo convertirme en diacono ¿habla usted enserio?

—si Caleb, totalmente enserio.

—le agradezco tanto que me confíe este puesto a mi, le aseguro que no lo voy a decepcionar en lo absoluto. —contesto Caleb casi llorando de la emoción. Gesto qué el obispo observaba con tristeza que por la emocion del momento Caleb no pudo ver.

—por favor Caleb, tranquilo. El viaje comenzara mañana así que por favor asegúrate de descansar y de llevar todas tus cosas de valor, es probable que no vuelvas... En un tiempo. —finalizo el hombre mayor dedicandole una sonrisa a su seminarista favorito.—puedes regresar a lo que estabas haciendo hijo.

—si, regresare ahora mismo. —Caleb salió de la oficina con la emocion corriendo por sus venas.

—Dios se apiade de él. —susurro para si mismo.