Prólogo
La habitación estaba exactamente igual que la última vez que Hannah la había visto... y aun así, todo se sentía distinto.
El silencio pesaba. Demasiado.
Su hermana había sido encontrada allí, en ese mismo cuarto que ahora parecía detenido en el tiempo. La policía lo llamó suicidio. Una palabra fría, rápida, conveniente. Hannah la repitió muchas veces en su mente, esperando que en algún momento sonara real. Nunca lo hizo.
No había señales de lucha. No había testigos. Solo una carta que no reconocía como suya.Hannah conocía a su hermana. Conocía su risa, sus miedos, sus planes. Y nada en ellos hablaba de despedidas.
Esa noche, sentada frente a la ventana, con la ciudad iluminando la oscuridad, tomó una decisión que cambiaría todo: no dejaría que la verdad muriera con ella.
Horas después, el nombre apareció frente a sus ojos en la pantalla del teléfono.
Henry Walker. Detective privado.
Decían que resolvía casos que nadie más quería tocar.
Hannah solo esperaba que también pudiera resolver el suyo.
Porque si estaba equivocada, perdería lo poco que le quedaba.
Y si tenía razón... descubrir la verdad podría destruirla.
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Una llamada resonó en ese desolado bar , la cual fue constata por aquél hombre joven pelinegro de ojos verdes quien portaba un traje elegante.
Al contestar la llamada aquél hombre se levantó rápidamente agarrando sus cosas y dando un último sorbo a su whisky , retirandose del lugar.