| Única parte |
Cuando fuimos solo las dos,
pensé que tal vez habría un por siempre,
que nada ni nadie nos podría separar.
Mi hermana perdida.
Mi alma gemela en amistad.
Todo terminó una noche de febrero,
cuando decidí que tus silencios
valían mucho más que tus apariciones.
¿Para qué fue todo esto?
El final del camino se vio a poco,
ligero, pero estando ahí.
¿Fue mi culpa?
No hubo culpables.
Nunca los hubo,
solo silencios,
solo ausencias.
Silencios que valieron más
que todos los años juntos,
para acabar con nuestra amistad.
Solo un año bastó.
Te esperé tanto tiempo
que cuando por fin me buscaste,
sentí que no merecías mi atención.
Ya no, otra vez.
Fingir y pretender que nunca te conocí
fue lo mejor que me pudo haber pasado,
me quitó la dependencia que te tuve,
ahora solo fuiste una persona importante.
El no recordar tu voz con exactitud,
tu cara, esos pequeños detalles,
se siente irreal,
como si no hubiese sido premeditado.
Y aunque ahora ya no te necesito,
de vez en cuando te recuerdo
en cosas, en series,
en lo poco que me quedó de ti.
A veces, cuando pienso
que tal vez no volveré a encontrar a alguien como tú,
es ciertamente alentador,
porque no volverá a sucederme de la misma manera.
Sé que actualmente
no soy la mejor amiga de nadie,
pero tengo amigos más que cercanos
con los que, de vez en cuando, puedo ser yo.