Prólogo
Estoy seguro de que no me es necesario parpadear, pero aun así lo hago por puro gusto personal. Aquello, por mínimo que sea, me hace sentir un poco mejor conmigo mismo. Debería también pararme recto, seguro eso aumentaría aunque sea solo un poco mi tan baja autoestima.
Debería también caminar de manera correcta, no arrastrar los pies por el piso ensuciando más mis zapatos viejos. Lucen horribles. Como todo mi ser. Estoy tan pálido y mis cabellos negros no ayudan en nada a ocultarlo. Comienzo a creer que la vida, o el destino, me odian. K no es tan pálido como lo soy yo. Incluso puedo decir que su piel luce como a esa cosa café que no recuerdo como se llama.
Ni siquiera sé porque se sobre su existencia. No recuerdo nada sobre mi vida pasada, aunque tampoco es como si fuese importante. Es decir, de nada me serviría. No ahora. No aquí. No así. Lo único importante ahora es la nueva hambre. Algo interminable a decir verdad. Nunca me siento saciado cuando devoro mi comida. Solo quiero más.
Mucha más.
Lo único en mi mente ahora es que mi nombre comenzaba con S. Pero solo recuerdo eso. Por mis ropas no puedo decir que es lo que era antes o en que trabajaba. Son todas negras y tienen un extraño símbolo en el cuello de la camisa. Me he complicado tanto la vida, si es que así puedo llamarle a esto, queriendo saber qué es lo que dicen esos símbolos todas las noches, pero jamás puedo adivinarlo.
Los símbolos comienzan a distorsionarse en mi mente hasta que me crean un ligero, pero insoportable dolor en la cabeza. Lo cual es extraño. Estoy muerto. No debo sentir nada. Pero incluso así, puedo sentir curiosidad sobre muchas cosas. Una de ella por ejemplo, sigue siendo mi nombre. A veces, me miro en el espejo estrellado del baño de mi habitación formulando preguntas sin respuesta en mi mente, hasta que amanece, si es que no estoy con K.
Sorprendente, ¿No?
Porque sí, tengo casa. Esta sucia y huele mal, y he ahí otra de las miles de incógnitas de mi vida; ¿Por qué puedo oler aquel olor? Se supone que solo puedo olfatear el olor de la comida; solo niego con la cabeza cuando no sé qué responder ante una situación así. Pero como iba diciendo, tengo una casa. Realmente para mí y K, es solo un refugio contra la lluvia y donde a veces llevamos algo de comida para sentarnos un momento sobre el viejo sofá y mirarnos fijamente. Siempre he pensado que K es atractivo.
Y supongo que yo también se lo parezco. Las noches en que él choca sus labios con los míos lo comprueba. Supongo. Pero a pesar de eso, no siento nada. Ni la más ligera sensación de aquello. Y sé que él tampoco porque, luego de inclinar nuestras cabezas de un lado a otro, se separa de mí y se pone de pie para irse a la vieja y apestosa cocina de la casa. Se queda de pie ahí toda la noche, mirando fijamente a la ventana mientras yo me quedo sentado sobre el sofá, preguntándome que hice mal. No es como si tuviera la necesidad de tener sexo. Ni siquiera sé si mi amigo ahí abajo puede levantarse, o si siquiera aún está ahí.
Pero creo que así podría sentirme un poco mejor conmigo mismo. Tal vez podría volver a sentir un poco de felicidad o calidez dentro de mí.
Sigo complicándome demasiado la vida. Pero creo que me gusta hacerlo. Así por lo menos puedo pensar en algo. Distraerme un poco.
Por la noche, pasa lo mismo. K y yo nos damos unos cuantos picos en la boca hasta que él se pone de pie y me deja, pensando en que hice mal de nuevo. Me quedo mirando la ventana fijamente, hasta que por fin la luz de la mañana aparece, calándome en la cara. Me gustaría decir que puedo sentir el calor del sol, pero no es así. K camina hasta mí, mirándome fijamente mientras me gruñe. Sé lo que eso significa, así que me pongo de pie yendo detrás de él mientras salimos a la calle.
Siempre hemos sido solo nosotros dos. No recuerdo cómo es que nos encontramos, pero sí sé que fue ya hace tanto tiempo. Agradezco estar con él. Me siento, un poco menos solo. K me gruñe para que ande a su lado y así lo hago. Acelero solo un poco mi paso, tropezando con la punta de mis pies pero sin lograr caer de boca al suelo. Me alegro de eso. Me mira una última vez antes de seguir caminando. No sé si está molesto, pero tampoco es como si me importará. No podría hacerme mucho tampoco.
Caminamos por las calles vacías, chocando con algunos de nosotros, pero estos solo nos ignoran y listo. No es como si pudiéramos socializar tampoco. Así que supongo que ignorarse esta bien. Aunque de pronto, comienzo a sentirme importante. Un grupo de más de nosotros se nos van uniendo y aunque tengo en claro el porqué, no puedo evitar no emocionarme. Me hace sentir... Popular.
Digámoslo así. Sé que solo vienen detrás de nosotros por el increíble aroma que se desprende de uno de los edificios de la cuidad. Esta oscureciendo, así que supongo que son comida que busca refugio. Su único consuelo, es que lo hallarán en mi estómago. No acostumbro a dejar las partes esenciales en ellos. Si no me como el cerebro, cualquiera de ellos se pondrá en pie y será como yo. No lo tengo muy en claro, pero estoy seguro de que somos una plaga.
Y a nadie le gustan las plagas.
Conforme avanzamos, el olor aumenta. Es algo simplemente delicioso. Puedo saborearlo incluso en mi lengua. Es exquisito. Hago tronar mi cuello y aspiro más fuerte. Algunos de nuestros nuevos compañeros me imitan. Sé que ellos pueden sentirse como yo ahora mismo. Por lo menos tenemos esto en común. Creo que si pudiera hablar correctamente, que si todos lo pudiéramos hacer, tendríamos una charla muy interesante sobre eso.
Sería como...
Y, ¿Qué tal los sesos de aquel tipo?
¿Estuvieron bien?
Deliciosos, incluso manche mis dedos y casi me los como limpiando la sangre de ahí.
O algo así. Descartó la idea cuando por fin nos adentramos al edificio. El olor aumenta y mis ganas de devorar también. Entonces, K se abalanza sobre una puerta oxidada y comienzan los gritos y disparos. No nos afecta, mientras no sean en la cabeza. Así que seguimos avanzando. Soy muy delicado para estas cosas. Me gusta escoger mi comida, así que mientras los demás se tiran encima de cualquiera de ellos, me quedo de pie examinándolos a todos. Hay un tipo alto, su cabello es claro como las nubes y está tratando de huir de uno de los nuestros. Le vuela la cabeza y corre hacia... hacia...
Siento un ligero calor inundar mi pecho. Siento como mi cara se destensa mientras lo miro. Siento... algo... dentro de mí.
Lo cual es extraño, dado que estoy muerto.
Es bajito y muy menudo. Está asustado. Puedo verlo en sus ojos. Se sostiene del brazo del tipo alto y, por fin he elegido mi comida de esta noche.
— ¡Luhan, corre!