Prólogo
Lia
Habían pasado días desde aquel sueño y, bueno, ¿quién soy yo para cuestionar a una bruja ancestral que probablemente ya esté cantando las mañanitas con San Pedro y bailando cumbia? Justo eso fue lo que me repetía siempre más de una vez en el día, intentando eliminar el peso de lo que había ocurrido en aquel sueño. Funcionó… a medias. Aún seguí ahí
El libro seguía ahí.
No desapareció con la luz del día que aparecía como un hechizo ni siquiera se volvió polvo cuando llegó la mañana,ni fingió no existir. Estaba exactamente donde lo había dejado aquella noche, escondido bajo una tabla suelta del suelo de mi habitación, envuelto en una tela vieja que ya no recordaba haber visto nunca en mi loca vida. Cada vez que pasaba cerca de aquella tabla suelta, sentía esa presión suave en el pecho, como si algo me llamara sin urgencia, pero con absoluta paciencia. Era una mezcla tan...rara.
No lo abrí de inmediato, no porque fuera una miedosa del destino si no por respeto, algo en ese libro me hizo esperar como si no fuera un libro, sino un acuerdo. Y yo todavía no estaba segura de querer firmarlo. Sabía algo, cuando lo abriese vuelta atrás no había. Pero desde ese día o bueno, noche, las palabras de Lya no se me iban de la cabeza.
Deja de ocultar tu magia.
Eso era fácil de decir para alguien que ya había vivido, gobernado y muerto. Oh eso creo... algo me dice que...no murió.