EL COMIENZO
CAPÍTULO 1:
El sonido de la alarma perforó el silencio de la habitación. Demian gruñó y la apagó de un golpe antes de pasarse una mano por la cara. Otra jodida mañana. Otro día en el mismo infierno de siempre.
Se sentó en el borde de la cama, observando a su hermano Alex, que dormía plácidamente. A veces le envidiaba esa tranquilidad. Ojalá él también pudiera dormir sin el peso de la mierda que cargaba en la espalda.
—Despierta, enano —murmuró, dándole un leve empujón.
Alex abrió los ojos y frunció el ceño.
—Cinco minutos más.
—No tienes cinco minutos. —Demian le revolvió el cabello con una media sonrisa—. Muévete antes de que mamá se despierte.
El ambiente en la casa se sentía como una bomba de tiempo. Evelyn, su madre, llevaba días de mal humor, más irritable que de costumbre. Anoche había discutido con su nuevo novio y eso significaba una sola cosa: sería Demian quien pagaría los platos rotos.
Bajaron a la cocina en silencio. Alex se sirvió un tazón de cereal, pero Demian solo bebió un café negro. El hambre se le había quitado hace años.
No pasó mucho tiempo antes de que la puerta de la habitación de su madre se abriera. Evelyn apareció con ojeras y el cabello revuelto, encendiendo un cigarro antes siquiera de decir algo.
—¿Vas a ignorarme, Demian? —preguntó con voz rasposa, apoyándose contra la pared.
Él ni siquiera levantó la vista.
—No tengo nada que decir.
—Siempre con esa actitud de mierda —bufó Evelyn, dándole una calada al cigarro—. Algún día te darás cuenta de que no eres mejor que yo.
Demian soltó una risa seca y amarga.
—Ese día no va a llegar.
Se puso de pie, agarró su mochila y salió de la casa antes de que su madre pudiera seguir jodiéndolo. No estaba de humor para aguantarla, no hoy.
EL CAOS ES SU HÁBITAT
La universidad era un escape... hasta cierto punto. Al menos ahí podía descargar su rabia de una forma más física.
—¿Escuchaste que Pablo anda diciendo que le debes dinero? —preguntó Bruno, uno de los pocos con los que Demian se llevaba bien.
—¿Y? —Demian se encendió un cigarro mientras caminaban por el estacionamiento.
—Y que piensa ir a buscarte después de clases.
Demian sonrió de lado, sin rastro de miedo.
—Que lo intente.
Bruno negó con la cabeza.
—Hermano, un día te van a partir la cara.
—Que lo intenten también.
Pero antes de que la conversación continuara, Demian la vio.
Agos.
No era la primera vez que la notaba, pero sí la primera vez que su mirada se cruzaba con la de ella de una forma tan intensa.
Cabello rubio, ojos llenos de curiosidad y una expresión que no encajaba con este lugar. Ella era luz, y él... bueno, él ya estaba condenado a la oscuridad.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo diferente.
No sabía quién era ni que le interesaba, Pero algo en ella lo atraía...
Un jodido problema más