La Masacre
El ambiente era pesado. El humo del fuego, los gritos de los niños en el parque, marcaban el paso de aquellos saqueadores. Avanzaban con armas brillantes en las manos, una variedad infinita de metales diseñados para matar, apagados solo por las súplicas desesperadas de los vecinos
.-Entren!-gritó mi padre, cerrando la puerta detrás de él.
Mi hermano, de apenas seis años, corrió a los brazos de mi mamá.
-Se llevaron a Diego, mamá...
Yo permanecía en el centro de la sala, sin entender nada. Los
gritos afuera, la desesperación en la voz de mi padre, sus manos
jalándonos a mi hermano y a mi hacia el sótano. Fue tarde.
La puerta se desplomó. Entraron.
El humo no nos permitía verlos, pero sabíamos a quién temer. La
única luz provenia de su arma, destrozándolo todo a su paso. Mi
papá se colocó frente a nosotros.
Una lágrima de sangre rodó por mi mejilla.
Mi padre yacia en el suelo. Mi hermano lloraba, mi madre se
interpuso como escudo frente a él. Yo... yo fui ignorado.
Venian por él. Por mi hermano.
Alzaron sus armas para golpear a mi madre y en ese momento
exacto, se rompió algo, aquel fino cristal fragil y delgado que me
mantenia en el aqui y ahora reventó. Toda luz se apagó en mis
ojos. Mi madre gritaba. Mi hermano lloraba. Luego, el silencio.
Devastador.
El miedo creció en mí como una rabia contenida. Mis pies se
movieron solos. Un grito silencioso murió en mi garganta. Los
latidos de mi corazón eran el único sonido perceptible, como una
bateria a punto de reventar.
El calor del fuego se apoderó de mi mano. Recorrió mi sangre,
como si algo dentro de mi se encendiera... por primera vez