Capítulo 1 — La visita al pasado.
⚠️ TW: Este capítulo puede contener mención de traumas de violencia, tortura y/o abuso, se recomienda al lector leer con discreción. (EL AUTOR NO ESTÁ DE ACUERDO CON LAS PRÁCTICAS O LENGUAJE UTILIZADO EN ESTE CAPÍTULO)
Viernes 7 de febrero del 2036
Lomas de Soria, Estado de Santa María
Hospital Psiquiátrico Penitenciario
3:26 pm
8 años después del incidente
Los pasillos olían a desinfectante y soledad. Dos agentes entraron al hospital, retirándose los abrigos y sus bufandas, dejándolas guardadas en la entrada con su registro de visita.
Caminaron despacio por los pasillos, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. La verdad es que a nadie en su sano juicio le gustaría venir a visitar a los monstruos encarcelados detrás de estas puertas de metal. Los pasos de ambos policías resonaron por los pasillos, una respirando agitada, el otro con su respiración totalmente controlada. —Ya estamos cerca — Mencionó la pelirroja con cierto deje de preocupación —¿De verdad es necesario venir aquí?— suspiró cansada, su compañero se alzó de hombros
—Necesitamos la confesión – respondió con simpleza mientras se acercaban a una de las habitaciones, viendo al guardia que custodiaba afuera. Alzó una ceja mientras miraba a aquellas personas de traje, los detuvo rápidamente
—No pueden pasar. Actualmente este paciente no puede recibir visitas.. Órdenes de la psiquiatra—
Iris suspiró y sacó de su bolsillo su placa —Lo entendemos, pero es urgente, somos policías. Soy la detective Granado de la LSPD y él es mi compañero. Tenemos que resolver un caso urgente y necesitamos la confesión de– fue interrumpida inmediatamente por el Guardia — Sí, sí. Entiendo, está bien. Sólo no se tarden mucho y traten de no demostrar mucho al paciente, es muy receptivo–
—Claro, ya lo sabemos, no se preocupe– Habló aquel hombre con tranquilidad, el guardia abrió la puerta a una sala vacía, la que se ocupaba para monitorear a aquel enfermo o para las visitas. Había una mesa de metal , cuatro sillas de madera. Una mesa de comunicación algo vieja y otras mesas más que estaban selladas por tapas de metal y candados. Había una enorme ventana que daba hacia la sala totalmente blanca y acolchada del paciente, el cual se encontraba sentado con tranquilidad en medio de la habitación, mirando hacia a lo que se suponía que era el “espejo” de su habitación, pero él ya sabía por experiencia que era un vidrio espía, el mismo que estaban ocupando en estos momentos para verlo.
Iris entró a la habitación y dejó el expediente sobre la mesa, su compañero cerró la puerta y se mantuvo en una esquina, de brazos cruzados, dejando que la detective hiciera su trabajo. Pero…
—Pff.. ¿Y sí se apresuran? Se que son ustedes, los escuché desde la entrada. Por sí no lo saben, este lugar se está cayendo a pedazos de a poco–
Mencionó aquel Moreno mientras alzaba la mirada hacia el espejo, poniéndose de pie con ayuda de sus manos
—Los Granado como siempre jodiendo mi momento de paz ¿no es así, Iris? ¿Tu abuelo no te enseñó a respetar lo de “no está recibiendo visitas”?– soltó una carcajada venenosa, mientras caminaba hacía el espejo, se acercó y entre cerro sus ojos para ver mejor, colocando sus manos sobre el espejo
—Hola princesita.. Sé que estás ahí ¿por qué no enciendes la luz y me dejas verte? Hazlo como el niño bueno que eres– Iris titubeó un poco y miro de reojo a su compañero, el cual se mantuvo cabizbaja, movió su mano dándole a entender que siguiera con el interrogatorio
Iris asintió y miró hacía la ventana, sujetando el micrófono de la mesa de comunicación y acercandolo un poco a su boca, luego presionó el botón para que se activara y con voz firme habló
—Comportate Salazar, no venimos por capricho. Venimos para que confieses el delito que hiciste. Por culpa tuya la CIA y el FBI utilizaron a Morales como chivo expiatorio, necesitamos que admitas todo tu crimen y que admitas que Morales nunca fue corrupto, que te entregaste por voluntad propia y que las agencias en ningún momento movieron un solo dedo en la investigación–
Jacobo bufeo todavía forzando su vista a ver detrás de aquel espejo
— ¿Y a mí que carajos me importa, Morales? ¿Creés que confesaré de nuevo y me echaré encima a las agencias? Por mí que se joda Ethan. Pero…–
Su sonrisa creció de a poco mientras se movía hacia el otro extremo del espejo, acercó su vista nuevamente, haciendo un pequeño espacio oscuro entre el vidrio y su rostro con sus manos, mirando fijamente hacia el otro hombre en la Sala y soltando una risita
—Ahí estás, princesita ¿qué tal? ¿No me quieres ver después de todo lo que vivimos juntos? ¿Acaso ya no me amas, Oriol?– se apartó un poquito del espejo y lo saludo con la mano
—Puedo pensar en confesar si encienden la luz y él habla. Detective Granado– su tono iba con veneno totalmente, sabía lo que hacía, era divertido para él y más ahora que confirmó que su juguete favorito estaba ahí. —Sabés, cuando escuché tu voz, pensé que era una ilusión mía por el encierro, pero.. Al parecer es mí día de suerte. Aunque es una pena que vayas hasta la ceja de antidepresivos. Te hacen sonar como un robot sin vida… aunque bueno no se le puede pedir mucho a una desgracia con pies cómo tú–
Oriol apretó con fuerza la mandíbula, sus dedos temblaban ligeramente, titubeó por un momento, sus piernas no se querían mover, se sentía pesado de alguna forma. Alzó la vista por un momento hacía Iris, quien le veía con preocupación. Él soltó una bocanada de aire y cerró los ojos, recordandose a sí mismo que todo eso ya había pasado, que no se volvería a repetir. Caminó a paso lento y se quedó al lado de Iris, relajó sus brazos y le pidió el micrófono. La pelirroja dudó por un momento, pero luego le cedió el lugar a su padre.
—Es increíble que aún encerrado te creas en el derecho de pedir gusto…– su voz sonaba hueca, como si las palabras cayeran en automático. No era que no sintiera… era que estaba amortiguado. Como si hablara a través del agua, o desde el fondo de una caja cerrada
—Qué encanto, finalmente decidiste utilizar esa boca que tienes para lo que fue hecha… aparte de mamar vergas. Claro.
Sonrió mostrando los dientes, disfrutando escuchar una última vez la voz de Oriol. Era una pena que su tono no tuviera esa prepotencia de siempre.
Aun así, no se quejaba. Para él, Oriol seguía siendo su mayor obra maestra. Su creación. Su juguete perfecto.
Logró romperlo tanto que ahora dependía de pastillas y del único ser humano que todavía lo miraba con algo parecido al respeto.
Una pena terrible, pensó.
Pobre Oriol… nadie le manda a ser el error del pasado de Martín.
—Sabes, es curioso que a pesar de toda nuestra historia, sigas aquí.. ¿Acaso eres tan inútil que ni suicidarte bien pudiste? Pff.. Pero bueno, también sorprende cómo estás en este lugar, alguien sensato no querría ver a su torturador ni en pintura.. ¿Pero tú? Si que eres un caso muy difícil.. ¿Quieres acaso que vuelva a estar cerca tuyo? diciéndote que tanto te detesto, diciendo como eres un error que nunca debió haber existido, una mancha en mi vida, golpeándote, drogándote, jodiendote literal poética y metafóricamente.. ¿Cómo cuando gemías y llorabas por que me detuviera cada noche de tú miserable existencia?–
Iris se mantuvo al lado de Oriol, haciendo una mueca de asco ante las palabras que había dicho el enfermo de Salazar. Apretó los puños en silencio, esto era una tremenda pérdida de tiempo, no conseguirían nada de aquí, era mejor terminar todo esto y buscar otra forma para justificar la inocencia de Ethan sin tener que recurrir a este monstruo al que llamaban ser humano.
Pero, Oriol no estaba de acuerdo con esa idea, colocó una mano sobre el hombro de su hija dándole palmaditas para que se calmara luego tomó su mano y la colocó sobre el botón, mientras el ponía el micrófono sobre la mesa.
—Puede que sí sea un inútil con mi intento de suicidio, pero estoy tan agradecido por fallar y no darte lo que más querías… ¿Qué intentas ganar con esas palabras, Antonio? ¿Quieres que te odie? Ya lo hice. Me comió por dentro. Pero ahora solo me das pena. Ni siquiera puedes vivir con lo que hiciste. Por eso hablás tanto, por eso provocás. Porque te estás pudriendo solo allá dentro y adivina qué– Habló mientras caminaba hacía el regulador de la luz, subiendo un poco la intensidad para desactivar el efecto del espejo. Mirando con atención a Jacobo, el cual lo miraba con una expresión de odio y amargura —A diferencia tuya, yo no me escondo detrás de una sonrisa. Yo enfrento lo que soy. Y hoy… vine a verte no por mí, sino por Ethan. Porque al contrario de tí, hay gente allá afuera que aún vale la pena salvar–
Jacobo se quedó en silencio, había tensión en el ambiente un tipo de tensión que nadie se dignaba en cortar. Odiaba perder el control, observó con detenimiento cada movimiento de oriol, ni una pizca de duda, ni una pizca de miedo. Frunció las cejas y apretó los dientes.
Oriol llegó nuevamente y quedó cerca del micrófono mirando con tranquilidad a Jacobo, tenía ojeras, algunas cicatrices pequeñas en su rostro, estaba un poco más pálido y delgado, pero aún tenía ese fuego dentro de él que lo mantenía de pie
—Entonces ¿Vas a seguir con tu cháchara o vas a empezar a confesar, Salazar?– Oriol le sonrió, triunfante. Mientras que Jacobo chasqueo la lengua y se dirigió en silencio a su cama, de mala gana, si había alguien a quien odiaba más que al imbécil cobarde de Martín y a la perra de Sora, era a este bastardo de Oriol, con esa sonrisita que le provocaba arcadas.
Decidió que.. sí, iba a confesar, pero no porque Oriol se lo pedía, no porque Ethan lo necesitara y mucho menos porque Iris estaba ahí. Más bien, lo iba a hacer por él mismo, para ver si con cada descripción detallada de todo lo que hizo podría volver a destrozar de nuevo a Oriol y su fachada de mártir superado.
Y mientras Salazar comenzaba a hablar, con esa voz pausada que usaba cuando quería romper cosas, Oriol entendió que a veces la justicia no venía con redención. A veces, todo lo que venía era una ola enorme de todos los miedos que escondes.