Chapter 0
20- -
—Este maldito pueblo es un asco—Se quejó mientras miraba con desprecio las casas que habían al rededor.
—¿Por qué no te vienes a vivir un tiempo aquí?, tal vez así aprendas de buenos modales y ayudar a la gente.—Su compañero a su lado, aprovechó el disgusto de su amigo y apretó he para bromear con él.
—Eres un Idiota
—Los dos pueden cerrar la boca?—A la conversación se metió la chica que estaba al frente del grupo, ya estaba fastidiada de escuchar a sus compañeros quejarse.
—Es divertido hacer enojar a Jiro, vamos Hera, no seas tan aguafiestas
—Los dos son unos idiotas.
El grupo de tres chicos vagaba por el pueblo al que habían sido mandados con el gran encargo de encontrar esa espada que buscaban los clanes de los tres chicos.
Los habían mandado a las lejanías del pueblo de okinawa, era una área poco poblada y muy estancada en los años 1900.
Pensaban que sería fácil de encontrarla al no haber nada peligroso a las cercanías.
—Esa estúpida arma debe estar pro algún lugar, no es posible que estos asqueroso campesinos la tengan protegida—Se quejó Jiro volviendo a mirar el pueblo con desagrado.
—Es lo único valioso de este pueblo, seguro lo están cuidando con su alma, ¿Para qué querrán cuidarla tanto?—Dijo esta vez Shinichiro.
—No creo que simplemente la estén cuidando—Hera comenzaba a sentir una vibra extraña, era como una inquietud que le decía que tuviera cuidado—La deben de estar cuidando de algo.
—Por favor Hera, este maldito pueblo no tiene nada especial, ni siquiera tiene energía maldita.—Le dijo Jiro
Pero entonces ahí Hera se dio cuanta de qué algo no iba bien.
No era posible que todo lo que estuvo sintiendo todo este tiempo, no lo hayan sentido sus compañeros, esto significa dos cosas; o ella estaba demasiado nerviosa para sentir la energía maldita o en este pueblo había algo que no les permitía sentirla como ella.
Algo estaba mal aquí, y debían darse prisa para salir lo antes posible de aquí.
—Dense prisa a encontrarla, nos tenemos que ir de aquí—Les dijo Hera para acelerar su paso y alejarse de sus dos compañeros para hacerlo más ágil.
Los chicos no dijeron nada más y siguieron las órdenes de su compañera.
Era de noche en el pueblo y no podían hacer mucho para alúmbralo, solo debían de seguir buscando entre las casas viejas.
Hera se adentró un poco más al pueblo, se daba cuanta que mientras más se adentraba, las casas ya lo parecían tener esa apariencia desgastada.
Siguió al rededor de unos 10 minutos más caminando, hasta que tocó pared con una casa enorme, parecía un templo, y no se veía nada viejo.
No había más que adentrarse a ese lugar.
Mientras iba subiendo las escaleras, podía sentir la energía maldita más fuerte. Ese era el lugar que estaban buscando.
Hera empujó la enorme puerta y para su sorpresa esta estaba abierta, era raro tratándose de que probablemente ahí se encontraba la importante arma que los mandaron a buscar.
En caso de que fuera una trampa, empuñó su enorme arma, estando a la defensiva.
Dentro no había nada, estaba totalmente vacío, lo único que llamaba la atención en ese obscuro lugar eran esas escaleras había abajo que estaba alumbradas.
Estaba preparada para lo que viniera, así que bajo esas escaleras hasta el final.
Y ahí la pudo ver.
Esa resplandeciente arma que su familia quería, era como si se la hubieran dado en bandeja de oro.
Se acercó cuidadosamente al centro en donde estaba el arma, y con cuidado la quitó del cetro. Desde que la tocó, sintió esa enorme energía que desprendía.
—¿Así de fácil?
Hablo muy rápido.
Pues a los pocos segundos de tenerla en sus manos, el lugar comenzó a temblar demasiado fuerte, tanto que hasta ella misma perdió el equilibrio y estaba apunto de carearse al suelo.
—¿Un terremoto ahora?
Escucho unos rugidos que provenían del rincón de esa obscura habitación, Y así la energía maldita se hizo más fuerte.
Poco a poco esa cosa se comenzó a mostrar ante a los ojos de Hera, ella por el miedo y lo fuerte que era la energía, se quedó completamente paralizada.
"Muévete tonta, Muévete!"
Era un espécimen horrible, era deforme y demasiado delgado, no tenía nada en su rostro más que su boca de la que salía saliva.
Poco a poco se acercaba a Hera, era como si asechara a su presa.
Cuando la tuvo enfrente, se quedó extrañamente quieto, como si ahora él fuera el paralizado.
Era su momento de reaccionar, tomó su arma y tan rápido como pudo, se levantó del suelo.
Abrió su arma dejando ver el enorme abanico, no esperó más y la empuñó lista para debilitar la energía maldita de la maldición.
Y cuando esa enorme ráfaga de viento iba en dirección a la maldición, esta se deslizó y esquivó a Hera así dirigiéndose a las escaleras en donde estaba la salida al pueblo.
Esa maldición la había evitado completamente. El por qué la había evitado la dejó desconcertada, pero no era momento de preocuparse por esas cosas.
La maldición había salido, y eso ya era un entone riesgo para los habitantes y sus compañeros.
Tomó el rama maldita y su abanico y corrió hacia la salida, tratando de alcanzar a la maldición.
Ahí Hera se dio cuenta de la situación.
El pueblo no estaba escondiendo el arma por lo importante que era.
El pueblo era el que protegía esa arma para que esa maldición no se liberara.
Hera tomó el comunicador y lo acercó a ella.
—Encontré el arma! Y algo de libero, así que no bajen la guardia, es muy fuerte!
—¿Donde estás Hera?—Escucho la voz de Jiro.
—Encontré un templo y ahí estaba el arma, pero algo... algo- salió mal, voy hacia la fuente del pueblo! No bajen la guardia!
—Hera! ¿¡De qué estás hablando!?
Corrió como nunca antes había corrido, temía por que esa cosa les hiciera algo a sus compañeros, e iba a ser su culpa si algo pasaba.
Nunca debió tomar esa arma.
Mientras tanto con los dos chicos, estaban alerta como se los dijo Hera, pero no sabían exactamente de qué, solo podían sentir esa extraña energía maldita.
—Si ya encontró el arma hay que irnos, ¿No sé por qué seguimos aquí?
—Debemos espérala, nos mandaron a los 3 y los 3 nos regresamos.
—Dios! Eres un cobarde Shinichiro!, se que es tu prometida pero no te molesta que la traten con superioridad?! Es tan engreída!
—No es eso Jiro... es solo que ella es de nuestro equipo, no podemos hacerle eso a Hera, además... ella tiene el arma y no podemos regresar sin ella.
—Que Hera le haga honor a todo lo que dicen en el clan de ella, si es tan fuerte y especial que ella se haga cargo.—Estaba preparado para tomar camino fuera de la aldea, pero el brazo de su amigo lo detuvo
—No seas un idiota, hasta que llegue Hera nos vamos a ir.—Le dijo esta vez en un tono más serio.
—Si tanto quieres ver a Hera, entonces ve por ella, ¿Qué esperas idio...
Ambos chicos sintieron la prevenida de la energía maldita, fue como un vuelco para el corazón, ambos se pudieron en guardia.
—¿Que es eso? Llego muy rápido—Jiro tenía empuñada su arma apuntando estando de espaldas a Shinichiro.
—Hera tenía razón... Algo salió mal
Pero como si de un parpadea haya sido, la maldición se encontraban frente a los dos chicos, y sin dejarlos reaccionar, tomó del pie a Jiro y lo arrastró junto a ella.
Shinichiro como pudo reaccionar, fue corriendo tras su amigo y esa maldición que lo llevaba arrastrando.
La maldición se detuvo hasta quedar a la orilla del acantilado que marcaba el final del pueblo.
La maldición tenía sujetada del cuello al chico haciéndole difícil respirar.
—Shinichiro... mátalo.
Le hizo caso a su amigo y entonces lanzó el primer ataque con su arma, pero esto no era nada para la maldición. Al menos logró que la maldición soltara a su amigo y lo tirara hacían un lado aventándolo, siguió mandando sus ataques con su arma hasta que esa maldición ahora lo tomó a él el torso y lo acercó a ella.
—P-Por favor... n-no lo hagas.
Tenía por su vida, estaba a punto de ser devorado por esa cosa horrible que lo sujetaba de su torso, no era la mejor manera de morir.
—¡MALDITO!
Jiro aprovechó la distracción y atacó a la maldición con su te nuca maldita, del suelo comenzaron a salir brazos que sujetaban a la maldición con fuerza impidiéndole moverse.
Está de la desesperación lanzó al chico y comenzó a forcejear para liberarse de ahí.
Y para su mala suerte, la maldición logró soltarse de su técnica maldita, y ahora estaban en su mira de nuevo.
La maldición fue hacia el lo más rápido que pudo y se tiró enzima de él tomándolo del cuello.
Estaba listo para su momento, ya no podía hacer nada más.
—Técnica maldita: Último Exilio.
La ráfaga de viento sopló a todo lo que da, arrasando con ella a los árboles que estaba cerca, arrancándolos desde la raíz, tanto la maldición como sus amigos salieron volando hacia el precipicio.
Pero antes de que ellos cayeran por el barranco, Hera activó su técnica maldita.
—Alma fragmentada
De las puntas de sus dedos, comenzaban a salir unos delgados hilos de energía maldita que iban directo a las extremidades de sus compañeros.
Comenzó a controlarlos como si de marionetas se tratara, poco a poco los dos comenzaban a llegar al borde de donde estaba ella.
Había llegado a tiempo.
—¿Están bien?—Les dijo Hera una vez ya los tuvo enfrente de ella.
Los dos chicos trataban de recuperar su aliento y de procesar los últimos minutos que pasaron, todo pasó demasiado rápido.
—¿Esa era una maldición?—Le dijo Jiro mientras se ponía de pie,
—Cuando tome el arma, algo pareció quebrase... el pueblo no escondía el arma, querían protegerse de lo que se desataría si alguien la tomaba.
—Entonces no debías de tomarla, si sabías que esto iba a pasar, ¿Entonces para que la tomaste?—Le reclamó
—¿Me estás escuchando?, ¿Eres idiota o que?
—Te crees mucho solo por tus técnicas.
—Pues esas Técnicas te salvaron la vida idiota.
—Si no hubieras tomado el arma, nada d esto hubiera pasado, ¿Lo vez?, esta es la razón del oro que nunca de san el mando, eres horrible.
—Y tu un idiota, te hubiera dejado caer por el barranco.
—Chicos, ya deben de parar—Shinichiro se único a la conversación intentado que sus compañeros dejaran de pelear.
—No, no, es momento de decir, siempre nos tratas con inferioridad solo por venir de un clan más privilegiado, ¿pero sabes que?, eres mujer y eso te condena a sólo lavar los trastes y hacer la comida—Apuntó a Hera con su dedo señalándola—En cuanto te cases con Shinichiro tú ya no serás nadie y tu clan tampoco, solo eres una maldita piedra en el camino que quitarán pronto.
El silencio entre los tres se hizo presente quedando en el aire las últimas palabras de Jiro, pero aún así Hera jamás quitó la mirada de él, no iba a dejar que el la intimidara.
—¿Sabes por qué todo eso no me afecta?—Se acercó a un más a él y lo apuntó con su dedo dejándolo en su mecho—Porque sabes que soy mejor que tú.
—¡ERES UNA MALDITA!
Jiro alzó su mano, apuntándola hacia el rostro de Hera, pero esta jamás pudo llegar gracias a una mano que sujetaba la muñeca del chico.
—No es momento para esto—Shinichiro miró a su amigo para nada contento con el acto que iba a cometer—No permitiré otra pelea, así que lo que resta del camino, ninguno de los dos va a-.... Agh!
Se detuvo abruptamente, su rostro se volvió inexpresivo y ya no podía formular ni una palabra.
Pero tanto Jiro como Hera vieron la razón del por qué su compañero estaba así.
Una mano con uñas largas, estaba atravesando el abdomen de Shinichiro, la sangre comenzó a brotar sin control manchando el uniforme del chico.
—Esto no... no puede ser.
La misma maldición que había mandado volando lejos, estaba frente a ellos una vez más, pero esta vez los había tomado con la guardia abajo, cobrando la vida de su compañero.
Estaba completamente paralizada, su amigo estaba frente a ellos desangrándose y apagándose poco a poco, no sabía que hacer, todo para ella en ese momento era blanco.
—!MALDITO!
“Esa fue la ultima vez que use esa tecnica maldita”