Capítulo 1: Preámbulo
Me encontraba tendido en el suelo, ni si quiera sabía donde estaba, ni que había podido ocurrir, unos segundos después me di cuenta de que no estaba en el mismo lugar o quizá sí, pero algo había cambiado.
Me llamo Darikson Sanders, y hace más de mil años era un estudiante cualquiera de Física cuántica, se lo que estáis pensando, ¿Hace mil años?, este tío no esta bien de la cabeza, nadie puede vivir mil años, y tenéis toda la razón, yo no he vivido mil años, pero os explicaré lo que sucedió.
Estaba en el laboratorio de la universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts, me habían encargado un trabajo bastante complicado acerca del principio de enlazamiento cuántico y de la aceleración de las partículas de luz, no voy a pararme a explicaros en que consiste, así que iré al grano.
La verdad es que no tenía mucha idea de como montármelo para que saliera bien, así que empece a improvisar y a experimentar, hasta que algo falló, las partículas de luz se proyectaron en la pared formando una especie de portal tridimensional que me absorbió por completo.
La sensación de velocidad era indescriptible, iba tan rápido que no me podía ver a mi mismo, solo veía luz, de hecho iba a toda velocidad por un túnel de luz, supongo que sería uno de esos llamados “agujeros de gusano”, empecé a sentir aletargamiento, como cuando viajas a otro país y el cambio horario te produce Jet Lag, pero a lo bestia.
Todo fue en milésimas de segundo, pero yo lo percibí como si fuera más tiempo, bueno, la verdad es que era más tiempo, pues habían pasado ni más ni menos que mil años. Sí, había viajado al futuro aunque al principio ni si quiera lo sabía.
Como ya os estaba contando al principio desperté tirado en el suelo, concretamente en el suelo de uno de los paseos del Harvard Yard.
El Harvad Yard es una área cubierta de hierba de unas 10 hectáreas, junto a Harvard Square, que constituye la parte más antigua y el centro del campus de la Universidad de Harvard.
Estaba solo, no había nada ni nadie por allí, ni si quiera era el mismo lugar, la hierba había sido sustituida por edificios enormes, calculo que de unas trescientas o cuatrocientas plantas como poco los más pequeños, os estoy hablando de edificios de más de un kilómetro de altura, algo increíble.
A lo lejos en el cielo se veían “coches voladores” así los llamaba yo hasta que conocí su verdadero nombre.
Al principio no daba crédito a todo aquello, creí que estaba alucinando, que debía ser un sueño o algo así, caminaba alucinando con todo lo que veía, parecía que estaba en un sueño, pero era real, esos rascacielos gigantes, esos vehiculos que surcaban el cielo… paneles y pantallas holográficas proyectando anuncios que cambiaban al ritmo de la mirada de los transeúntes...
Seguí caminando, hasta que llegué a un sitio donde había una maquina muy extraña, y me paré delante de ella.
Tenía una compuerta de un material que desconocía, pero que era bastante resistente, imposible de abrir, había una especie de fibra luminosa en la que se indicaba que había que poner la mano para el reconocimiento de datos, yo fui a poner la mía y dio error, por suerte las instrucciones estaban en mi idioma, indagando pude comprobar que aquella máquina era un teletransportador, desde allí podías ir en un abrir y cerrar de ojos a cualquier parte de la ciudad.
Caí en la cuenta, y no hacía falta ser muy observador para ello, de que había viajado en el tiempo. Caminé un poco más en busca de alguien con quién hablar para encontrar respuestas, pero no le iba a decir a cualquiera que venía del pasado, debía ser muy cauto con eso ya que podría traerme problemas, y ya estaba metido en un buen lío.
Entonces tuve una idea, saqué mi teléfono móvil para ver si podía acceder a el, pero claro, la compañía con la que tenía el contrato ya ni existía, todos mis contactos estaban muertos hace como minimo novecientos años, estaba yo solo en un nuevo mundo, en el futuro.
Por fin pude ver a un chico sentado frente a un panel de luz que salía de su propia mano, debían ser los telefonos móviles del futuro o algo así, así que me acerqué a el para preguntarle.
—¡Buenos días! —le dije.
—¡Hola! —contestó el chico—, creo que no te conozco.
—No… —dije yo—, no me conoces, verás necesito ayuda, necesito utilizar internet (Supuse que el internet seguiría existiendo pero me lleve una sorpresa)
—Internet se dejó de usar antes de que naciera mi bisabuelo —dijo el chico—, si esto es algún tipo de broma no me está gustando
—Necesito consultar las noticias —dije—, me estaba refiriendo a eso.
—Esta bien, —dijo ofreciéndome la pantalla de luz que emitía su mano—
—Mejor hazlo tu —dije, yo no tenía ni idea de como funcionaba esa historia.
Por fin puso una especie de web del futuro que contenía noticias, y hallé la primera respuesta que estaba buscando, efecitvamente, como ya pensaba, asombrado me cercioré de que estaba en el futuro, en concreto… era día 26 de Mayo del 3016.