I:Encuentro
Ese día nada podría ser normal, quizás en el principio de la pelea todo iba bien, solamente tenía un brazo lastimado, pero sin previo aviso el celo del alfa se despertaba junto con uno de sus poderes.
Su rut se triplicó, se hizo aún más intenso. Los olores de los omegas no los toleraba, cada uno de ellos se le hacía tan repulsivo. Él era un alfa extremo dominante y no podía evitar esta situación.
Ya había pasado a lo largo de su manifestación por varios celos, pero ninguno tan fuerte como este. Siempre se encerraba en su departamento esperando a que bajara la fiebre y el deseo recurrente de poseer al único omega que no podía tener. Pues este ya estaba comprometido. Su alfa quería reclamarlo como suyo, pero el omega ya había hecho su elección.
El alfa se alejó demasiado del omega para no afectar su relación, aunque fuera como amigos, pero quería saber que de algún modo podía tenerlo, aunque le había costado tanto alejarse.
Ser un héroe reconocido le había traído ventajas, se había ido a Estados Unidos, pero ese día, sin esperarlo, el omega había viajado hasta allá para entregarle la invitación para su boda.
Caminaba de la mano de su prometido, pasando por avenidas principales y ahí fue donde se dieron cuenta de la pelea que se había desarrollado contra algunos villanos.
Vio a lo lejos a Izuku estar en medio de ellos haciéndoles frente, pero podía percibir una extraña aura que despedía de él. Ni siquiera lo pensó, su cuerpo se movió solo, ambos corrieron para ver si podían ayudar, pero cada paso que daban era más pesado que el anterior.
Los alfas que se encontraban a su alrededor bajaban la cabeza, pues no había algún contrincante digno para las feromonas que salían del cuerpo de Izuku. Los omegas al olerlo entraban en celo, pero al acercarse más el mismo aroma los asfixiaba.
—Kats… por favor detente… yo. No puedo —a Kirishima le provocaba sacar sus colmillos para defender a su omega, pero sabía que era inútil, no eran rival para el alfa de Izuku.
—No te preocupes, no pasa nada sólo… —se giró para seguir avanzando, pero hasta él sabía que era peligroso, sin embargo él no era como los omegas que estaban tirados ahí en el piso.
Su cuerpo empezaba a reaccionar, un extraño escalofrío recorrió su cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies, su entrada lubricada sin reparos. Miró de soslayo a Kirishima. Pues sabía que si Izuku lo detectaba destruiría él mismo lo que había construido por años.
Aún recuerda la primera vez que surgió su celo, gracias a las feromonas de Izuku su lado omega se manifestó, ambos se sincronizados y a partir de ahí, el celo de ambos eran los mismos días.
Izuku desaparecía unos días antes para no tener ningún inconveniente. Pero Katsuki se sentía extraño, le dolía tanto el corazón por no poder olerlo, su omega en su interior ya le había confirmado que aquel alfa era su destinado. Solamente que ambos se negaban a aceptarlo.
—Kiri… Yo lo siento —dijo mientras su rostro se llenaba de lágrimas, si quería al pelirrojo, pero sabía perfectamente que todo su ser le pertenecía solamente a alguien.
Eijiro siempre lo supo, pero cuando Izuku se fue pudo respirar tranquilo y trató con todas sus fuerzas de conquistar al cenizo, pero estando ahí el miedo que siempre tuvo se hacía realidad. Katsuki elegiría sin pensarlo a su verdadero alfa.
—No Kats… por favor… por nosotros —suplico, su cuerpo se sentían tan pesado que cayó de rodillas, intentaba levantarse, pero no podía.
—Yo… —las feromonas de Katsuki empezaron a salir de él libremente, no podía detener llamarlo a él—. ¡Alfa! —grito.
Pero incluso el aroma que soltó el omega no hizo reaccionar a Kirishima, solamente al alfa que estaba en el aire peleando.
Izuku volteo en cuanto escuchó la voz de su omega, las feromonas le llegaron como un leve rocío y lo envolvían perfectamente, no dudo ni un segundo y ya estaba yendo a donde se encontraba Katsuki.
Un villano lo siguió, vio a lo lejos al omega y quiso atacarlo, pero los látigos de Izuku ya lo estaban estrangulando, un segundo había pasado desde que lo vio y el alfa ya lo tenía bajo su merced, el aire le hacía falta, sus pulmones colapsaron rápidamente. Trono el cuello de quien osaba hacerle daño a algo suyo.
—Omega —dijo bajito, extendió sus manos y Katsuki las tomó, sus ojos del alfa ya no eran de ese hermoso tono esmeralda, ya habían cambiado a un color dorado tan brillante que lo hipnotizaba.
El látigo negro se en volvió en el cuerpo del omega para atraerlo.
—Alfa… mi alfa —murmuró y pegó lentamente su nariz al cuello, oliendo el delicioso aroma a menta con un toque de canela, era tan exquisito que se le hacía agua la boca.
Izuku sonrió, cargó al omega en sus brazos, cerró los ojos y pegó su nariz en la glándula para saciarse de las feromonas que siempre le pertenecieron.
Continuará...








