Un deber que cumplir

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Era un escenario...incómodo, si, esa palabra usaría.
Y es que Arthur jamás pensó que en cuestión de minutos su vida cambiaría completamente; esa misma mañana se había levantado dispuesto a enfrentar nuevas responsabilidades, las cuales su padre le otorgaba día con día. Era una rutina a la que estaba acostumbrando, sobre todo si consideraba el reciente estado crítico de salud de Magnus Blackwood.
Sabía que estaba mal. Pero no estaba preparado para enfrentar lo que se venía.
Hace tan solo cuarenta y ocho horas que su padre murió y eso lo tenía destrozado, aunque no lo aparentara.
Magnus Blackwood a la edad de cincuenta y nueve años falleció a causa de una neumonía. El clima en Londres no estaba lo suficientemente helado como para matar a alguien de esa manera, exceptuando el hecho que hace una semana su padre tomo la maravillosa idea de ir junto con los demás de sus trabajadores a monitoriar los productos de importación que manejaba las minas pertenecientes a la familia Blackwood. Y que, por un descuido un tanto sospechoso, cayó en el famoso río Támesis.
Si, sonaba un poco estúpido pero así sucedieron las cosas.
El frío y la alta contaminación del río afectó el cuerpo de su padre, causando una muerte lenta y dolorosa.
Trataba de pensar mucho en la imagen de su padre segundos antes de cerrar sus ojos para siempre; su piel se había vuelto más pálida, sus labios y uñas se transformaron de un color azulado, ardiendo en fiebre mientras decía cualquier delirio, y claro, a penas y lograba respirar.
Cerró con fuerza los ojos tratando de olvidar aquello, haciendo que tanto su cuerpo como su mente volvieran a la realidad.
Bajo la mirada, su madre, Cecilia, apretaba con fuerza las mangas de su camisa. No necesitaba ver el rostro de su mamá para saber cómo es que las lágrimas cubrían por completo su rostro. Bueno, igual sentía como las gotas saladas mojaban su pecho.
-Madre, ya es hora de irnos.- Tómo con delicadeza los pequeños hombros de Cecilia. No es que no respetara el dolor o simplemente quisiera salir huyendo de la situación, pero en cualquier momento llovería y no quería arriesgarse a ver enferma a su madre.
-¡No, Arthur! Yo me quedo aquí, con mi esposo. Si quieres puedes irte...no es necesario que te quedes.- La brisa movía los castaños mechones de cabello de la mujer, hasta podía creer que ella se sincronizaba junto con los cabellos, estaba temblando; no sabría si era debido al clima frío del jardín o el dolor. Claro, acababa de quedar viuda.
Arthur suspiró, tratando de encontrar diversas maneras de lograr llevarse a su madre a un lugar más confortable. Era complicado lidiar con los sentimiento de los demás cuando él mismo seguía pendiente de su mente y corazón tras la pérdida de su padre.
-Mamá...sé que esto es muy difícil para ti, pero por favor...no quiero que te hagas más daño. Necesito que me ayudes un poco a manejar esto. Por lo menos en lo que respecta a mis hermanos y la casa...yo...-Hizo una pequeña pausa tratando de no quebrarse por completo.
Tenía que ser fuerte.
-Oh mi niño...lo siento tanto- Dijo la mujer un poco más tranquila, ver a su hijo en ese estado alertó inmediatamente.-Con todo lo que ha sucedido ni siquiera te he preguntado cómo te sientes...Marqués Blackwood...-Su tono sonaba algo pesado al decir su nuevo título.
-Estoy bien. Solo...necesito descansar un poco. En el instante que padre murió solo he recibido más papeleo que podría llegar al techo. Su escritorio...bueno, mi escritorio esta hecho un desastre. Necesito hacerme cargo de todo lo que dejo sin resolver, verificar si todo está en orden y bueno; Un si fin de cosas más.
-¿No sería mejor si Augustus te ayudará?
Arthur quiso contener la necesidad de poner sus ojos en blanco pero le fue imposible. Claro, desearía tener el apoyo de su hermano (tan solo un año menor que él, por cierto) pero sabía que como pedir que el mar fuera de agua dulce en ese mismo instante.
¿Se acostumbró al despreció de su hermano? Por supuesto, lo repudiaba desde que tenía la suficiente capacidad intelectual para llegar a esa conclusión. Nunca se lo dijo en la cara, obviamente; pero sus gestos e indirectas decían más que mil palabras.
-Creo que no servirá de mucho madre, pero me las arreglaré solo; siempre lo hago. Además, ahora todo esto es mi deber.
El deber. Siempre es el deber.
Ofreció su brazo para que Cecilia lo tomara y así por fin, alejarse de la tumba de su padre.
-Hablaré con él, por eso no te preocupes.
Solo se limitó a asentir, no lograría nada pero apreciaba los esfuerzos de su madre.
A solo unos pasos pudo ver a uno de sus hermanos acercarse con algo de prisa. Nicholas, su único soporte en esos momentos.
-Lamento molestarlos, pero Laurence no ha parado de preguntar por ti mamá.-Por fin llegó donde se encontraban, dándoles una pequeña sonrisa tan característica de él.-Sigue asustado luego de ver el ataúd de papá...hice lo que pude y funcionó por un rato, pero te necesita a ti.
Cecilia solo pudo forzar una pequeña sonrisa.
-Comprendo, una madre no tiene tiempo para descansar.-Aquello sonó con algo de amargura.-Perfecto, iré a verlo. No se queden mucho tiempo aquí. Comenzará a llover pronto.
Ambos hicieron un gesto de afirmación, viendo como su madre se alejaba poco a poco.
-¿Cómo te sientes? te ves fatal.-Dijo con total sinceridad, aunque Arthur no se lo tomó a mal, así era su relación.
-Lo sé, pero no tengo otra cara que mostrar ahora mismo.
-Que lastima...porque hay alguien que te estaba buscando hace rato.-Una pequeña sonrisa pícara se formó en su labios, ese maldito.
Cordelia.
No, no era su esposa o prometida. Era su amante.
Cordelia se convirtió en un impulso en lo que Arthur nombraba "su catastrófica vida." Ella era un escape de todas las presiones que lo consumían a diario, y sabía que ahora lo haría mucho más. O eso esperaba.
-¿Te dijo algo en especial?-Preguntó deseando una respuesta afirmativa.
-No mucho en realidad, solo que cuando quieras puedes mandarla a llamar con un lacayo...o tal vez ir tú a su casa.
La oferta era verdaderamente tentadora.
-Bien, la mandaré a llamar. Pero antes necesito que me ayudes a convocar a todos a la sala de estar por la noche, tengo que tocar unos temas importantes.
-Perfecto, yo me encargo de eso, no te preocupes.
Le sonrió de manera reconfortante, haciendo que Arthur sintiera un peso menos encima.
Abrazó a su hermano por los hombros devolviendole la sonrisa mientras caminaban hacía su casa.
Su nueva vida a penas comenzaba.
Y muchas sorpresas pueden venir junto con el nuevo inicio.
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