Fugaz

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Summary

Muchas personas sueñan con la inmortalidad … yo lo logre. He vivido mucho tiempo y he hecho todo lo que me he propuesto, pero hice algo que nunca debí hacer, el mayor pecado de un inmortal… mi condena eterna.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Inmortal

Muchas personas han deseado ser inmortales. Yo soy una de ellas, pero, a diferencia de los demás, mi deseo sí se cumplió. He vivido durante cientos de años y he hecho todo lo que me he propuesto.

Cuando recién me volví inmortal, conocí a un señor que también lo era. Vivía solo en una mansión que parecía abandonada. Me advirtió, con aparente dolor y cansancio en su voz, que nosotros podíamos hacer cualquier cosa… menos enamorarnos. Luego se sentó de nuevo frente al caballete y continuó con su pintura. La mansión estaba llena de cuadros con la imagen de una mujer. En su momento no entendí sus palabras y continué disfrutando.

Muchos años después conocí a una mujer maravillosa. Ella y yo conectamos; nos divertíamos juntos y hacíamos locuras. Los años que estuvimos juntos fueron increíbles. Pero, a medida que pasaban los años, ella envejecía y yo permanecía igual. Notaba cómo a veces ella me miraba con tristeza. Me decía que, cuando ella no estuviera, fuera feliz. Cada vez que ella decía eso, yo buscaba la manera de cambiar de tema. En el fondo, sabía que ese momento llegaría tarde o temprano.

En un intento por mantenerla a mi lado para siempre, supliqué de rodillas todas las noches durante muchos años. No me importaba a quién o qué; solo quería que mi deseo se hiciera realidad.

El momento llegó y mi deseo no se cumplió. Ella falleció. Me dijo que fue muy feliz a mi lado y que lamentaba tener que dejarme. Me derrumbé; los recuerdos me estaban acabando y su ausencia me era insoportable. Intenté acabar con mi vida de muchas maneras, para estar a su lado nuevamente, pero ninguna funcionó.

Fue en esos momentos que recordé las palabras del señor. Cuánta razón tenía, pero, por más que me duela, no me arrepiento de todo lo que pasé con ella.

Aunque para nosotros el amor sea una condena, no deja de ser uno de los momentos más apreciados de nuestra existencia. Una pequeña parte… pero una inolvidable.

El dolor de verla partir es mi condena eterna.

Y viviré cada uno de mis días para recordarla, por la eternidad.