Prologo
¿Amor y Locura?
Dos términos que nadie mezclaría a excepción tuya.
¿Sangre y Amor?
Dos términos que suenan terrible, pero que tú sabes que puedes manejar y conocer mejor que nadie.
¿Lujuria y Sadismo?
Términos parecidos, que para ustedes era una promesa.
—Cariño —Jeff se acercó tanto a mí, parecía un lobo hambriento y yo una presa que en sus ojos era muy apetitosa. Una mano se posó en mi cintura, me acercó a él como si me quisiera tener siempre cerca, algo que necesitara como si fuera oxígeno para él, algo tan vital para él.
—Quiero hacerlo —su voz suave y ronca pedía que fuera suya, que nos fundiéramos como si fuéramos uno mismo. Quería ser de él como quería que él fuera mío, pero tenía miedo de que el niño o la niña que trajéramos al mundo mereciera esta vida.
Mis manos fueron a sus clavículas, cerca de su cuello. Su cabello negro hacía taparlo bien.
—Cariño, tengo que hacerlo —se acercó poco a poco, tirándome a la cama.
—Quiero hacerlo —se acercó a mi cuello, con una voz ronca, de esas que parecían derretir el hielo.
—Jeff, no creo que sea un buen momento —susurré, derritiéndome poco a poco en la cama.
Su olor tan penetrante y hediondo era lo que más me hacía débil ante él; como si fuera alcohol para un alcohólico, un cigarro para un fumador, una droga tan adictiva que hacía que perdiera la cabeza. Así eran las cosas con él.
Nuestros labios se acercaron. Estaban tan fríos. Poco a poco, sus labios empezaron a calentarse.