Capítulo 1
Milán, Italia. Año 2025. Medianoche.
Sofía Bianchi salió del club por la puerta trasera, el corazón latiéndole con fuerza y el bolso apretado contra el pecho. Dentro llevaba tres millones de euros en efectivo, robados del cargamento que Dante Rossi había dejado en el almacén de la periferia. Tres millones que no le pertenecían, pero que necesitaba para pagar el tratamiento de su hermana antes de que la enfermedad avanzara más.
"Solo esta vez", se repetía mientras caminaba rápido por el callejón oscuro, los tacones resonando en el pavimento húmedo. "Solo esta vez y salgo de esto."
Pero el destino ya la había alcanzado.
Un motor rugió al final del callejón. Faros negros cortaron la niebla. El SUV blindado se detuvo bloqueando la salida. Dos hombres bajaron, armas en mano. Detrás, la puerta del pasajero se abrió lentamente.
Y salió él.
Dante Rossi. Treinta y dos años. Camisa negra abierta hasta el pecho, tatuajes subiendo por el cuello como sombras vivas. Ojos oscuros que parecían ver a través de todo. El hombre al que nadie desafiaba y vivía para contarlo.
Sofía se detuvo en seco. El bolso casi se le resbaló.
-Sofía Bianchi -dijo él con esa voz baja y calmada, como si pronunciar su nombre fuera un placer-. ¿Pensaste que podías traicionarme y desaparecer con mi dinero como si nada?
Ella tragó saliva. Intentó mantener la voz firme.
-No es tu dinero. Es de un cargamento que ya te traicionaron antes. Yo solo... lo tomé primero.
Dante dio un paso adelante. Los dos hombres se quedaron atrás, inmóviles.
-Te equivocas -dijo él, acercándose hasta que Sofía pudo oler su colonia mezclada con el aire frío de la noche-. Todo lo que pasa en esta ciudad es mío. Incluyéndote a ti.
Sofía retrocedió hasta chocar con la pared húmeda. El corazón le latía tan fuerte que pensó que él lo escucharía.
-No soy tuya -respondió, alzando la barbilla-. Nunca lo fui.
Dante levantó la mano. Le tomó la mandíbula con firmeza, obligándola a mirarlo. Sus dedos eran fríos, pero controlados.
-Ahora sí lo eres -murmuró, acercando su rostro al de ella-. Me robaste. Me mentiste. Me hiciste quedar en ridículo delante de mis socios. Y por eso vas a pagar.
Sofía intentó apartarse. Le clavó las uñas en la muñeca.
-Suéltame -dijo con voz temblorosa-. O te juro que...
Dante la empujó suavemente contra la pared. El bolso cayó al suelo. Los fajos de billetes se desparramaron como hojas secas.
-¿O qué? -susurró él, pegando su cuerpo al de ella-. ¿Vas a gritar? Nadie te escucha aquí. ¿Vas a pelear? Te detengo antes de que lo intentes.
Sofía sintió lágrimas de rabia quemándole los ojos, pero no las dejó caer.
-Prefiero morir antes que ser tuya -dijo en voz baja.
Dante sonrió. Una sonrisa lenta, peligrosa, que no llegó a sus ojos.
-Buena noticia, pequeña. No tienes que elegir.
Le apartó un mechón de cabello de la cara con una ternura engañosa. Luego la tomó del brazo con firmeza.
-Te vienes conmigo. Vas a vivir en mi casa. Vas a dormir en mi cama. Y si intentas escapar otra vez... -se inclinó hasta que sus labios rozaron su oreja-... haré que desees no haberlo intentado.
Sofía temblaba. De miedo. De rabia. De algo que no quería nombrar.
Dante la soltó. Hizo una seña a sus hombres.
-Llévenla al coche. Y recojan el dinero. Todo.
Los hombres se acercaron. Uno la tomó del brazo con cuidado. El otro recogió el bolso.
Sofía miró a Dante por última vez antes de que la llevaran.
-No vas a tener nada de mí -le dijo-. Nunca.
Dante se metió las manos en los bolsillos y la observó subir al SUV como si fuera algo que ya le pertenecía.
-Veremos eso, Sofía -dijo en voz baja, casi para sí mismo-. Veremos cuánto tiempo aguantas antes de rendirte.
El SUV arrancó. Las luces traseras desaparecieron en la niebla.
Y en el callejón quedó solo el eco de su respiración calmada.