Llamas de nuestro secreto - AU She-ra - Omegaverse

Summary

Violett, la mano derecha de Shadow Weaver, solo quería terminar aquella misión y volver lo más pronto posible, ya que sentía el calor de su ciclo más cerca de lo normal. Glimmer, por su parte, solo quería demostrar que podía ir a aquella montaña abandonada y encontrar nuevas pistas de los planes Hordianos. Ambas son de distintos bandos, ideales distintos y ambientes distintos pero... ¿Eso es suficiente para evitar que la mejor Hordiana, Violett y la Princesa Alfa de Brightmoon, Glimmer, se entiendan? o ¿Existe la posibilidad que los polos opuestos logren abrazarse sin quemarse?

Genre
Fantasy
Author
Ricci1
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Rara vez sentía el calor del sol en la Zona del Terror. Y Violett lo sabía muy bien.

Toda su vida había sido la Horda: misiones, entrenamientos para controlar su magia del fuego... Sí, muy cliché que justo ella tuviera magia de fuego, pero ¿qué más podía hacer? No iba a ponerse caprichosa pidiendo otra.

«Espero que Shadow Weaver esté de buenas hoy. Ya pasó un año de la traición de Adora», pensó mientras miraba de reojo a Catra, que estaba regañando a Lonnie, Kyle y Rogelio.

«Ellos son buenos, pero no destacan mucho».

—¡Hey, Violett! —El grito de Catra la sacó de sus pensamientos—. Espero que no estés de vaga. Shadow Weaver te quiere ver en cinco minutos.

Catra no tenía buena cara. «Genial, me va a regañar a mí, su superior».

—Gracias por avisarme, Catra.

—Otra cosa, Violett —añadió Catra con un tono más bajo, malhumorado—. Últimamente andas muy encerrada en tu habitación. Es raro en ti.

Violett agradeció llevar la máscara puesta, porque estaba sudando a chorros.

«No debe saberlo».

—Leer. Los libros que Shadow Weaver me manda son muy largos... y hay bastantes tomos.

Catra suspiró.

—Vale. Mientras no me metas en tus problemas, haz lo que tengas que hacer.

Con una última mirada, Catra se alejó hacia la sección F; al parecer, Scorpia estaba distrayendo a los novatos con sus historias.

«Scorpia... ella es bastante amable. No encaja con la Horda», pensó Violett mientras caminaba despacio hacia el cuartel de Shadow Weaver.

«Catra es baja y Omega... me pregunto cómo le hace para evitar problemas con su heat». Últimamente sus pensamientos se descontrolaban.

Violett medía 1,72 m; Catra, desde su perspectiva, apenas llegaba a 1,61 m. Y eso que Violett era dos años menor. ¿Sería por eso que Catra refunfuñaba más cuando estaba cerca?

Los pasillos oscuros y mal cuidados eran los mismos que había recorrido desde los cinco años. Los mismo desde que entró a la Horda por primera vez.

Se detuvo frente a la puerta. Golpear era una opción, pero sabía que, dijera lo que dijera, Shadow Weaver estaría de malas.

«¿Por qué me habrá querido ver hoy? Ella misma me dijo que no quería verme hasta que encontrara una manera de traer a Adora».

Sin darle tiempo a huir como cobarde, la puerta se abrió. El olor a magia oscura y retorcida le provocó un leve mareo; su nariz siempre detectaba la magia.

—Entra.

La voz de Shadow Weaver era fría y distante. Violett obedeció.

El ambiente cambió drásticamente: pesado, cerrado, sin salida. Curioso.

Con un suspiro y una valentía que no supo de dónde sacó, habló primero:

—Catra me informó que me esperaba...

Fue interrumpida abruptamente.

—Necesito que vayas a las montañas lejanas de la Rebelión. Hay una gema que necesito para mi plan. En tres horas te quiero ver preparada. ¿Entendido?

La voz de Alfa de Shadow Weaver la paralizó un segundo.

—E-entendido, maestra. S-solo deme la información y en cinco días tendrá la gema.

Apenas podía respirar. Las feromonas de Alfa la estaban mareando como nunca. ¡No, no, no!

—En la mesa —señaló Shadow Weaver—. Ahí está todo lo que necesitas saber. Y sí, atinaste: tardarás cinco días. Ahora, largo.

Con una leve reverencia, Violett tomó las hojas y salió —prácticamente corriendo— hacia su habitación.

Ignoró las miradas de Lonnie, Kyle y Rogelio. Sobre todo la de Lonnie, esa Alfa que literalmente la ponía de nervios. Por temor a ser descubierta.

Con un portazo, se sentó en la cama. Se quitó la máscara; el sudor le cubría el rostro. Su pecho subía y bajaba con rapidez.

Temía ser descubierta. Desde los doce años, ese era su mayor miedo.

«¿Y si descubren que soy una Omega?»

Todo el esfuerzo para llegar donde estaba —mano derecha de Shadow Weaver, la Hordiana "Beta" más confiable de Hordak, su habilidad innata con la magia del fuego— no serviría de nada si la descubrían. Shadow Weaver jamás aceptaría a una Omega como su segunda al mando.

Con un suspiro, empezó a revisar las hojas que Shadow Weaver le había dejado.

«Debes de estar bromeando».

La montaña era lejana a la Rebelión, pero Violett sabía que, por esa dichosa gema, las Princesas querrían asegurar el bienestar de los inocentes.

«Oh, espera... ¿Cómo que está jodida gema es una rara mezcla de tecnología de los Primeros? Mierda, va a ir una princesa a buscarla... Mientras no sea Adora, la tengo fácil».

—Por eso no confía en que Catra haga esta misión... —murmuró—. Shadow Weaver sabe que Catra buscaría más que una gema para manipular a Adora. Aunque ahora que lo pienso... ¿qué obsesión tienen con Adora? Dejarla en paz es una opción sana... pero a lo mejor ellas no entienden esa palabra. Ni yo logro entender bien qué significa ser "sana".

No es que Violett fuera cercana a Adora y Catra; simplemente nunca entendió por qué Catra estaba tan resentida con Adora, si incluso la Alfa traidora le había ofrecido unirse a la Rebelión.

«Recuerdo cuando Catra dio positivo en Omega y Adora en Alfa». Los recuerdos vagos empezaron a tomar forma. Catra había llorado toda la noche; Adora intentó consolarla. Violett, en ese momento, no entendía por qué Catra lloraba... hasta que ella misma dio positivo en Omega. Falsificó sus papeles para que dijera "Beta" y fingir serlo. No iba a terminar en la calle, siendo una niña Omega desprotegida y sin dominar bien su magia.

«Catra no quedó a su suerte porque Adora convenció a Shadow Weaver de que se quedara».

Violett no sabía qué era más difícil: ser Omega o fingir ser Beta mientras intentaba no sentir atracción por chicas Alfas. Por suerte, eso nunca había pasado.

Físicamente era una chica Omega: cabello largo y blanco, ojos verdes, orejas élficas. Su estatura alta la ayudaba a aparentar ser Beta; casi todos los Omegas que conocía eran bajos.

—No quiero tardar mucho... siento que mi heat llegará pronto y no me quedan muchas pastillas... Venga, solo serán unos días. Si tengo suerte, no habrá nadie en mi camino.

Mientras tanto, en Bright Moon...

Angella, la Reina Alfa de Bright Moon, masajeaba su sien, preocupada por la "gran" idea de su hija.

—Glimmer —su voz parecía a punto de estallar—. ¿Segura que es buena idea que vayas sola a esa montaña abandonada solo porque crees que es real el mito de una mezcla rara de tecnología de los Primeros con una gema?

—¡Mamá! Es fácil: ir, buscar la gema y volver. ¡Nada difícil! Dile, Adora.

Adora, la dichosa Alfa traidora de la Horda, tomó la palabra.

—Majestad, la localización no es tan difícil y a Glimmer le tomará menos de cinco días. Además... es una ventaja que tendríamos contra la Horda.

Angella quedó pensativa. Ambas tenían razón.

Con un suspiro, asintió.

—De acuerdo. Mañana mismo irás... pero ¿es necesario que vayas sola?

—¡Es una distracción! Para que la Horda crea que estamos planeando aquí, mientras yo voy en un teletransporte directo a la montaña.

La idea no era mala.

Bow, que había estado en silencio, habló:

—Además, esa montaña casi nadie la visita por las leyendas. Empezó como cuento para asustar niños y terminó asustando a los adultos también. Glimmer explora y ganamos terreno.

Angella suspiró de nuevo.

—Bien. Mañana ve. Solo... ten cuidado. Pese a estar casi abandonada, hay gente peligrosa que ronda por ahí.

Glimmer hizo un gesto despreocupado.

—No te preocupes, mamá. La Horda no puede saber de la gema. Cuanto más rápido la tengamos, mejor ventaja.

Con eso, la "reunión" terminó y los chicos se fueron a la habitación de Glimmer a empacar.

Horas después...

Violett intentaba estar tranquila. Sus pastillas se habían acabado y no tenía forma de conseguir más de emergencia. No podía pedírselas a Catra. Ni siquiera se atrevía a pedir ayuda.

Con su capa oscura, espada ajustada a la cintura y sin máscara (había olvidado ponérsela y no tenía valor para volver a buscarla), sus botas pisaban flores rotas. Pésima idea dejar un rastro.

El calor subía poco a poco. Le faltaban varias horas para llegar a la entrada de la montaña.

No era la más valiente de la Horda. Tenía magia de fuego, sí, pero rara vez enfrentaba enemigos directamente; siempre preparaba trampas para evitar conflictos. Era la única forma de que no olieran sus feromonas de Omega en batalla.

Aun así, se las arreglaba para mantener la confianza de Hordak y Shadow Weaver. Sabía que Catra se esforzaba el doble por un simple vistazo de aprobación. A ella le bastaba con la magia y fingir ser Beta para que Hordak no la presionara.

«Solo céntrate en buscar el punto débil de la Rebelión», le había dicho Hordak una noche en que regresó sin ningún súbdito con vida. No durmió en toda la noche.

Para Violett, Catra no parecía fuerte físicamente. Más allá de su carácter, siempre veía en ella a la niña que solo quería un poco del cariño de Shadow Weaver. ¿Quién sabía qué era el cariño en la Horda?

No podía evitar sentir envidia de Lonnie, Kyle y Rogelio, que podían ser amigos. Ella debía pedir permiso hasta para una conversación casual con un guarda.

Miró el cielo oscuro. Había leído sobre "estrellas", pero nunca las había visto... salvo un recuerdo vago de niña: tomada de la mano, una voz lejana, dulce y amable. Las estrellas brillan.

Sacudió la cabeza. Debía pasar la noche en el pueblo abandonado que encontró. Odiaba la oscuridad. Shadow Weaver la castigaba encerrándola en cuartos oscuros y pequeños. Desde entonces le daban ataques de pánico al sentirse encerrada en la penumbra.

Una casita parecía en buen estado: cama sin telarañas, sin suciedad.

—No parece abandonado hace mucho. No fue la Horda... si no, sabría dónde ir y no estaría caminando como idiota por horas.

Violett no era experta en bien y mal. Solo sabía sobrevivir sin que Alfas la tocaran.

Rastros de sangre semi-seca, ventanas y puertas rotas. Feromonas de Alfas violentos y Omegas asustados. Casas destruidas, huellas de lodo, trozos de ropa.

—Saqueo, sin duda. Si no, ¿por qué tomarse la molestia de llevarse solo Omegas?

Observó por la ventana. Olor fuerte a feromonas sexuales de Alfas a lo lejos.

—Hay Alfas rondando la zona de la montaña... Mejor me escondo en esa habitación. No parece que hayan entrado ahí... o tal vez no les dio tiempo a los Omegas de esconderse. Da igual.

Pese a estar acomodada en la cama oculta, su mente iba a mil: escenarios hipotéticos la dominaban.

«¿Y si entro en heat y un Alfa se aprovecha?» «¿Y si me encuentro con una princesa y entro en heat? Bueno... a lo mejor me ignoran y encuentran la gema».

De pura suerte pudo dormir.

Debía entrar a la montaña sin levantar sospechas de esos Alfas. Cualquier otra Omega con su magia se habría enfrentado a la pandilla para liberar a los cautivos... pero Violett, lamentablemente, no se atrevía. Los Alfas tenían la Voz de Comando. Podían usarla contra ella... No, simplemente no podía ni pensarlo. Prefirió dormir.

En la Mañana, temprano

Glimmer sentía las feromonas alfa bastante fuertes. La rabia por la existencia de alfas que se aprovechaban de omegas débiles le hacía hervir la sangre.

Caminaba hacia la montaña con la mochila al hombro cuando captó el hedor inconfundible: feromonas sexuales de alfas mezcladas con las de omegas reprimidas y aterrorizadas.

—¡Mierda! Están cerca —masculló entre dientes—. No puedo seguir buscando la gema mientras hay omegas en manos de abusadores.

Con rapidez, siguió el rastro de esas asquerosas feromonas sexuales. Su olfato le daba una ventaja enorme: podía memorizar y rastrear aromas con precisión quirúrgica.

A lo lejos, Violett solo observó como 8 Alfas (5 hombres y 3 mujeres) se llevaban a 9 Omegas (5 chicas y 4 chicos), tenían la ropa rasgada, con manchas rojas y blancas en sus piernas -Violett no se atrevió a identificar las manchas blancas-, sudando y visiblemente sus ojos rojos de impotencia.

Estaban en la entrada segura de la montaña. Apretó las manos, no tenía la fuerza para enfrentarse a 8 Alfas, si fueran menos, quizás los podía distraer para que los Omegas puedan tener tiempo de escaparse pero no.

"Son muchos"

Detrás de las grande rocas, Violett pensaba en un plan que no involucre meterse con aquellos Alfas. No se atrevía siquiera volver a asomar la cabeza. Se maldijo al no traer un súbdito, a lo mejor hacia de carnada.