Capítulo 1
Es un día normal en la prestigiosa Universidad Superior de Música, Axel se encuentra inmersos en sus partituras mientras Mad lo acompaña a su lado, molestando para que pierda su concentración y le ponga atención a él.
— Mad, por milésima vez, déjame concentrarme, necesito estudiar. — El ceño fruncido de Axel le demuestra que ya ha sido suficiente, sus orbes azules se clavan directamente en el rostro burlesco de Mad.
— Estudiar, estudiar, estudiar…eso es todo lo que haces todo el día, Axel. ¿Sabes lo que tu cerebro necesita? Un descanso. — Mad aparta las partituras del frente de su amigo y se apega a su hombro para que se centre en él. — ¿Qué tal si tomamos café? Esta vez invito yo~ — Le guiña el ojo, su sonrisa es juguetona y maliciosa. — Vamos~ no vas a morir por un momento libre, eres el cerebrito de tu generación.
El rostro de Axel se mantiene serio, con un pequeño tic en el ojo. Mad siempre lo sacaba de quicio, día y noche, desde que eran pequeños, pero aún así disfrutaba de su compañía y sus estupideces. Conocía al azabache mejor que nadie y sabía que siempre que no tenía un novio se ponía más apegado al castaño.
— Si te acepto el café ¿dejarás de comportante como un idiota? — Axel suspiró profundamente, sabía que si no aceptaba, Mad no se callaría y no pararía de insistir.
— ¿Un idiota? Prefiero que me llames “una distracción profesional”. Pero, acepto, trato hecho. Café ahora, estudio de cerebrito después. — El joven se levanta de su asiento, se pone su chaqueta y su mochila encima. Ayuda a su amigo a guardar sus partituras y se ríe por lo bajo al escucharlo refunfuñar.
Así es Axel, un genio de la música, enfocado y dedicado a lo que más ama. Suele verlo estresado y de mal humor, pero eso es lo que más le encanta de él. Mad en cambio, era su opuesto perfecto, un chico revoltoso, bromista, amante de la diversión y él que menos conocía el concepto de espacio personal. Ambos encajaban de una manera extraña, pero agradable.
— ¿Y bien? ¿Vienes, Axel, o me vas a hacer tomar el café yo solo? Lo cuál sería bastante cruel. — Suspira dramáticamente mientras veía a su pequeño amigo levantarse aún con el ceño fruncido.
— Voy, voy… — Axel resopla pesadamente. Se acercaban los exámenes finales y le gustaba estar siempre muy preparado. A veces pasaba noches desvelado para poder estudiar debido a que su carrera era muy exigente, pero ese no era el verdadero motivo por lo que pasaba con la nariz pegada a las partituras. Un amargo y reciente recuerdo le rondaba por la cabeza y cada vez que se daba el tiempo de sentir, un hoyo en su corazón se formaba. Hace unas cuantas semanas Axel había terminado con su exnovio, ¿el motivo? él ya no lo amaba y había buscado compañía con otro chico de su clase.
— Me impresiona que tengas tanto tiempo libre... ¿no tienes exámenes también? Te recuerdo que vamos a la misma facultad, genio. — El castaño se levanta, le quita las partituras de las manos a Mad y las guarda con sumo cuidado en su bolso. Ya listo, le hace una señal con la cabeza para ponerse a caminar.
— ¡Claro que tengo exámenes! ¿Pero qué sentido tiene estresarse por ellos todo el día? Es contraproducente. El cerebro necesita descansar, ¿sabes? Además, un buen café y una excelente compañía me ayudan a concentrarme mejor. Es ciencia amigo patata. — Mad se pone a su lado, chocando constantemente su hombro a propósito, le encanta ver perder la cordura a su pequeña patata.
— No me llames así idiota… — El apodo favorito de Mad, llevaba años atormentándolo con que su cabello tenía el mismo color que una patata, además siempre que podía hacía alusión a la diferencia de estatura que había entre ambos. Mad era un gigante a su lado, la genética le había favorecido en ese aspecto y Axel se habría quedado midiendo solo 1.67 cms.
Pasaron un corto rato caminando por fuera de la facultad, al cabo de unos minutos, un pequeño edificio se asomaba en una esquina.
— ¡Ahí está! Es el mejor sitio que he encontrado por aquí. Preparan un latte de caramelo que no tiene nada que envidiar a las cafeterías más costosas de la ciudad. — Mad tentaba a Axel con el café, sabía que era su debilidad y que ante cualquier malestar una taza de café solucionaba todo. — Siente ese aroma del grano recién tostado~
— Ya entendí Mad… Espera, ¿este sitio es nuevo? No lo recuerdo desde que nos mudamos por aquí. — Una chispa de emoción se asomó en los ojos del castaño, había estado tan concentrado en sus cosas y la mudanza que nunca notó la pequeña cafetería de la esquina. Siendo un fanático del café era un verdadero error.
— No, no es nuevo. Solo tú no lo has notado porque llevas encerrado en tu cueva mucho tiempo querido. Este sitio es el mejor para los estudiantes estresados que quieren evadir otras cosas con estudios.
— ¡O-oye eso no…! — Axel no alcanzó a terminar la frase, Mad ya estaba empujándolo dentro del lugar para evitar un posible golpe por hablar de más. Al entrar una bofetada de olor a café y dulces le acarició el rostro al chico, justo lo que necesitaba.
— Después de ti, mi querido Axel Leduc.
Al entrar al local, Axel queda maravillado, siente la acogedora y abrasadora calidez del interior, la música suave lo envuelve y enseguida una camarera los atiende y lleva a una mesita apartada de la gente. Mad lo había planeado todo, eso era seguro, sabía perfectamente lo que estaba necesitando. Después de la música, el café es su amor predilecto, su escape secreto y, al contrario de algunas personas, su relajo.
— Debo estar tan estresado que no noté este lugar. — Soltó un suspiro largo y pesado al darse cuenta. - Admito que, solo esta vez, eres un genio Mad. Te ganaste un café la próxima vez que vengamos aquí. — Una ligera sonrisa se asoma en los labios de Axel, pasar tiempo con Mad es reconfortante aunque a veces lo moleste. Él es su persona segura en todo el mundo, su refugio y su mayor soporte en estos tiempos tan abrumadores y oscuros para él.
— ¿Un genio, dices? Tendré que recordarlo. — Mad infla ligeramente el pecho ante su cumplido, con una sonrisa orgullosa dibujada en su rostro, dejando ver levemente sus colmillos afilados, una característica de él cuando estaba verdaderamente feliz. — Te tomaré la palabra para el próximo café querido.
Ambos se sientan, en silencio se retiran sus chaquetas y bolsos y disfrutan de una distendida conversación, que para variar, es de música. Es el hilo que les une desde que se conocieron y el refugio de ambos hasta el día de hoy.
— Me alegra verte sonreír, Axel. Te concentras tanto estudiando…y realmente te ves muy interesante, pero me gusta más verte disfrutar y estar relajado. Sé…que hay algo que te molesta, sino no estarías tan encerrado en tus partituras. ¿Qué pasa?
Justo en el momento que Axel iba a abrir su boca llega la camarera con una pequeña libreta en sus manos.
— Buenas tardes, ¿ya decidieron que van a pedir?
— Mmm…me gustaría probar el nuevo latte caramelo que tienen en la vitrina y para mi amigo…¿Lo de siempre o te sientes atrevido para algo más? — Sonríe burlesco, sabe que Axel siempre pide lo mismo en todas las cafeterías, pero quería molestarlo un poco más.
— Muy chistoso Mad, pero no te daré el gusto esta vez. Voy a probar lo mismo que mi amigo, el latte caramelo. — Orgulloso de sus palabras mira a Mad desafiándolo a decir algo más. — Espero que tu recomendación sea buena o me sentiré estafado por ti.
Mad se echa hacia atrás riendo a carcajadas, la camarera les mira extrañada, pero anota sus pedidos y se retira con una leve reverencia. Ya más calmado, el azabache en un atrevimiento toma una de las manos de su amigo para estrecharla con fuerza.
— Admito que esta vez me atrapaste Axel. — Apretó una vez más su mano contra la suya, sabiendo que el contacto físico no era lo favorito de Axel, pero al ser Mad, este lo toleraba un poco más. — ¿Y bien? ¿Quieres contarme ahora? — Apoya su barbilla entre sus manos, dirigiendo toda su atención hacia la cara de preocupación de su amigo, a Mad no se le escapaba nada cuando al castaño le pasaba algo por la mente, algo que ya llevaba semanas perturbándolo.
— Está bien… — Axel se rinde ante la insistencia del pelinegro, tomó aire y procede a contar lo que le afligía. — Bueno…hace semanas que no quería salir a ningún lugar, sabes…todavía todo me recuerda a él, lo veo en todas partes junto a su nuevo novio. Empecé a encerrarme en la biblioteca para evitarlo, sumergirme en mis estudios para no pensar en nada más, para no sentir…pero, es imposible. — Su voz se notaba afectada y cansada, en sus ojos se podía ver la nube gris que le seguía arrastrándolo por el dolor, sus manos aún temblaban del enojo y la pena de la traición. Creía que se había enamorado, pero estaba completamente equivocado. — No lo entiendo…¿qué hice mal?
— Axel. — Mad tomó ambas manos de su amigo, le miró directamente a sus ojos con una seriedad que ni él mismo se esperaba. Verlo ahí, tan vulnerable y dolido, sufriendo en silencio y tratando de escapar de su propio dolor, le destrozaba el corazón. — No tienes que esconder ese dolor. Lo que te hicieron no fue justo y creéme que si algún día llego a ver a ese imbécil me encargaré de partirle la cara en tu nombre.
— Jaja…no es necesario que hagas eso Mad…con solo estar aquí, ahora, es más que suficiente para mi. Gracias. — Una sonrisa pequeña y dolida se reflejó en el rostro del castaño, sus manos apretaron las de su amigo en un gesto íntimo de seguridad, Mad lo conocía demasiado bien y sabía lo mucho por lo que estaba pasando.
Pasado unos minutos de conversación casual para distraer a Axel, la camarera llegó con sus pedidos, junto con una pequeña porción de galletas de vainilla.
— Cortesía de la casa, disfruten su pedido, cualquier cosa que necesiten estaré aquí. — Con otra reverencia la chica desapareció tras el mostrador, dejándoles un momento de soledad para ambos.
Axel no dudó ni un segundo en probar su café y al momento en que sus labios tocaron el suave líquido caliente, abrió sus ojos con sorpresa. Sus ojos se encontraron con los de Mad, tenía razón con el café. No tardó en seguir tomando mientras Mad lo miraba satisfecho por verlo tan motivado.
— Sabes…estaba pensando…ya que ambos estamos estresadísimos con nuestras estudios. — Comenzó Mad con lo que probablemente sería una de sus ideas novedosas para evadir la universidad.
— ¿Ambos? — Axel levantó una ceja casi no creyéndole.
— Sí, ambos… — Se aclaró la garganta para proseguir, la sonrisa en sus labios presagiaba que la idea le emocionaría. - Hay un pequeño club de jazz en el centro, el “Blue Note”, tienen una noche de micrófono abierto que me gustaría probar~ — Hace una pausa, esperando a ver la reacción del contrario, tal vez Axel ya sabía hacia dónde se dirigía la propuesta.
— Noche de copas ¿verdad?
— ¡Bingo! Nada mejor que una noche, un par de tragos y un karaoke desafinado para tus oídos. Estoy seguro que quedarás completamente encantado. O…si te animas puedes cantar también, debes tener una hermosa voz secreta que tal vez no haya escuchado.
— ¿Yo, cantar? Olvídalo… — Axel suspiró pesadamente, recapacitando sobre la propuesta de Mad, verlo tan emocionado y esforzándose tanto por subirle el ánimo le terminó de convencer para aceptar la salida. — Está bien, acepto, pero ni en sueños me pases el micrófono, solo lúcete tú.
La idea de salir a beber dejó impresionado a Axel, hacía mucho tiempo que no se distraía junto a su amigos y ya casi había olvidado lo que era disfrutar de su tiempo libre. Desde que había terminado su antigua relación el mundo se había hecho pesado y lúgubre, sus sentimientos de desconfianza y de insuficiencia no hacían más que aumentar. Es por eso que Axel se sumergió en sus estudios, para olvidar sus sentimientos, para olvidarlo a él.
Axel se quedó pensativo un rato, mirando su taza de café y como el humo formaba indescriptibles figuras. Mad se silenció por un momento y en un acto de sacar a su amigo de sus pensamientos le acercó una galleta a sus labios.
— Ten, debes comer algo o sino nunca crecerás más.
— Oye… — Axel aleja la galleta de su cara y se la arrebata de los dedos a Mad para poder comérsela. - Está buena…gracias por todo Mad.
— Para eso están los amigos ¿no? — Una sonrisa no burlesca apareció en sus labios, su mirada se posó en la figura deprimida de su pequeña patata, no le gustaba verlo así, pero entendía que era parte de la ruptura sentirse así. — Ahora…si yo fuera tu novio, te podría animar de otra manera~
— No empieces Mad, ¿tan temprano y ya me estás coqueteando? — Axel soltó una risa suave, sabía que el azabache siempre lanzaba esas bromas en doble sentido, pero a veces, y solo a veces, sentía que no jugaba con eso.
Pasaron los minutos, la conversación entre ambos volvió a ser casual, las risas flotaban entre la música y las voces del resto de la gente. Axel miró la hora en su celular y le hizo una señal a Mad, si no se apresuraban la noche de karaoke partiría sin ellos.
— Mad, volvamos al departamento para alistarnos.
— De acuerdo querido~ Necesitas una buena ducha para quitar esas ojeras. — Mad le pellizcó la nariz a Axel mientras levantaba la mano para pedir la cuenta. — Recuerda que yo te invito esta vez.
Luego de pagar y salir del local ambos se dirigieron al departamento que ahora compartían. Mad había insistido en que se mudaran juntos para que Axel no tuviera que estar solo con los recuerdos de su ex. Poco a poco el chico se sentía bienvenido en un verdadero hogar, donde Mad había resultado ser un excelente compañero de piso. Todo lo contrario a la imagen bromista y despreocupada que el pelinegro daba hacia el exterior.
Al llegar al lugar Mad abrió la puerta primero dejando pasar a su compañero primero junto a una juguetona reverencia.
— Después de usted, su alteza.
— Que caballero eres conmigo. — Bromeó Axel a la vez que le correspondía la reverencia con otra igual a modo de juego. — Creo que cada vez me acostumbro más a vivir contigo, esperaba que fueras un torbellino, pero eres bastante ordenado con todo.
— Patata~ No seas exagerado, no soy “tan caótico” todo el tiempo. Hay veces que puedo ser un dulce de persona. — Abraza desprevenidamente a Axel a la vez que entran juntos al departamento, refriega su cabeza en el cabello castaño de su amigo, como si fuera un adorable peluche para estrujar.
— ¡Ya, ya! ¡Suelta! — Mad solía aprovecharse demasiado del contacto físico, sabía que el castaño no lo toleraba mucho, pero poco a poco cedía a este. Luego de un breve forcejeo logró liberarse. - Anda a arreglarte.
— Sí, mi señorito. — Dicho esto el mayor cumplió su promesa, se apartó y corrió a su habitación para comenzar a alistarse.
Pasado un rato ambos chicos estaban listos, Axel vestía un sueter negro con una chaqueta café oscura, pantalones negros y su característica boina roja, su amuleto de buena suerte. En cambio, Mad llevaba una camisa negra con rayas verde manzana, unos vaqueros oscuros y sus habituales gafas.
— Pero qué hombre tan guapo~ Axel ¿ya te he dicho que eres mi tipo? — La sonrisa maliciosa del azabache se ensanchó de oreja a oreja, de ella sobresalen sus colmillos con el mismo brillo de maldad y provocación.
— Muchas veces Mad, deja de coquetearme cada 5 minutos. — Un leve sonrojo apareció en la cara de Axel, si bien estaba acostumbrado a los halagos y atrevimientos de Mad, todavía no podía controlar sus reacciones avergonzadas. — Ya vamos, así podemos llegar temprano y puedes deslumbrar a tu público.
— Al único que me interesa deslumbrar es a mi querido director patata~ — Hizo caso omiso de las advertencias de Axel, nunca pararía de molestarle de ese modo, sobre todo porque se trataba de la persona que sus ojos no podían apartarse.
El pequeño castaño sabía que si trataba de responder a sus incitaciones no terminarían nunca, tomó las llaves del departamento y abrió la puerta. Mad lo siguió de cerca, tarareando y moviéndose emocionado. El camino al bar era corto, al igual que la cafetería, se encontraba a unas cuadras caminando del departamento de ambos. Axel debía admitir que el lugar que Mad había escogido para vivir era ideal, estaba cerca de la universidad, de cafeterías, del subterráneo. Ahora entendía el valor de la renta, aún así, vivir con él era mejor que estar solo en un hogar que su exnovio había dejado atrás. Las palabras de Mad hicieron sonrojar ligeramente el rostro de Axel, se sentía bienvenido en un nuevo espacio que poco a poco se hacía un hogar.
— A todo esto… — Axel no sabía si iniciar una conversación que hacía tiempo tenía ganas de saber. — ¿No me habías dicho que estabas interesado en alguien de la universidad? ¿Qué pasó, ya te rechazaron?
— Ah, eso… — Pareció vacilar un poco antes de responder, por unos segundos el rostro de Mad perdió su típico brillo juguetón. — Creo que es algo no correspondido.
— ¡¿Bromeas?! La mitad de la universidad está detrás de ti… — La cara de asombro de Axel fue monumental, no le cabía en la cabeza que alguien rechazara a su amigo, hasta él lo encontraba atractivo físicamente y su personalidad lo hacían único. — Hasta a mi me pareces un tipo…interesante.
— Vaya~ si me dices eso me darán ganas de devorarte Axel. — Mad rió por el último comentario, para él lo más importante era la opinión de su amigo, después de todo llevaba años guardando algo intenso en su interior, algo que probablemente no sacaría a la luz.
— ¡Te estoy animando! No es para que me incluyas en tu menú de conquistas casuales. — Axel refunfuñó, no le gustaba pensar que Mad jugaba con él como si fuera algo pasajero. Sacudió su cabeza alejando los pensamientos de su mente, mientras sus ojos encontraban a la distancia el bar.
— Ahí está~ el Blue Note. He leído muy buenas reseñas del lugar, además de tener el mejor jazz de la ciudad, bueno, el mejor después del tuyo. — Le guiña el ojo, a la vez que llegan al local.
Al entrar al lugar una suave música se filtra por la puerta, hipnotiza a ambos y los invita a pasar, el bullicio de la gente era suave y las luces cálidas le daban un toque familiar al lugar. Mad busca con la mirada un lugar más intímo cerca de la barra, encontrado se sienta y le hace una señal a Axel para que lo siga. A su lado hay un pequeño escenario, con un micrófono al medio en espera de que sea domado por alguien y un solo foco iluminaba el centro.
— Me está esperando~ voy a ir a conquistar corazones para poder darte todo mi tiempo esta noche querido. - El mayor estaba listo para devorar en el escenario, después de todo era lo suyo.
— Ve por ellos idiota, yo estaré aquí fijándome que no desafines ni una nota, después de todo, soy tu director. — Axel se cruza de brazos orgulloso, sabe lo excelente músico que es Mad y siempre es un placer para sus oídos escucharlo. Aún así, le gustaba desafiarlo, sabía que cada reto de él se lo tomaba realmente en serio.
Mad respira hondo, con la mirada fija en el pequeño e íntimo escenario. Un destello de nervios y emoción cruza su rostro, pero desaparece enseguida, reemplazado por su familiar sonrisa de confianza. Le guiña coquetamente el ojo a Axel antes de partir y subirse al escenario. Axel recordó que años atrás ,Mad no se atrevía a pararse en un escenario y se frustraba mucho de no poder cantar frente al público, pero ahora y gracias al estudio que Axel le había acompañado durante años, brillaba en todos los lugares que se paraba a cantar y los hacía suyos siempre que podía. Ese gran cambio mantenía orgulloso al castaño, siempre era feliz de verlo tan inmerso en la música.
— Eres un gran artista Mad.
El público comenzó a aplaudir mientras el pelinegro se toma un momento para ajustar el pie del micrófono, con movimientos tranquilos y pausados. Le dirige una última mirada a su amigo y hace una señal con la cabeza para empezar con la pista. Mientras los primeros acordes de un clásico de jazz suave y conmovedor empiezan a sonar por los altavoces, Mad se coloca bajo las luces, abre sus labios y suavemente comienza a cantar con su característica voz aterciopelada.
Axel reconoce la suave melodía que comienza a sonar, “Fly me to the moon”, al igual que Mad, ama el jazz con su vida y es por ello que se motivó a seguir el camino de la música. El sonido de la pista junto con la exquisita voz de Mad le llegan al corazón y siente como una chispa de alegría se enciende en su interior. No sabe si el momento le hace emocionarse más de la cuenta, pero en verdad lo admira y le hace despertar un montón de sentimientos.
La voz de Mad llena el pequeño recinto, una caricia suave que envuelve a todo aquel que le escucha. No solo canta las notas, cuenta una historia, interpreta un personaje lleno de amor que desea entregar, pero se siente doloroso y profundo, un anhelo de querer entregar un mensaje desesperado. Axel denota la pasión en su rostro, en cómo su cuerpo se mueve con el ritmo de la música y como los ojos del mayor no dejan de mirarlo.
Es una actuación natural e intensamente personal, como si compartiera un secreto con todos los presentes. El público está cautivado, un silencio los envuelve cuando alcanza la última frase “I love you”, pasan solo segundos antes de que el público estalla en aplausos y elogios hacia el artista.
Axel se encuentra conteniendo la respiración, completamente atrapado por el hechizo que Mad teje con su voz, aplaude igual de efusivo y se levanta de su asiento para demostrar mayor apoyo. Se siente como un sueño, donde la pena y el dolor se han desvanecido. Los ojos azules de Axel siguen la figura de su amigo cuando se baja del escenario y vuelve junto a él.
— ¿Ves? Te lo dije. Público dominado. — Una sonrisa triunfal se instala en el rostro de Mad lleno de confianza y emoción, esta vez más de lo normal al tener a su querido amigo entre el público.
— Deslumbras el escenario Mad. Admito que ganaste la invitación a los tragos por esta noche. — Le sonríe con ternura, mientras levanta su mano para llamar al bartender. — Dos jarras de cerveza por favor.
— A su orden. — El bartender rápidamente toma dos jarras de vidrio y las llena con un líquido ámbar, frío y listo para disfrutar. Les deja los tragos en la barra, ambos no dudan en dar su primer brindis.
— Por ti Mad. — Axel alza su jarra y se la lleva a los labios, da un gran sorbo y exhala por el gusto y lo frío de la bebida. — Ha pasado tiempo desde que no salíamos a beber… gracias Mad.
— Por nosotros, mi querido director patata. — Mad copia el gesto del castaño, sosteniendo su mirada, en ella se puede ver un profundo y orgulloso cariño.
— Sabes, Axel…esta es la mejor sensación del mundo.
— ¿Estar ahí arriba cantando? Por supuesto que lo es. — Un nuevo sorbo, largo y continuado hacen que la jarra de Axel llegue a la mitad.
— No me refiero a solo eso. Hablo de venir aquí contigo, saber que estás entre el público apoyándome siempre…esa es la fuerza que me mueve al cantar, tú eres el que me hace querer lograrlo. — Da otro sorbo a su bebida, sin apartar la mirada de los ojos sorprendidos de Axel, la intensidad de sus palabras aleja toda posibilidad de que sea una broma, él habla en serio. — Eres el único que siempre estuvo ahí.
— M-mad ¿estás bien? — Axel le mira extrañado, piensa que tal vez el alcohol le está afectando, pero rápidamente recuerda que su amigo es un gran bebedor y tiene una resistencia al trago legendaria. El castaño se sonroja de nuevo, desvía por un momento su mirada con nerviosismo. — Tú también eres muy importante para mi…eres el único que me aguanta mi mal carácter, el que me acompaña cuando me desvelo, el…que estuvo ahí cuando rompí con…
Un dedo silenció los labios de Axel, sus palabras se cortaron de golpe y sus ojos volvieron a clavarse en los de Mad. Algo se movía en su interior y no era solo el alcohol que ya comenzaba a afectar, a diferencia del azabache, Axel era pésimo para beber.
— Él ya no está aquí Axel, ya no te atormentará más. — La voz de Mad se siente más cautivadora que de costumbre. Axel no despega su mirada de los ojos de Mad, escucharlo hablar le abraza en un sentimiento que no sabe cómo describir.
— No entiendo…de verdad lo estoy intentando. ¿Qué hice mal con él? ¿Estoy…roto? — Los ojos de Axel se humedecieron al sentir como los recuerdos viejos volvían a él, pese a que quería distraerse, los sentimientos afloraron gracias al trago. — Creo que me hubiera dolido menos si me decía que simplemente ya no me amaba…siempre lo supe, pero quería escucharlo de él…quería…
Axel se quedó en silencio, las incontenibles lágrimas por fin salían de su ojos, corrían por sus mejillas sin control alguno. Con sus manos trató de detenerlas, pero no surtía ningún efecto. Se sentía miserable, abandonado y desechado. Creyó haber amado, pero era solo una ilusión de su adolescencia.
— L-lo siento…debe ser el alcohol.
Mad no pronunció ninguna palabra, le escuchó con atención y al terminar de hablar atrajó el pequeño y vulnerable cuerpo hacia él en un abrazo fuerte y apretado. Sentía la calidez de las lágrimas en su camisa, el cómo su amigo se desplomaba entre llantos y quejas. Mad solo lo sostenía, lamentando no poder hacer más allá. Llevó su mano a la nuca del castaño y la acaricia con ternura para darle, aunque sea, una gota de consuelo. El dolor en su pecho todavía duele y no puede evitar sentirse avergonzado por verse tan vulnerable, pero estar ahí, junto a Mad hacía la diferencia.
— Estás a salvo aquí Axel…ya pasará.
Las palabras de Mad sobresalieron del bullicio de la gente, se escucharon cálidas y reconfortantes. Axel se aferró a la espalda del pelinegro sin querer separarse por un largo rato, acunó su cabeza en el latir del corazón del contrario y poco a poco se fue tranquilizando. Con lentitud Mad soltó al castaño y con una delicadeza extrema tomó su rostro entre sus manos, levantándose para que le mirara fijamente. Su pulgar limpia una pequeña lágrima que quedaba en su mejilla y da círculos acariciándolo con ternura.
Axel se queda hipnotizado, sin vacilar en su mirada. Observa cada detalle del rostro de Mad y algo en su pecho se siente más cálido que antes. Lo entiende ahora, esa inquietud de años de cuestionarse algo que no deseaba profundizar. “¿Qué pasaría si fueras tú?” La pregunta volvió a su mente, pero la respuesta ya la sabía. Tragó con esfuerzo, sintiendo el ardor que había dejado el alcohol en su garganta, sus rostros frente a frente parecían ser atraídos con una fuerza magnética.
Mad contiene la respiración y sus impulsos por quebrar esa pared invisible, ve el dolor en los ojos de Axel y no quiere aumentar su confusión. Sus propios sentimientos han pesado por años, él era su primer y único amor, desde el momento en que se conocieron, Mad le adoraba realmente. Axel no era una aventura pasajera, era su mundo, su todo y temía que esa ilusión no fuera correspondida nunca. Como consuelo buscó a otras personas al saber que Axel estaba con alguien, pero nada llenaba ese vacío en su pecho. Ahora, estaban ahí, mirándose como si el mundo a su alrededor no existiera. ¿Sabría Axel lo desesperado que estaba?
La mirada de Axel se enternece, y un sonrojo en sus mejillas comienza a aflorar junto al deseo oculto por años de ambos. Se siente como si fuera un sueño, todo el ambiente, la música, las luces, el bullicio y el latir de su corazón le empujan unas ganas guardadas. Sin pensarlo más, acorta por fin la distancia entre ambos y cruza esa invisible línea de amistad que los mantenía alejados, la rompe y la borra de su existencia. Sus labios se juntan con los de Mad en un impulso irrefrenable. En un principio el tacto es suave y tímido, pero a medida que pasan los minutos se vuelve intenso y necesitado. Ambos entrecierran sus ojos disfrutando el momento, el mundo afuera de su círculo ha desaparecido y solo queda el sonido de sus bocas en un vaivén cálido.
Un suspiro suave, casi inaudible, escapa de los labios de Mad cuando finalmente se encuentran, es una colisión de años de sentimientos no expresados, una súplica desesperada y silenciosa que cobra voz al apretar sus bocas. Se derrite contra Axel, sus brazos le rodean la cintura, atrayéndole hacia él. Una mano sube para acunar su nuca de nuevo, sus dedos se enredan en el cabello mientras sigue con el beso con fervor, una respuesta silenciosa y desesperada a una pregunta que ambos se han hecho durante años.
Poco a poco ambos vuelven al flujo del tiempo y se separan en la necesidad de respirar. Sus ojos se abren con pereza y lentitud, todavía ensoñados por lo que acaba de pasar.
— Lo…siento…yo — Un bloque de realidad cayó de golpe en la mente de Axel. ¿Qué acababa de hacer? Sus manos se dirigieron a sus labios, todavía adormecidos por la sensación del toque ajeno. Desvía su mirada, avergonzado y con miedo a que su amistad se hubiera destrozado.
— No lo sientas… No ahora, por favor. — Una súplica escapó de la boca de Mad, anhelando que el momento no se rompiera por la culpa. Sentía el nerviosismo de Axel frente a él y para no dejarle escapar ahora fue Mad quién le atrapó en un nuevo y deseoso beso.
Aunque corto, pero intenso, el beso le sirvió a Axel para disipar sus dudas. Sus manos se encontraron con las de Mad y lo jalaron para levantarse de su asiento.
— Volvamos a casa… — Una pequeña indirecta que esperaba que Mad entendiera, ya no quería detenerse, quería seguir más allá del límite. — No me voy a arrepentir de nada.
Esa fue la chispa que encendió la desesperada contención de Mad, Axel le estaba correspondiendo. El azabache finalmente se levantó, dejó un par de billetes sobre la barra y arrastró a Axel hasta la salida. La noche de karaoke había terminado.