Secretos en tu pequeña mente

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Summary

North Hall siempre había sido un pueblo tranquilo… hasta que Elizabeth presencia algo que no debería haber visto. Una noche que parecía un sueño se vuelve demasiado real, y su primer día de clases no será nada normal. Nuevos compañeros, secretos inexplicables y un club de creación literaria la ponen en el centro de situaciones que desafían la realidad. Entre chicos misteriosos, bromas que esconden verdades y susurros que no puede ignorar, Elizabeth descubrirá que a veces la ficción refleja la realidad más de lo que pensamos. ¿Podrá distinguir lo que es real de lo que es ilusión?

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: La realidad detrás del espejismo

North Hall siempre había sido un pueblo tranquilo. Un lugar donde las noches pasaban silenciosas y nadie preguntaba demasiado sobre lo que ocurría después de que las luces se apagaban. Las calles eran calmadas, las casas parecían iguales entre sí y daba toda la sensación de seguridad… aunque, a veces, esa calma solo era una ilusión.

Elizabeth se despertó sobresaltada a mitad de la madrugada. Su respiración era agitada y el corazón le latía con fuerza como si acabara de correr un maratón. Durante unos segundos no supo dónde estaba. Su habitación estaba en silencio, envuelta en penumbra, pero algo no se sentía bien. Había escuchado ruidos, como si algo se acercara, como si alguien respirara con dificultad.

Todavía adormilada, se levantó de la cama y caminó hasta la ventana. Con manos temblorosas, apartó un poco la cortina y abrió levemente la ventana. Bajo la luz pálida de la luna, vio una figura que no logró comprender del todo. Su mente tardó en procesarlo, pero cuando lo hizo, el miedo la paralizó.

—Ethan… —susurró Elizabeth con miedo e incredulidad.

Su cuerpo se retorcía de una forma imposible; sus huesos parecían torcerse y recomponerse, y frente a él había una chica que intentaba huir. Todo ocurrió demasiado rápido. Elizabeth sintió un nudo en la garganta y retrocedió bruscamente, cubriéndose la boca para no gritar. Corrió de vuelta a su cama y se cubrió con las sábanas, temblando.

A veces, cuando algo parece demasiado real, el cerebro intenta convencerte de que fue solo un sueño. Tal vez para tranquilizarse. Tal vez para olvidar. Y eso fue exactamente lo que hizo, aunque la imagen quedó rondando en su mente.

Horas después, la alarma sonó a las siete de la mañana. Elizabeth se levantó con pesadez. Era el primer día de clases. Mientras se arreglaba, no dejaba de pensar en lo que había visto… o creído ver. Volvió a abrir las cortinas por completo y, al asomarse, no había rastros de nada. Ni sangre, ni ropa rasgada, ni señales de lo ocurrido. Suspiró, intentando convencerse de que todo había sido producto de su imaginación.


En la cocina, su madre ya se había ido temprano para atender a unos pacientes de urgencias. Su padre, ausente emocionalmente, salió como siempre, sin despedirse ni dejar notas ni mensajes de texto. Sobre la mesa, el desayuno estaba preparado, los almuerzos cuidadosamente empacados y pequeñas notas con mensajes cariñosos. Era una rutina tan normal que casi lograba tranquilizarla.

Spencer, su hermana del medio, bajó ya lista y arreglada.

—Señorita perfecta —saludó Elizabeth.

—Señorita imaginativa —respondió Spencer, con una sonrisa burlona.

Spencer, al ver que Ethan todavía no bajaba, corrió escaleras arriba y le gritó:

—¡Ethan! ¡Ya se está haciendo súper tarde!

Luego volvió a bajar para terminar su desayuno mientras Elizabeth la observaba. Ethan bajó de manera perezosa, bostezando, y minutos después apareció listo para irse.

—¿Dormiste bien? —preguntó Elizabeth, observándolo con atención.

—Sí… normal. Solo me levanté tarde —respondió Ethan, sonriendo levemente.

Elizabeth respiró aliviada; parecía que todo había sido solo un sueño, al menos de momento.


Al llegar a la escuela, Spencer bajó del auto despidiéndose de su hermano, que se dirigía a la universidad. Mientras se despedía de Elizabeth, Nora, su amiga, se acercó, esperando a que Spencer se alejara para hablar con tranquilidad. Spencer, luego, se dirigió a reunirse con su novio, dejando a Elizabeth y Nora solas.

—Hoy me siento rara —dijo Nora—. He visto números repetidos todo el día… 233, 233, 233… Hay como una vibra extraña.

—Son nervios —respondió Elizabeth, intentando tranquilizarla.

En ese momento, Lily llegó corriendo:

—¡Ya les dije que hay chicos nuevos! —susurró emocionada—. No saben cómo se visten, cómo caminan, cómo respiran… todo.

Elizabeth suspiró. Lily investigaba obstinadamente a todo el mundo, y Nora no le tenía mucha paciencia, pero la toleraba por Elizabeth.


Después de un día lleno de presentaciones de profesores y estudiantes nuevos, finalmente llegó la clase favorita de Elizabeth: literatura. Al entrar, notó al instante al chico del fondo de la clase, el que Lily no dejaba de mencionar. Estaba tranquilo, con ropa oscura y una presencia que llamaba la atención sin esfuerzo.

—Te dije —susurró Lily—. Míralo.

Elizabeth solo sonrió, resignada.

Cuando el profesor pidió que los nuevos estudiantes se presentaran, llegó su turno:

—Adrien Blackwood —dijo el chico con calma, pronunciando su apellido con firmeza.

—Perfecto —susurró Lily—. Ya tenemos nombre.

Mientras Elizabeth intentaba prestar atención a la clase, Lily murmuró:

—Tiene vibra de chico gótico. Apuesto a que es como Damon Salvatore. Seguro es vampiro.

Elizabeth contuvo la risa. Lo que ni ella ni Lily sabían era que, hasta para Adrien, era irónico, porque Lily no estaba tan equivocada, aunque Adrien no tenía tantas cosas en común con Damon Salvatore; su comportamiento, carisma y personalidad no coincidían realmente.


Después de la clase, Elizabeth se dirigió a la oficina del director para inscribir su club de creación literaria. Lily no la acompañó, ya que siempre la castigaban en esa zona. Allí, vio a un chico nuevo con ciertas similitudes a Adrien, aunque un poco más bajo: Elliot Redbook. Apenas cruzaron miradas, Elliot hizo un gesto de cabeza en forma de saludo y siguió su camino.

En ese momento, Spencer apareció apurada, cargando cosas, y chocó accidentalmente con Elliot. La típica escena de película adolescente cliché se desplegó ante los ojos de Elizabeth: la chica ocupada, el chico torpe, un momento de tensión y curiosidad.

—Típica película cliché —murmuró Adrien cerca de Elizabeth, lo suficiente para que solo ella lo escuchara.

Elizabeth se sobresaltó y giró rápidamente. Él, visiblemente apenado, sonrió:

—Ay, perdón por asustarte. Mucho gusto —dijo, extendiendo la mano—. Adrien Blackwood.

Elizabeth correspondió, un poco nerviosa pero feliz:

—Elizabeth Howard —respondió, estrechando su mano.

—¿Vienes a inscribirte en algún club o solo te metes en problemas? —preguntó Adrien con curiosidad.

—Vengo a inscribir mi club de creación literaria —dijo Elizabeth, emocionada.

—¡Qué coincidencia! —sonrió Adrien—. A mí también me fascina la literatura y la creación de historias.

Elizabeth le contó todo sobre su club mientras el director finalmente la llamaba. Se despidió feliz de Adrien y el siguió su camino.


Mientras tanto, Elliot ayudaba a Spencer a ordenar sus cosas:

—Mucho gusto, soy Elliot Redbook —se presentó.

—Spencer Howard —respondió ella—. Voy en último año. ¿Eres nuevo?

—Sí, me acabo de inscribir. Llegué tarde hoy, así que no pude asistir al primer día de clases —respondió Elliot con una leve risa.

—¡Ah! —dijo Spencer, un poco apresurada—. Yo también estoy en último año, pero tengo muchas cosas que organizar. Quiero entrar a un proyecto de la NASA, necesito que todo salga perfecto este año y asegurarme de tener las mejores calificaciones para la universidad.

Elliot sonrió:

—Tranquila, sé que no me conoces, pero si quieres, te invito a un café para que respires un poco. Es tu primer día y sé que tienes muchos planes.

Spencer lo miró sorprendida, pero aceptó. Caminando por el pasillo, ambos se dirigieron a tomar ese café, marcando un comienzo inesperado de su último año escolar.

Mientras tanto, Adrien observaba todo, pensando: Aunque Lily esté exagerando con Damon Salvatore, hay algo en este primer día que no es tan común… y tal vez sea interesante.