Las sombras del legado

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Summary

2036. Un accidente destruye la vida de Gael y Tadeo Rosales. Lo que parecía una tragedia, era solo la primera pieza. Reubicados en la opulenta hacienda de su abuela, los hermanos buscan refugio, pero encuentran otra cosa: un legado familiar construido sobre secretos criminales, una fe que esconde odio y una riqueza manchada de sangre. Mientras Gael se obsesiona con desenterrar la verdad a cualquier costo, Tadeo intenta construir un primer amor en medio de las ruinas. En esta familia, el amor es un acto de rebelión, y la verdad es el arma más peligrosa. ⚠️ Contenido maduro: violencia gráfica, abuso, trauma psicológico y crítica social.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: Un dia normal

7 am del 2036.

Gael se despierta de golpe, todo transpirado. Mira hacia todos lados y se va calmando; algo raro nota al ver que su madre no lo había despertado para el desayuno como siempre.

El se levanta a ver qué sucede y no encuentra a nadie en casa. Revisa la habitación de sus padres, el patio y nada.

Gael: ¿Qué pasa?... Ya debieron haber llegado.

Gael, preocupado y sin saber qué pasaba, camina confundido y algo con miedo hacia el teléfono y decide llamar a su madre. Marca los números, el teléfono suena y solo se escucha la casilla de mensajes. El chico decide llamar repetidamente pero nadie contesta; camina por toda la casa y nada. Desesperado, se cambia y camina al centro de policía más cercano, preocupado. Cuando entra, solo ve unos policías hojeando unos papeles. Gael los ve y les dice desesperado:

Gael: ¡Ayuda, ayuda! Mis padres no están en casa, llamé varias veces y no contestan. Ya llevo tiempo esperando, nunca han tardado tanto.

Los policías lo miran y lo ignoran. Gael repite lo que pasa y nadie le da importancia hasta que siente una mano en el hombro. Gael se da vuelta y ve al jefe de la estación de policía. Confundido, el jefe, al no saber qué sucedía, le pregunta qué había ocurrido. Gael le explica y el jefe le dice con voz tranquilizadora:

Gordon: Tranquilo amigo, debe de haber tráfico, ya sabes cómo se pone en esta época del año, ya llega el verano, las fiestas y la gente se desespera jaja.

El oficial suelta una risa relajante para Gael. Quizás no esté todo mal como piensa. Ojalá hubiera pasado eso: en cuanto Gael sale de la comisaría, ve unos policías charlando sobre algo que ocurrió. El solo escucha que mencionan a tres personas en un auto rojo pequeño que se estrelló contra un camión que cargaba maderas de forma violenta; los tres están en el hospital Rodwood.

Gael: Pe- perdón por el atrevimiento pero, ¿usted dijo que sucedió un accidente de un auto rojo?... ¿Tiene alguna idea de cómo eran las personas?

El policía lo mira de arriba a abajo y le dice:

- Claro. Se llamaba Elena, una media rubia peleteñida, se creía pendeja y le salió mal.

Gael se sorprende y se asusta al mismo tiempo: ese es el nombre de su madre. Se enoja un poco por el comentario del oficial pero decide irse corriendo al hospital.

Al llegar al hospital y el le dice a la secretaria que es hijo de los nuevos que entraron:

Gael: Por favor, déjeme verlos. Necesito verlos por favor, señora.

- Lo sentimos pero... están en cirugía. Si quiere esperar, espere por allá; nosotros le avisamos cuando estén despiertos.

Gael: ¿Cirugía?... ¡¿Qué les pasó?! No, no, no me puede dejar así... ¡Exijo ver a mi familia!

- Ya le dije, por favor, cálmese y no grite. Siéntese y nosotros le avisaremos.

Gael: ¡¿Qué me calme?! ¿Qué mierda tenés en tu cabeza? ¿No ves que estoy preocupado y quiero verlos?!

La secretaria se levanta y golpea el escritorio, diciendo:

- ¡Oye joven, a mí me respeta y yo no voy a estar atendiendo a alguien que me falte el respeto y me venga a gritar! Así que siéntese y mire una revista y deje de hinchar los huevos!

Gael lo mira resentido, se da vuelta y se va a sentar a regañadientes.

Mientras, en la estación de policía, investigaban el accidente repasando lo encontrado.

Gabriel: Tenemos todo ya. El auto iba acelerando desenfrenadamente y se estampó contra los troncos.

- No es lo único, eso señor. También los troncos ya se estaban saliendo desde antes que el auto chocara. ¿Qué sucedió entonces?

Gabriel: De seguro una de las sogas que sostienen los troncos se soltó.

- No creo, señor. La marca Kuist es de muy buena calidad; es obvio que compraría cosas de calidad como su nombre.

Rocío: ¿Y si revisamos el camión mejor? Es una buena idea si no tenemos conclusiones. Silencio, cortaron de golpe: sabemos que el corte sería brusco y si fue por impacto las cuerdas estarían bien.

Los policías miran a Rocío y asienten en silencio.

Gabriel: Okey, vayamos al camión; sigue en la autopista, ¿no?

- Sí, señor. Está ahí, vayamos. Ven, Rocío.

Los oficiales se suben a las patrullas rumbo a la autopista del accidente. Cuando llegaron, bajaron con sus cosas y con el equipo. Rocío sube al camión mientras los otros inspeccionan e intentan buscar la forma de cómo fue el accidente.

Rocío: ¡Ey, miren esto!

Gabriel y el otro policía suben y miran.

Rocío: Miren, las cuerdas están cortadas y el vidrio roto. Alguien cortó las cuerdas desde adentro del camión.

Gabriel: ¿Quién haría algo así? Llama a los fotógrafos policiales y que les muestren las fotos al señor Gordon.

- Enseguida, señor.

El policía baja y va a llamar.

En el hospital Rodwood las horas pasan y Gael se impacienta aún más: ya no tenía uñas para masticar, estaba nervioso, asustado, estresado y no recibía noticias de su familia. Gael estaba apunto de levantarse hasta que sale un médico a preguntar:

- ¿Rosales?

Gael: ¡Acá!

- ¿Es usted?

Gael: Sí, sí soy yo, Gael Rosales. Dígame, doctor, ¿cómo está mi familia?

- De eso le venía a hablar... Su hermano, Tadeo, está en un estado crítico.

Gael: (preocupado) No me diga eso, doctor... ¿Y qué pasó con mi madre y mi papá?... ¿Están bien?

El doctor lo mira y pone la mano en su hombro. Gael entiende enseguida lo que ocurrió y de sus ojos brotan las lágrimas acumuladas.

- Lo siento.

El se da vuelta y se vuelve a sentar a llorar desconsoladamente. El doctor lo mira sin poder dar consuelo tras algo tan grave. Gael, con los ojos rojos, le dice al doctor desde su silla:

Gael: (con la voz quebrada) Por favor, doctor... salve a mi hermano...

- Haré todo lo posible.

El doctor se va y Gael intenta tranquilizarse, pero cada vez que cierra los ojos ve a sus padres y empieza a llorar de nuevo.

Desde las oficinas de la policía, el jefe de policía Gordon exigía ver las imágenes recolectadas. Gabriel se le acerca a informarle lo nuevo:

Gabriel: Señor. Rocío ha encontrado que las sogas fueron cortadas y no por el impacto o algún movimiento brusco. Fueron cortadas minuciosamente.

Gordon: ¿Qué me está contando, Gabriel?... ¿Tienen idea de quién pudo ser? Esto no se puede quedar así.

Gabriel: No lo sabemos, señor. El que lo hizo no dejó pistas; suponemos que fue cortado con una navaja.

Gordon: ¿Revisaron el vidrio? Debe de haber algún material genético si rompió el vidrio.

Gabriel: Solo encontramos goma... de esos guantes negros de goma. Al parecer rompió el vidrio de un puñetazo en vez de con el codo.

Gordon: ¿Qué?... Que raro, no he resuelto este caso desde que era joven. Antes había pasado algo similar.

Gabriel: ¿Qué planea hacer, señor?

Gordon: Ir al hospital Rodwood y interrogar a los que quedan vivos. Me acaban de informar que la pareja falleció y solo quedaron el hijo menor y el mayor.

Gabriel: Okey, señor. Ya llamé las patrullas: este no se nos escapa.

Las patrullas salen a alta velocidad hacia el hospital; mientras iban, en la cabeza de Gabriel solo pasaba quién es el que hizo esto.

En el hospital, los médicos le avisaron a Gael que ya podía ir a ver a su hermano. Gael, feliz y agradecido, entra a la habitación:

Gael: ¿Tadeo?...

Tadeo: ¿Ga- Gael?

Gael: Gracias a Dios. ¿Estás bien?, ¿cómo te sientes, Tadeo?

Tadeo: Me duele un poco la cabeza pero no siento mi pierna izquierda.

El doctor entra a anotar la reacción de Tadeo y todo lo demás:

- No sientes la pierna porque te la fracturate; te pusimos un yeso y anestesia para que no lo sientas tanto. Además, te estás despertando.

Gael: ¿Qué pasó, Tadeo?

Tadeo: Agh, no sé... No me acuerdo de nada... ¿Mamá y papá?

Gael lo mira e intenta no llorar y le dice a Tadeo:

Gael: Se- se están recuperando, Tadeo...

Tadeo no le dice nada y solo mira a su alrededor. Cuando Gael estaba por decirle algo más, entran los oficiales Rocío y Gabriel con cuadernos pequeños:

- ¿Qué hacen aquí?

Gabriel: Tenemos que averiguar sobre el accidente.

- El paciente no está en condiciones para darle el informe oficial.

Rocío: Pero él sí, ¿no?

Dice señalando a Gael. Gael mira a Tadeo, después al doctor y se levanta.

Fuera del hospital le empezaron a hacerle preguntas.

Gabriel: ¿Qué se encontraba haciendo a las 7 am?

Gael: Estaba durmiendo. Me desperté un momento después, extrañado por qué mi mamá siempre me viene a despertar para desayunar, pero esta vez fue... diferente...

Rocío: ¿Usted sabía dónde podrían estar?

Gael: En ese momento pensé que en algún lado de la casa, pero no los encontré. Así que después llamé para ver dónde estaban, pero nadie contestó...

Gabriel: Lo sentimos por su pérdida, chico, pero necesitamos la contraseña de los teléfonos de su hermano, su padre y su madre.

Gael: La contraseña de mi mamá es 2619 y la de mi papá es su equipo favorito.

Rocío: ¿Cuál?

Gael: Boca...

Gabriel: Que peculiar contraseña. Gracias. ¿Y la de su hermano?

Gael: No sé la de mi hermano. Podrían preguntarle cuando empiece a responder.

Rocío: Gracias por su colaboración.

Los oficiales entraron de nuevo al hospital y Gael solo caminó hacia una plaza a ver el atardecer. Repentinamente su teléfono vibró; cuando lo encendió, vio un mensaje de su abuela, Lucía. El mensaje decía: "Me enteré del momento que pasaste, hijo. Ven cuando tu hermano se recupere acá a la hacienda: le vendrá bien estar con la abuela". Gael suspira y responde con un "👍", y se echa para atrás en el banco.