(1) || El reino de las sirenas
A veces se me hace extraño que los humanos nos vean como santas, aunque en realidad seamos demonios.
Nade con elegancia por los pasillos llenos de perlas del castillo de Atlantis, todo se iluminaba con gracia ante el mar azul, las sirenas ríen y cantan con gracia mientras se celebra el gran banquete, después de todo, los nidos ya están a punto de eclosionar y eso es motivo de alegría. Los cuatro clanes estaban reunidos y sentados en las mesas de piedra, todos hablaban sobre temas triviales y entonces yo fui y me senté en mi respectivo lugar en la mesa.
Cuando me senté hubo un gran silencio que inundo toda una sala, sinceramente parecía que hubieran visto a un tiburón. El silencio era causado por mi, yo lo sabía a la perfección, desde que el rey de los mares me adopto las otras sirenas siempre me vieron como un ser fuera de la manada. Mis padres reales murieron en una guerra contra los cazadores, fue un golpe demasiado bajo y la verdad es que me dolió mucho más de lo que puedo describir, pero tengo que admitir que la vida sigue y que no puedo limitarme ante lo que digan los demás.
—Un gusto encontrarlo aquí majestad —. Saludé al rey —Espero que siga gozando de buena salud —Miré a las princesas y a las cuatro líderes de clanes —Princesas, honorables líderes de clanes, también es un gusto verlos.
—Sabes que no es necesaria tanta formalidad conmigo, Oceanía.
El rey se acomodo en el trono, su barba blanca flotaba entre la sal y la espuma, yo solté burbujas, puede que no sea su hija de sangre, pero aún así él me crío como a una. Puede que todos murmuren a mis espaldas, pero gracias a él puedo superar todo.
—Hubiera sido un acto benéfico que hubiera llegado más temprano, concejera.
La mirada de la líder del clan este, Thalissa, era igual de grosera que siempre. Sus ojos azules perforaban el alma de cualquiera, ella es una de las guerreras más poderosas del todo el océano, se la apoda "la sangrienta", pues con su lanza a acabado con cientos de cazadores hundiendo sus barcos hasta el fondo del mar. Note que al lado de Thalissa estaba Ixtli, la líder del clan oeste, ella no era tan sanguinaria; Ixtli se crio con la idea de que cada vida tenía un valor, su clan es uno de los más pacíficos y ella es una de las sirenas más hermosas que e visto, con su piel como la madera, siempre tan suave y su cabello que corría por el agua como algas brillantes, sus ojos negros llenos de ternura, bueno, ella era una sirena completamente hermosa. Nymeria era la líder del clan norte, sus cabellos eran blancos que bajaban en trenzas firmes hasta la punta de su aleta, todas las sirenas la reconocían como una de las sirenas más bellas, nadie lo objetaba, pues su belleza y personalidad amable y tierna causaban esa sensación de alivio y serenidad que uno amaba.
No podía divisar a la líder del clan sur, tuve que afilar mi mirada para verla que estaba reunida con unos pequeños tritones jugando con las muñecas de algas. Ella asumió el liderazgo de su clan cuando su padre falleció hace poco menos de un año, actualmente es una niña joven que mientras lidera a su clan juega con muñecas. Su padre era un gran guerrero, compañero de batalla de mis propios padres, murió con valor en la batalla igual que los míos y sé que eso le duele en su corazón de sal tal y como me dolió a mi.
—¡Hoy es un día que debemos celebrar!
El rey Nereo se levanto de su trono y levantó su tridente haciendo que una luz brillante iluminara todo el gran salón. Las sirenas se emocionaron tanto que sus branquias se movían con la misma impaciencia que sus aletas, todas ya se estaban preparando para mover las aletas lo cual me causo algo de gracia.
—Veo que todos y todas están emocionados —. La luz del tridente se esfumo y entonces el rey siguió hablando —Falta poco para que los nidos nazcas, pronto veremos a pequeñas sirenas y tritones nadando por nuestros mares y es por eso que hoy vamos a celebrar.
Y con eso la música empezó a sonar, deje que mis oídos se inundaran por la suave música y el tenue sonido de las risas de las sirenas.
—Veo que se encuentra muy relajada princesa.
Levanté la mirada y vi a Nymeria junto a sus damas, ella estaba tranquila con una sonrisa tranquila y calmada que solo ella poseía.
—Tenemos que disfrutar la música, después de todo los nidos pronto se abrirán.
Nymeria rio.
—Veo que no sale a bailar, princesa.
—Lady Nymeria, primero no soy una princesa, solo soy la concejera del rey y en segundo lugar, no me dan ganas de bailar hoy.
Nymeria asintió y entonces se alejo riendo junto a sus damas, me quede ahí quieta como una estatua griega. Observe atentamente como todas bailaban incluso el propio rey bailaba al ritmo de la música.
Yo me aburrí muy fácilmente y solo estaba esperando a que el banquete terminara, pero en realidad lentamente se me empezaron a cerrar los ojos, sentí un creciente aburrimiento inundar todo mi cerebro y entonces salí del lugar.
Nade hasta llegar a la salida y me fui directamente a mi habitación. Pase por todas las alas del palacio hasta llegar a mi habitación, moví la puerta adornada cuidadosamente con perlas grandes y brillantes y corales, no podía negar que todo era hermoso, nosotras las sirenas si sabemos cuidar nuestras cosas, no como los humanos. Yo entré y me tire en una de las ocho conchas gigantes que teníamos de cama, estas parecían brillar en tonos celestes y morados lo que las hacía verse hermosas.
Estaba cansada así que solo me acosté y deje caer mi aleta con cuidado, me tiré la manta en la cara sin pensar en quitarme todas las joyas del cabello. Podía sentir el peso de las horquillas y las conchas en mi cabello, pero lo estaba ignorando hasta que escuche el sonido de un aleteo rápido y un claro quejido.
—¡Nadie me entiende!
Me senté en mi cama y la miré, si las sirenas pudiéramos llorar estoy segura de que Anfitrite estaría llorando en este momento.
—¿Puedo saber qué paso, Anfitrite?
Nade a su lado sentándome en la roca del tocador, Anfitrite es la quinta hija del rey es casi de mi edad, pero es mucho, mucho más problemática que yo en todos los sentidos. Puede que yo tenga cosas permitidas como consejera del rey, pero Anfitrite siempre se escapa para ver a un humano o eso dicen los rumores, sinceramente no creo esos rumores, pero bueno quien soy yo para juzgar.
—Mi padre no me quiere dejar salir al mundo humano.
Casi suelto una risa cuando dijo eso.
—¿Salir al mundo humano? Anfitrite en el mar estamos mejor.
Ella levantó su mirada y pude ver sus ojos grandes como los de un león marino mirándome fijamente, su cabello rojo ondeaba por la corriente marina. Su mirada lo decía todo, no le había gustado lo que le había dicho, pero no la juzgaba, después de todo ella es una sirenita con sueños de bebé y muchas fantasías.
—No mientas Oceanía, ¿tan siquiera has visto el mundo humano?
Yo asentí, si lo había visto y contemple como los humanos le cortaban la cabeza a un cerdo, fue un horror que no planeo volver a repetir en mi vida.
—Una vez fui y te advierto que es horrible, Anfitrite, los humanos mataron a mis padres —. Le tome las manos —. Puedes preguntarle a la líder del clan sur que tan crueles son los humanos y veras que yo no miento cuando digo que los humanos son despreciables.
Anfitrite soltó mis manos y entonces pude darme cuenta de que no me iba a hacer caso, mejor me fui a acostar nuevamente, pero entonces escuche las claras risas del resto de mis hermanastras. Entre aleteos y carcajadas llegaron todas abriendo la puerta y entrando directamente a los espejos, ante esa reacción yo arquee la ceja confundida.
—¿Se puede saber que les pasa? —Pregunté.
—¡Llegaron los tritones del clan este y son muy, muy guapos!
Indila, la primera hija del rey negó con frustración ante la actitud de sus hermanas, ella se sentó en su taburete correspondiente y se empezó a maquillar y a peinar con la elegancia que era característica de ella, mientras que el resto de mis hermanas se arreglaban con la velocidad de una anguila.
—¿No vas a salir a la fiesta? —Me preguntó Perla, mi segunda hermana.
Yo negué con la cabeza y volví a nadar hacía mi cama, me acosté dejando de lado toda elegancia de lado y solo buscando mi comodidad. Indila se acerco a mi y me quito las horquillas que sostenían mi cabello haciendo que los mechones ondearan libres en el océano, ella se sentó al otro lado de mi cama y me miró buscando algún indicio de que yo fuera a salir, pero lamentablemente no había ninguno.
—Hay un montón de tritones allá afuera, Oceanía, te pueden interesar —Dijo Metis, mi tercera hermana
—Vamos tu no estas castigada como Anfitrite así que sal y mueve esas aletas —. Koral, mi cuarta hermana intento sacarme a la fuerza de la cama.
Miré a Anfitrite aún triste aunque mejor no decidí preguntar el porqué de su castigo, para no hacerla sentir peor de lo que ya se siente.
—Vamos, chicas, vayan ustedes, yo voy a estar ¡AAHH!
Pegue un grito cuando una fuerte corriente llego a nuestra habitación, nuestros cabellos antes bien peinados terminaron siendo arrastrados por la corriente y se hicieron un gran nido de algas, la corriente fue tan fuerte que arrastro a las gemelas y las hizo chocar contra la piedra de las paredes haciéndolas quedar boca abajo.
Sentí un golpe en mi cabeza y cuando a corriente paro, todas nos recompusimos, me di cuenta de que estaba sangrando por el golpe y entonces vi lo que me había una botella de licor en el suelo y unos peces atrapados en ella.
—Y esto me refiero, Anfitrite, los humanos son crueles, contaminan nuestros océanos y dañan a nuestros animales —. Dije y saque a los peces de la botella.
Anfitrite me miró con tristeza, sus ojos me hacían ver que ella no había aceptado mis palabras era más que obvio que lo que le dije le entro por un oído y le salió por el otro. No iba a sentarme a discutir con alguien que no entiende algo tan básico como que los humanos son una porquería.
Los peces me rodearon y me agradecieron por liberarlos y entonces yo solo pude murmurar:
—Humanos estúpidos.