Placer prohibido entre amigas

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Summary

Sol y Ana, 18 años, mejores amigas inseparables. Un sexshop, vibradores y plugs insertados, controles remotos en mano. Prueban todo pedaleando en bicicleta por la plaza llena de gente: orgasmos múltiples, jugos chorreando, gemidos disfrazados, el riesgo de ser pilladas las vuelve locas. Lo que era curiosidad se transforma en adicción tóxica: plazas, trenes, cines, parques… cada lugar más público, cada juguete más intenso. Se dominan, se follan con la lengua y los dedos, se corren una y otra vez en público hasta que el placer las queme vivas.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 : El sexshop

Sol y Ana pedaleaban por la plaza bajo el sol de la tarde, el viento cálido revolviendo sus faldas cortas mientras sus risas cortaban el aire. Habían sido inseparables desde niñas, compartiendo secretos, y a los 18 años, explorando esa curiosidad que ardía entre ellas como un fuego lento. "Vamos, Ana, no seas cobarde", soltó Sol con una sonrisa pícara, sus ojos oscuros brillando mientras señalaba la fachada discreta del sexshop al borde de la plaza. "Es nuestra primera vez, pero ¿qué puede salir mal? Solo juguetes, nada más".Ana mordió su labio inferior, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no era solo nervios. "Está bien, pero si nos atrapan, es tu culpa". Bajaron de las bicis, encadenándolas a un poste, y entraron al local. El aire dentro era espeso, cargado con el olor a látex nuevo y lubricante. Estanterías repletas de vibradores, plugs anales y arneses las rodeaban, y una dependienta tatuada les sonrió desde el mostrador. "Chicas, ¿buscando algo en particular? Tenemos probadores privados si quieren probar antes de comprar".Sol agarró un vibrador en forma de bala, pequeño y plateado, y un plug anal con base ancha. "Esto", dijo, pasando la lengua por sus labios. Ana eligió un huevo vibrador con control remoto, sus mejillas ardiendo mientras imaginaba usarlo. La dependienta les guiñó un ojo. "Adelante, chicas. Disfruten".En el probador, el espacio era estrecho, el espejo reflejando sus cuerpos jóvenes y tensos. Sol se quitó las bragas primero, exponiendo su coño depilado, ya húmedo por la anticipación. "Mira esto", murmuró, untando lubricante en el plug y presionándolo contra su culo apretado. Empujó despacio, sintiendo cómo el esfínter se abría, el dolor inicial dando paso a una plenitud que le hizo jadear. "Mierda, Ana, se siente... lleno. Como si me estuviera follando por detrás".Ana tragó saliva, sus pezones endureciéndose bajo la camiseta. Se bajó las bragas, sus jugos ya goteando por los muslos, y insertó el huevo vibrador en su coño, el frío del metal contrastando con el calor de sus paredes internas. Sol tomó el control remoto y lo activó en bajo. Ana soltó un gemido ahogado, sus rodillas temblando mientras las vibraciones masajeaban su clítoris desde dentro. "Dios, Sol... eso... eso me va a hacer correrme aquí mismo".No pudieron resistir. Sol se arrodilló, empujando a Ana contra la pared, y hundió su lengua en el coño de su amiga, lamiendo alrededor del huevo vibrador mientras aumentaba la intensidad. Ana agarró el cabello de Sol, tirando fuerte, sus caderas moviéndose involuntariamente. "Más... lame mi clítoris, mierda". El sabor salado de Ana inundó la boca de Sol, sus fluidos chorreando por su barbilla. Ana se corrió primero, un orgasmo violento que la hizo convulsionar, sus paredes contrayéndose alrededor del juguete, chorros de jugo salpicando el suelo. "¡Ahh, mierda! ¡Me estoy corriendo!".Sol no se detuvo. Se levantó, presionando su cuerpo contra el de Ana, frotando su coño contra el muslo de su amiga mientras el plug en su culo la hacía sentir expuesta y sucia. Activó su propio vibrador bala, presionándolo directamente contra su clítoris hinchado. "Tu turno de verme", jadeó. Ana, aún temblando de su clímax, metió dos dedos en el coño de Sol, follándola rápido y profundo, sintiendo cómo los músculos se apretaban. Sol se corrió con un grito amortiguado, su cuerpo arqueándose, el plug intensificando las olas de placer que la recorrían, su coño pulsando y liberando un chorro caliente que empapó la mano de Ana.Compraron los juguetes, saliendo del sexshop con las bragas aún abajo, los aparatos insertados. Montaron las bicis, el movimiento de pedaleo haciendo que los juguetes se movieran dentro de ellas. La plaza estaba llena: familias paseando, vendedores ambulantes, parejas riendo. Sol tenía el control remoto de Ana, y viceversa. "Vamos a jugar", susurró Sol, activando el de Ana en medio.Ana pedaleó más fuerte, pero el vibrador en su coño la traicionó. Las vibraciones subieron, masajeando su punto G, y sintió el orgasmo construyéndose rápido. "Sol... no aquí... la gente...". Pero era tarde. Se corrió en la bici, mordiéndose el labio para no gritar, sus jugos empapando el asiento, goteando por sus piernas mientras un grupo de chicos pasaba junto a ellas, ajenos. Su cuerpo se sacudió, el placer tan intenso que casi pierde el equilibrio, jadeando como si estuviera corriendo una maratón.Sol rio bajo, pero Ana contraatacó, activando el plug de Sol al máximo. El plug vibraba en su culo, enviando ondas a su coño vacío pero excitado. "Joder, Ana... me estás matando". Pedaleaban por el centro de la plaza, el sol golpeando sus pieles sudadas. Sol sintió el clímax llegar como un tren, su culo contrayéndose alrededor del plug, el placer irradiando a su clítoris. Se corrió mordiendo su manga, un gemido escapando mientras su coño pulsaba vacío, fluidos resbalando por el asiento de la bici. Un anciano las miró extrañado, pero ellas siguieron, el morbo de ser vistas intensificando todo.No pararon. Sol aumentó el de Ana de nuevo, y esta vez fue múltiple: un orgasmo tras otro, su coño apretando el huevo, chorros salpicando el pedal mientras gritaba "¡Sí, joder, sí!" disfrazado como una risa. La gente alrededor charlaba, ignorante, pero el riesgo las consumía. Ana devolvió el favor, haciendo que Sol se corriera dos veces seguidas, su culo lleno y vibrante, el placer tan crudo que lágrimas rodaron por sus mejillas, su cuerpo temblando en la bici.Al final de la plaza, se detuvieron en un banco apartado, exhaustas, cubiertas de sudor y jugos. "Eso fue... jodidamente increíble", murmuró Sol, besando a Ana con hambre, sus lenguas enredándose en un beso salado por el esfuerzo. Sabían que esto era solo el comienzo, su amistad ahora teñida de un deseo prohibido que las devoraba.