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ㅤㅤ El capitán Kepler Dabrowski dio un último suspiro antes de rebotar su mano en el manubrio de su nave. La energía había cedido, pero también sabía que el sensor ocupaba de una revisión, ya que al salir de la estación de Erthodes el indicador mostraba estar capaz. Claramente no era verdad.
ㅤㅤ Aunque su descenso de emergencia en las tierras de Yugot, un planeta pequeño, no había sido en vano ni tampoco una casualidad, sabía que recientemente habían pisado esa estratosfera, colocando una colonia de investigadores para una futura colonización a suelo, el sueño de la humanidad: volver a tierra firme luego de un siglo de esperanza en enormes naves flotantes del tamaño de metrópolis. Pero antes de conocer a tan abanderados científicos por un poco de energía y refugio, el problema era simple, aunque difícil de abordar; había quedado a importantes kilómetros de dicho lugar. Tal vez un día o dos caminando, según cuánto el clima y la adversidad se impusieran.
ㅤㅤㅤㅤ Salió sin el casco rodeándole la cabeza, el aire era respirable, la humedad tolerable. Junto a él viajaban un par de cosas, pero las necesarias para aguantar un largo trekking en territorio desconocido. Admirando el lugar, que lucía un escenario entre una selva y un bosque, miró hacia el cielo, notando que pronto toda aquella extraña nube caería como lluvia. Activó el casco.
ㅤㅤㅤㅤ Estaba acostumbrado, misiones a planetas de carbono como aquel eran muchas: ayudar a comunidades terrenales, visitar refugios de recursos y otros basurales, un sinfín de objetivos militares. Para él, sentir la naturaleza real y poder vivir climas era algo usual, un privilegio que no estaba para cualquier mortal, aunque sin duda no era el momento adecuado para quererlo. Cuando la inminente lluvia estalló, el piso lodoso dificultó aún más su camino, la visión y las ganas de seguir hasta que hubiera acabado.
ㅤㅤㅤㅤ Había aceptado la idea de quedar bajo el techo de una gran roca frente a un risco; la vista era hermosa y muy poco civilizada, pero el despertar de unas aves en el fondo, un poco más grandes y coloridas de lo que acostumbraba a ver, le llamó la atención. Estas habían volado espantadas por un ruido, uno que se escuchaba resonar en el espacio del valle creado entre el risco y un bosque. Parecía el sonido rítmico de un martillazo, algo que no haría un animal ni tampoco un accidente; era pensarlo más un humano u otro ser racional.
ㅤㅤㅤㅤ Con la lluvia y el lodo, el capitán arrastró su cuerpo pendiente abajo y la pequeña mochila equipada frente a él. Cuando llegó a tocar de pie lo hizo con cuidado, y caminó con sigilo hasta encontrar el origen del sonido. Más de cerca, una voz femenina acompañaba el martilleo, como si se quejara de la fuerza con la que lo ejercía. Entonces, la nube que cubría la zona se esfumó, y así también lo hizo la lluvia.
ㅤㅤㅤㅤ La vio a lo lejos. Una humana con traje y la insignia de Zyonee, estación neutral en el mismo anillo orbital. Parecía agotada, a un costado de una nave mucho más grande que la de él, pero estrellada, tal cual un accidente en el aterrizaje. La mujer golpeaba con un hacha lo que parecía una cápsula de hipersueño, rodeada también de otras tres no muy lejos de ella. Dabrowski supuso que era una tripulación completa con fatídico final, entonces se reveló de su escondite, y para no asustarla del todo, le habló desde la distancia.
ㅤㅤㅤㅤ —¿Qué haces? ¿Qué ha pasado? —dijo él.
ㅤㅤㅤㅤ Al escucharlo, ella se volteó a verlo, completamente empapada por la lluvia, el cabello estilando y un reconocible tatuaje en su frente. Su rostro era de quien no podía creer encontrar a alguien más, también su mudez. Se levantó del suelo con el arma en la mano; había estado de rodillas mucho tiempo intentando abrir las cápsulas. Se podían notar las fracturas de sus intentos en cada una.
ㅤㅤㅤㅤ Su pecho estaba cansado, subía y bajaba sin calma.
ㅤㅤㅤㅤ —Intento despertarlos —dijo con un hilo de desesperación en la garganta—. Nos marcó una alerta y el tripulante artificial decidió descender. Estábamos haciendo una ruta de patrulla.
ㅤㅤㅤㅤ —¿Son rescatistas? —preguntó él, ahora acercándose a ver las cápsulas una a una. Dentro de la nave, abierta desde un costado, vió una de ellas abierta. Su juicio le decía que era de la cual había salido ella.
ㅤㅤㅤㅤ —Sí. Policía interestacional.
ㅤㅤㅤㅤ —¿De Zyonee?
ㅤㅤㅤㅤ —Somos la primera generación de policía interestacional de Zyonee… Tenemos un refugio de investigación aquí, capitán.
ㅤㅤㅤㅤ Ella pudo notar las insignias de rango que él portaba desde donde estaba. Con confianza, bajó el hacha de sus manos y la dejó caer al suelo. Él la miró de reojo, poco esperanzado; ninguna cápsula daba luces de vida, al parecer era la única sobreviviente al accidente. Por otro lado, no dejaba de recordar las tensiones que entre ambas estaciones eran evidentes hace varios acuerdos políticos. Zyonee era pequeño en relación a Erthodes, lo que hacía casi fascinante e imposible pensar en el financiamiento de rescatistas. Decidió no confiar del todo en la mujer, aunque su humanidad no era corrupta, por lo que ayudarla (y que, al mismo tiempo, ella le ayudara a él) no era algo eximible.
ㅤㅤㅤㅤ —Están muertos, muchacha. Todos.
ㅤㅤㅤㅤ —Ya lo sé… —respondió con la voz fina y baja, apartando la mirada a la ventanilla de la cápsula que tenía a su costado. Se podía ver el rostro de quien ocupaba dentro. Era la de su capitán de nave, Korvus, un hombre de edad con años de servicio—. Intentaba abrirlas para…
ㅤㅤㅤㅤ —…para quitar insignias y tener acceso completo a la nave, ¿no? ¿Hace cuánto estás aquí? —la interrumpió. Él hubiera hecho lo mismo.
ㅤㅤㅤㅤ —Ayer… Han sido catorce horas —explicó aún con la angustia en su voz—. Algunas computadoras aún funcionan.
ㅤㅤㅤㅤ —¿Y el refugio? ¿Por qué no has ido allí?
ㅤㅤㅤㅤ Ella cayó en su respuesta inmediata. Caminó entre las rocas para subir a donde estaba él, justo al costado de la nave. Unas aves volvieron a aparecer en el lugar, ahora sin el espanto que tenían por los ruidos de golpe que ella hacía. Ambos fijaron la vista en tan increíbles animales, como si el mismo dodo pudiera volar y reaparecer en un planeta distinto, de colores, grande y del tamaño de una avestruz.
ㅤㅤㅤㅤ —La alerta de emergencia viene desde allí, no tengo toda confianza en ir, pero además intentaba juntar cosas. Son al menos cinco días hasta ahí.
ㅤㅤㅤㅤ —¿Cinco? —preguntó asombrado, volteando a verla. Él recordaba que su nave marcaba el lugar algo más cerca.
ㅤㅤㅤㅤ Ella se quedó mirándolo, casi estudiándolo.
ㅤㅤㅤㅤ —¿También se estrelló? Esa alerta… ¿Le llegó?
ㅤㅤㅤㅤ Él negó con la cabeza.
ㅤㅤㅤㅤ —No. Yo quedé sin energía —respondió él—. Viajaba solo de vuelta a Erthodes. Fue un aterrizaje de emergencia.
ㅤㅤㅤㅤ —¿Seguro? —preguntó ella. Su poca esperanza y dolor de perder a sus compañeros ya estaba instaurado en su rostro.
ㅤㅤㅤㅤ Él vio en ese momento cómo ella entraba a la nave, con todas las botas embarradas dejando huellas de lodo sobre la lata del suelo. Después se volteó y, con un ademán, lo invitó a seguirla. El capitán entró, observando todo, sin dejar ningún detalle en alto. A sus ojos, era una nave nueva; se notaba con tecnología de punta. Sentía que aquel fallo en el descenso había sido una fuga por la novedad de la tecnología: pocas pruebas, poca calidad. Sin embargo, no pensaba encontrarse con la noticia que ella le daría. Fue luego de un par de pasillos que ella le mostró una habitación de pantallas, muy similares a unas brújulas comunes; eran guías de navegación.
ㅤㅤㅤㅤ —Todos los indicadores alterados —el rostro de ella se iluminaba con las luces de emergencia, otras de mapeo y códigos—. Falló también la energía de nuestra nave, la geolocalización. Todo. Como si este planeta tuviera el magnetismo alterado.
ㅤㅤㅤㅤ —O un hackeo de redes a distancia… —intuyó él.
ㅤㅤㅤㅤ Ambos se miraron, evidenciando entonces que la situación era mucho peor de lo poco cómoda que ya parecía. Solo se tenían el uno al otro, algo que podían agradecer de cierta forma. En medio de un silencio incómodo, ella apagó las pantallas tal y como estaban para ahorrar parte de la batería interna de las máquinas, sin saber cuánto tiempo más podrían encontrarse ahí, o si acaso era posible ir al refugio pronto. En tanto, él leyó las insignias que ella portaba en los hombros.
ㅤㅤㅤㅤ —Eres francotiradora.
ㅤㅤㅤㅤ Ella levantó la vista hacia él.
ㅤㅤㅤㅤ —Agente Ruppier. Llevo más de treinta y cinco bajas, capitán —replicó con cierto orgullo, pero con el peso de que aquello no tenía ningún valor ahora, siendo una sobreviviente casi en medio de la nada—. Pero si le soy honesta, no tengo la más mínima idea de si eso será suficiente aquí. Tendremos que estudiar el lugar.
ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ***
ㅤㅤㅤㅤ Un último puñado de tierra cayó sobre el cajón de hipersueño del abatido capitán Korvus, sin imaginar que aquella cápsula que lo llevaría hasta un destino programado, en realidad se convertiría en su ataúd para el resto de su vida. La agente Ruppier levantó la vista hacia los demás montes de tierra removida, al menos a cien metros de su nave, donde había enterrado al resto de sus compañeros de tripulación, todos con el mismo final luego de estrellarse en tan adverso planeta. A su lado, el capitán Dabrowski, quien a su suerte había aparecido bajo la misma tragedia catorce horas después, la miró en silencio, recostado en una pala incrustada en el suelo. Ambos conocían la norma universal no escrita, pero moralmente correcta: enterrar a los tuyos frente a una adversidad era prioridad. Incluso con todo el tiempo en su contra y recursos limitados, ambos se habían propuesto darles digna sepultura bajo el suelo.
ㅤㅤ — Aún no puedo creerlo —susurró ella.
ㅤㅤ —Se fueron en paz, dormidos —replicó él, creando un pequeño consuelo que sabía no sería suficiente—. Ahora solo debes continuar lo que empezaron.
ㅤㅤㅤㅤ Ruppier se volteó hacia Kepler, sin ninguna herida ni reflejo de que en realidad había sido la única sobreviviente.
ㅤㅤㅤㅤ En respuesta, un suspiro de Kepler decía todo, como alguien acostumbrado a una vida llena de bajas y muertes inexplicables, incluso en sus aún cortos treinta y dos años. Aunque su personalidad se inundara de respeto y disciplina, no era alguien que brillara en la simpatía, por lo que, pasados un par de minutos, se vio en la obligación de arrancar la pala con la que había cavado y llevársela de vuelta a la nave estrellada de la agente de Zyonne. No quiso hablar más, al menos no del asunto, y solo se dignó a darle la espalda a su ahora nueva compañera. Ella lo vio irse, aún quieta en el lugar, queriendo que el pasado de alguna manera no se borrara. Entendió que, a pesar de no encontrarse sola, sí estaba vacía. Ni siquiera las muchas muertes que ella misma había provocado a punta de su rifle habían conseguido que su corazón se enfriara lo suficiente como para reescribir un nuevo capítulo. Apenas conocía ahora a Kepler, pero ya estaba queriendo, en el fondo, llegar a ser como él en algún momento.
ㅤㅤ —Siempre he trabajado en equipo —continuó ella, ahora por fin caminando tras quien ella misma había autodenominado su nuevo capitán. Bajo la experiencia e insignias, finalmente era él quien tenía ahora más experiencia—. Fui instruida a hacerlo, incluso a solas, en la lejanía de mi puntería.
ㅤㅤㅤㅤ Kepler nuevamente se volteó hacia ella, con el cuidado de la pala sobre el hombro. La miró hacia abajo, con los ojos plenos de quien juzga, otra vez, como cuando la encontró por primera vez hace unas horas atrás. No era para nada extraño encontrar aires de superioridad en su semblante.
ㅤㅤ —Estoy seguro de que, si no te pillaba, seguramente tú seguirías golpeando las cápsulas con un hacha —la reprendió sutilmente. A pesar de que se le escuchó cierta ironía en sus palabras, intentó ser cercano—. ¿Cómo te llamas? Ruppier es tu apellido, ¿no?
ㅤㅤㅤㅤ La agente intentó mirarlo con la misma seriedad que él. Era una mujer muy independiente, fuerte, pero sus emociones, bajo la realidad que estaba atravesando, la habían debilitado.
ㅤㅤ — Sora es mi nombre —se presentó.
ㅤㅤ — A tu suerte, nuevamente no estás sola, Sora —dijo, y otra vez le dio la espalda para continuar su camino. Ninguno de los dos lo había dicho, pero él también había asumido el mando por su lado—. Vamos a descansar lo que podamos; mañana partimos temprano.
ㅤㅤ —No me has dicho tu nombre —protestó ella, siguiéndolo—. No lo traes en tu traje.
ㅤㅤ — Capitán Kepler Dabrowski.
ㅤㅤㅤㅤ Quedó muda y anonadada. Podía reconocer ese nombre muy bien.