El faro y el náufrago
En medio del mar, inmenso, soy una luz que no se ve a sí misma, pero que alumbra a los otros en las tormentas de madrugada. Existo, destello a kilómetros y es todo lo lejos que voy, incluso anclado en la arena.
Y admiro desde esa distancia, al hombre perdido que camina dejando sus huellas saladas en tierra firme, casi tan saladas como las lágrimas que se deslizan y se combinan con el agua.
Soy yo mismo, pues ninguno puede vivir sin el otro. Yo lo guío entre la basta oscuridad, hasta que se encuentre; y él me enseña, que así, desde la parte más lejana al océano, donde las luces tocan el suelo, también existe la soledad.
Adriana Terrazas.
24/01/2026.