OPERACIÓN ENGAÑO II (2014)

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Summary

Un pasado oculto, un enemigo cerca. ¿Qué pasaría si la persona en la que más confías se vuelve tu enemigo? ¿O qué tal... si siempre lo fue? Un recuerdo tras otro, la verdad ha comenzado a tomar forma, y Victoria ha podido resolver aquellos enigmas que la habían atormentado durante tanto tiempo. Pero la pregunta que ahora la atormenta es: ¿cómo fue capaz de utilizarla de esa manera? ¿Cómo pudo mantener el engaño durante tantos años? Una vida de mentiras, manipulaciones y secretos que la han mantenido en la ignorancia. ¿Quién es realmente su enemigo? ¿Quién es realmente Victoria Presley? |Fecha de publicación: 14 de febrero, 2025|

Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 0

El edificio se alza imponente, su estructura de múltiples plantas parece tocar el cielo. Mi destino es el piso veintisiete, y para llegar allí, debo atravesar el laberinto de pasillos y ascensores.

Al entrar, intercambio saludos con varias personas que se cruzan en mi camino, mientras me dirijo hacia el ascensor que me lleva al último piso.

El pasillo del piso veintisiete es largo y silencioso, y recorro su longitud hasta llegar a la puerta que busco: la 518.

Golpeo y mi mano se detiene en el aire, esperando la respuesta habitual, pero en su lugar, la puerta se abre lentamente y él aparece en el umbral.

Su rostro, normalmente impasible, muestra ahora rasguños y moretones, un recordatorio silencioso de los eventos que habían ocurrido desde nuestra última reunión.

Me muerdo la lengua, para no mencionar nada al respecto. Después de todo, he descubierto la verdad a través de susurros, no de sus propios labios.

Él se desplaza ligeramente, su mano aún aferrada al picaporte, y me hace un gesto para que entre. Lo hago, y él cierra la puerta detrás de mi.

Me quedo de pie frente al escritorio, mi mirada fija en la superficie de madera pulida, esperando a que él se mueva o hable.

Se sienta en su silla, y yo hago lo mismo en la mía, frente a él. Nuestros ojos se encuentran, y por un momento, parece que el tiempo se detiene.

Los suyos brillan con una luz victoriosa, una confianza que parece decir "he ganado". En cambio, los míos se sienten pesados, cansados, como si el peso del mundo estuviera sobre mis hombros.

Nos quedamos un par de minutos en silencio, solo observándonos. Hasta que él carraspea suavemente y habla, rompiendo el silencio:

—¿Y bien?

—Todo está saliendo de acuerdo al plan, señor.

—Perfecto —dice él, mientras una sonrisa leve se forma en sus labios, y su mirada se intensifica aún más.

—Está... muy mal —digo, mi voz suena baja y llena de culpabilidad—. Lo está pasando verdaderamente mal, que hasta siento pena...

—Agente, recuerde lo que hizo —me interrumpe con voz firme—. Lo que nos hizo, a todos.

—Lo sé —respondo, mi voz suena apenas audible.

—¿Entonces por qué siente pena? —pregunta él, su tono de voz suena ligeramente más alto, como si estuviera desafiándome a justificar mis sentimientos.

—No lo sé. Quizás porque yo fui quien la vió crecer —admito.

Él emite un suave chasquido con la boca, un sonido que parece una mezcla de resignación y decepción. Lo interpreto como una señal de que está desilusionado conmigo, como si mi empatía hacia esto fuera una debilidad que no debía existir en alguien como yo.

Su mirada se mantiene fija en mi, como si estuviera evaluándome, y yo siento un escalofrío en la espalda al darme cuenta de que mi reacción no ha sido la adecuada.

—Tiene que sufrir. Todos hemos sufrido por amor. Eso no ha matado a nadie, ¿o sí?

Niego con la cabeza, sintiendo una creciente sensación de malestar.

—Entonces no hay nada de qué preocuparse —concluye, su voz suena ligeramente más suave—. No hay nada de qué preocuparse.

—La primera etapa se cumplió —digo, intentando mantener el enfoque en la misión—. ¿Cuál es la siguiente?

—Me gusta que a pesar de todo, siga manteniéndose firme con su misión.

—Le soy leal a usted. Siempre lo he sido.

—Lo sé... Ahora solo tenemos que esperar, ver cómo prosigue Aleksander.

—Intentará asesinarla.

—Eso esperamos —responde con una sonrisa cruel en sus labios.

—¿Dejará que lo haga?

—Aleksander es un cobarde, agente —dice riéndose suavemente—. Aún después de todo lo que le hizo, no logrará hacerlo. No la matará.

—¿Cómo está tan seguro de eso?

—Lo conozco. Más que cualquiera en este mundo.

—Señor... pero si ella no muere... él tendrá que hacerlo, morirá.

—Exactamente.

—¿Usted... cree que Fishkin lo permitirá?

—¿Quién es Fishkin comparado a mi? —dice riéndose, una risa despectiva—. Lo haré desaparecer antes de que quiera meterle ideas en la cabeza para que no haga nada.

—Entiendo.

—¿Lo entiendes?

—Lo entiendo, señor.

—Muy bien. Cuando eso pase, tienes que estar cerca de ellos, muy cerca. Quiero que estés atento a cada paso que den cada uno, asegúrate que no caigan en la locura... Sabes lo que eso le hace a las personas. Solo mírala…

—Entiendo.

—Debes... cuidarlos de los demás... y a la vez dejar que se lastimen entre ellos.

—¿Y si ella sale mal?

—Te aseguro que no. Saldrá victoriosa de esto. Pensará que todo acabó, que por fin está en paz... Y es ahí cuando yo apareceré.

—¿Usted?

—Sí. Yo, agente.

Observo sus ojos mieles mirándome con ironía, una sonrisa aterradora se extiende por su rostro, como si disfrutara de algún secreto macabro.

Luego, con un movimiento fluido, corre su silla hacia atrás y abre el cajón de su escritorio. De él, saca una pequeña cajita de plástico, que abre con delicadeza.

Dentro de ella, hay un par de lentes de contacto, que se coloca con rapidez y precisión.

Y en un instante, sus ojos cambian de color.