Chapter 1
Todos los días de mi vida son exactamente iguales y les diré como se invierte mi tiempo:
•Atender llamadas: Soy una simple editora que no sólo se encarga de soportar a todos esos "aspirantes a escritores" sino además atiendo las llamadas, mensajes y asuntos de mi desequilibrada jefa, ya que según ella debo hacerlo porque es mi jefa y me paga.
•Llevar papeles importantes: Siempre soy yo la encargada de llevar los contratos de los nuevos escritores y sobre todo los manuscrito de nuestros nuevos talentos y nuestros escritores. ¡Esto lo odio!
Pero sobre todo la más importante y primordial.
•Soportar a mi jefa: Mi jefa es una pesada, ¡Se los juro!, cada vez que entramos a su oficina nos roba la mitad de nuestra vida, la dignidad y alegría.
Me dejo caer en mi silla acomodandome la blusa, y suspiro.
—¿De nuevo ella?— pregunta mi amiga y secretaria de la "Señorita Hart".
—¡Ama joderme la vida! —me mira arqueando la ceja y me apresuro a corregir —jodernos— asiente satisfecha.
—Es así como se gana el pan— suelta con ánimo de hacerme sentir mejor, esta chica se muriera de hambre si trabaja como animadora personal o al menos no vendiera libros si escribiera algo como "superación personal".
—Tus frases me superan— le digo en sarcasmo— deberías de escribir un libro sobre superación personal— ella me ve emocionada.
—¿Crees que debería? — pregunta emocionada.
—No —y no es que yo sea mala leche es que sus consejos son una mierda.
Suspira —Ya sabía, ¿Que harás esta noche? —pregunta tecleando.
Lo pienso por un momento y no aparece nada, pero no le diré: Pues nada, llorar con mi gato el señor pecoso viendo películas de amor sobre mi ex novio que aun no he superado; él que me engañó con mi mejor amiga y luego nos riéramos, así que no le diré eso, me viera como una perdedora y no soy perdedora, bueno sí, quizás un poco.
—Saldré al cine con un chico lindo — le digo con voz cómplice moviendo mis hombros —y ¿tú?—ella se quita sus anteojos que son enormes por cierto pero sin embargo la chica es atractiva, ¡No me culpen!, después de una eternidad sin pareja cualquier cosa se te hace atractiva, es como decir; en el desierto una hierba es una flor.
—Creo que nada— arruga sus labios —hoy es cena familiar y bueno —se encoge de hombros.
—Jodida mala suerte la tuya amiga —le digo y ella niega.
—Lo prefiero antes de llegar a casa con la fiera que vive conmigo y chupa mi sangre — hace cara de horror y reímos.
—Si tu novia estuviera aquí seguro no dijeras eso — le digo riendo
—¡Callate Irene!, me mata —me mira horrorizada.
Niego y me concentro en mi trabajo, leyendo algunas líneas que han enviado por e-mail. ¡Es tan estresante!, y aun me quejo por todo.
Yo pensé que trabajaría para un Hart y no una Hart, menuda suerte que tengo, y no, no le echen la culpa a los libros esos de secretaria y jefe es solo que...¡Bueno sí!, es culpa de esos libros que he leído. Y sí, digo leído porque siempre estoy leyendo libros de todo un poco, aunque se supone que mi jefa debe leer cada libro que ingresa a este lugar, ¡Pero no!, porque es una aprovechada y soy yo ahora la encargada, ¿dónde han escuchado el puesto de editora y secretaria de presidencia?, bueno eso existe en el lenguaje Charlotte Hart. Se supone que yo debería ser una editora en jefe, no como la presidenta pero debería tener mi propia oficina, y secretaria, también de esas cosas elegantes e importantes que tienen tu nombre en la puerta y escritorio pero ¡No!
La jornada acabó y mi cuello dolía, por el estrés de tener a la señorita Hart gritándome para que le entregara todo ahora. ¡Es tan exigente! Tomé mi bolso, feliz sabiendo que mañana es fin de semana y tendré mis días de descanso de escuchar esa voz aguda todo el día.
—Difícil semana, ¡eh Gomez!—dice mi amiga Lana.
Suspiro — Ni me lo digas Lana, estoy hecha polvo pero tenemos dos días que nos libramos de maléfica — digo juguetona moviendo mis dedos.
—¡Que alivio! —lleva su mano al pecho y observa su reloj — ¡Dios! —suspira —debo irme, la cena con mis padres — toma su bolso y sale corriendo.
—¡Suerte! — gritó y me lanza un beso.
Termino de meter los documentos en los cajones para que luego no tenga que buscarlos, lo que menos quiero es que me regañe mi jefecita. Sin darme cuenta mis llaves caen debajo de mi escritorio y maldigo por lo bajo, odio agacharme.
—¿Porque sigues aquí? — escucho la voz aguda que me atormenta por las noches y no bromeo, creo que todos estamos traumados con su voz.
—Solo guardaba documentos y ya me iba — digo nerviosa tomando mi bolso.
Arquea su ceja —Bien — su mirada se posa en mí, haciéndome sentir más nerviosa y luego sus ojos se bajan hasta...¡Alto ahí capitán!, ¿está viendo mis tetas? —Hasta el lunes, mmm.. ¿cuál es tu apellido? — pregunta arrugando su frente.
Estoy por poner los ojos en blanco, llevo más de un año aquí, ¡más de una año y no se ha aprendido mi nombre!, ni que fuera tan difícil es ¡Irene Gomez!
Sonrío hipócritamente, debería de ascenderme —Irene Gomez, señorita Hart — ¡Bruja!
—¡Oh si, si! —parece recordarlo — Adiós Gomez.
Se gira y camina sensualmente, tiene un buen culo pero tiene un humor de mierda la enana esa. Aunque no es mi tipo, lo mío son esos hombres machos musculosos con un buen paquete aunque luego termine comiendo helado de vainilla junto mi gato que pesa más de la cuenta.
Salgo del infierno llamado «Hart Editorial ». Subo a mi auto que no es fino pero tampoco es viejo, es modelo dos mil ocho así que se podría decir que está entre moderno y antiguo, condujo por unos quince minutos hasta que llego a mi casa. Abro la puerta y como siempre mi obeso gato me recibe metiéndose entre mis piernas y restregandome su culo obeso.
—¡Señor pecoso, largo! —me quejo quitando mi pie, ya es tarde ha llenado de pelos mi pantalón de vestir negro.
Bufo, es de esperarse, mi vida es un desastre, mi casa es un desastre; mi gato obeso es un desastre. Lanzo mi blusa por el pasillo junto a mi pantalón, me echo a mi cama y me dispongo a dormir, ¡qué más da!
Mañana tendré tiempo de sobra para limpiar todo
No sé en qué momento del día estoy, pero mi móvil suena como un loco, con muy mal humor lo tomo.
—Hola — contesto de mala gana.
Se escucha una risa —Gomez —mis ojos se abren y como arte de magia me siento en la cama.
—¡Señorita Hart!, ¡buenos días! — me froto los ojos con el dorso de mi mano como si ella pudiera verme.
—¿Aún dormida?— pregunta — ¡en fin!, no es de mi incumbencia, le he llamado para saber, ¡¿A dónde carajos está!, recuerde que es sábado y usted se ofreció trabajar este sábado, nueve de abril —me recuerda con voz mandona.
¡No puede ser! —Lo siento jefa, es la primera vez que me pasa, pero voy corriendo — me lanzo fuera de la cama, se que no habrá tiempo para una ducha.
—Bien, que sea la última vez, y bañese, no piense venir sin una ducha— y si más cuelga.
Dejo escapar el aire retenido ¡La vida me odia!, entro al baño y me doy una ducha corta, cepillo mis dientes y me peino, no podré secar mi cabello. Echo un poco de rímel, sombra y labial salmón, uso el labial salmón porque me veo mas seria junto las sombras y así me toman más en serio, me pongo un vestido negro.
—Señor pecoso, nos vemos —beso en los labios, hocico, no se que nombre es el correcto, pero no sin antes vaciar en su tazón su comida; soy vegetariana pero mi gato no, vacío unas cuantas latas de atún y me voy.
Trato de repetirme que amo mi trabajo, que es grandioso pero siempre llego a la misma conclusión, ¡Odio mi trabajo y más a mi jefa!
Yo una atractiva mujer de veinte y cuatro años echándose a perder por una desequilibrada mental. Cuando llego todos me ven, pensé que todos éramos adultos y por un momento sentí que estaba en secundaria.
—Buenos días, señorita Hart — saludo cruzando la puerta.
—Buenas tardes—dice tajante, sus ojos me estudian y no hay ningún gesto en su rostro —al menos te hubieras secado el cabello.
¡Que alguien me de paciencia! —No tuve tiempo, tenía que darle de comer a mi pecoso —respondí.
Ríe burlona —Al menos tienes originalidad, ya que llamar de esa forma tan peculiar a tu novio es divertida. —no me mira si no se concentra en sus papeles.
La veo confundida —No es mi novio, es mi gatito — levanta la vista y yo sonrío— con permiso.
Salgo antes que quiera asesinarme por corregirla. Fue una mañana tranquila, sólo éramos seis personas trabajando incluyendo la jefa por supuesto.
La hora de almuerzo anunciaba el final de jornada, así que de nuevo arregle todo para marcharme.
—Gomez, a mi oficina.
Maldecí, porque no Johns, o no se Rodrigues, pero tenía que llamarme a mí.
—¿Si? —entre a su oficina curiosa.
—Toma asiento —me siento y la veo, esperando que ella me explique para que me ha llamado.
—¿Qué harás hoy en la noche? —me mira curiosa.
—Nada importante —respondo.
Asiente — Perfecto, iremos a una fiesta de negocios, irás como mi asistente.
¡Se dan cuenta!, es una aprovechada.
—Señora, yo no puedo —niego.
Me examina —Bien, puedes irte.
Me pongo de pie y camino hacia la salida pero mi conciencia me obliga voltear y verla, mueve sus manos y mira hacia la ventana, se que me voy a querer morir el domingo por lo que haré.
— Cambie de opinión, asi que claro señorita, ¿está mal este vestido? —le pregunto y ella sonríe.
¡Por primera vez la veo sonreír!
—Vamos, Gomez iremos a almorzar, yo invito —toma su bolso y salimos.
Seguramente me voy a arrepentir de esto.
