Capítulo 1: Llegada | 1.1: El Primer Encuentro
—¡Corran!–
—¡Huyan!–
—¡Es un Lerkha!–
—¡Un Lerkha viene hacía la Aldea!
—¡¿Dónde están los Guardias?!–
—¡¿Y Su Alteza, la Gran Duquesa?!–
En un pequeño pueblo comúnmente pacífico, los aldeanos mayores descansaban, charlaban y pasaban el día tranquilamente, mientras los niños corrían y jugaban alegres entre sí o con los adultos cercanos. Una escena pacífica que de repente, de la nada, se vio violentamente interrumpida por el sonido de la tierra temblando y árboles siendo destrozados.
—¡Allá está Su Alteza!–
—¡Su Alteza Serafina!–
—¡Está en la línea de visión del Lerkha!–
—¡Aléjese de ahí por favor!–
—¡Oh no, se ha paralizado!–
—¡¿Por qué el Príncipe y los demás no están aquí?!–
—¡Están con esa otra tipa, la Santa Karina!–
—¡¿No se supone que el Príncipe Heredero es el Prometido de la hija del Gran Duque?! ¡¿Qué hace con otra mujer y no con la suya?!–
—¡Justo cuando la Gran Duquesa lo necesita pasa esto!–
—¡Maldición, no podremos llegar a tiempo!–
Repentinamente, un poderoso rugido interrumpe la relativa paz. Un rugido proveniente de una bestia de grandes proporciones. 5 metros de altura, 3 metros de ancho y 7 metros de largo, con el aspecto de un reptil gigante, con diversos picos sobresaliendo de sus patas, lomo y cabeza. Esta misma se trataba del “Draken”, un Jefe de Mazmorra conocido por los Aventureros que venían por estos lares para aventurarse en la Mazmorra del Falso del Dragón. Un monstruo mezcla entre reptil y dragón, solo que, a diferencia de los dragones, esta bestia no poseía alas, y además era más gruesa.
—¡Grooahhr!–
Este, como si estuviera descontrolado, corre a pasos largos y pesados hacia la pequeña Aldea de 100 habitantes a unos kilómetros de su hogar original, produciendo un retumbar con sus pasos pesados y la destrucción de los árboles, arrancados de cuajo del suelo, que pasan por su camino.
—¡Es el Jefe de la Mazmorra cerca del pueblo!–
—¡Por la Diosa Creadora Noelle! ¡¿Cómo es posible?! ¡Se supone que nada puede salir de una Mazmorra!–
—¡Tengan cuidado! ¡El Jefe de la Mazmorra del Falso Dragón ha salido!–
Los gritos de los pobladores pronto se hacen escuchar, inundando la aldea ubicada cerca de la Frontera del Imperio de Arabella. Afortunadamente, la mayoría lo había visto, pues dada sus proporciones, era fácil de notar, por lo que todos los que estaban en su línea de visión tan pronto como la criatura entró destruyendo el arco de la entrada pudieron escapar de la bestia que parecía imparable y corría sin rumbo y desembocada. Todos, menos una persona.
Esta misma se trata de una joven mujer de 20 años, de cabello rojo, ondulado y que le llega hasta la espalda, ojos con iris color morado, piel blanca, con facciones faciales hermosas, suaves y refinadas, vestida con típicas ropas de dama de alta sociedad que acentúan de manera perfecta su figura de reloj de arena: una falda negra larga que llega a sus tobillos, con decoraciones doradas en forma de W, zapatilla de tacón de aguja de 5 centímetros que aumentaban altura a sus originales metro setenta y una blusa de manga larga blanca, pulcra, un cinturón negro delgado que une su falda con su camisa, colocado en su cintura de avispa, y finalmente una chamarra negra de piel de oso debido al frío de Hivern, la estación fría.
Ella, Serafina Noire Delacroix, la hija de unos famosos Grandes Duques, Reinhard Noire y Míriam Delacroix, qué habían fallecido 5 años atrás, cuando Serafina tenía 15 años, al salvar al Imperio de Arabella del ataque de una repentina hora de demonios que habían aparecido desde el Imperio de Lucius, el Imperio que colinda a la izquierda con Arabella, y cuyo sacrificio le había concedido el favor a su única hija de comprometerse con el Príncipe Heredero del país. Sin embargo, ahora esta poderosa mujer, ésta actual dirigente del Gran Ducado de Noire, estaba justo en la línea de visión de esta bestia, paralizada completamente.
—¡GROAAHHRR!–
La bestia, ahora a escasos metros de ella, ruge complacida por encontrar finalmente a una presa, pues en su camino no había encontrado a nadie cercano, y su gran volumen le impedía ver a otros lados. Pero ahora, con una humana en su línea de visión, finalmente iba a usar su nueva y recién adquirida fuerza para el exterior dada por alguien que parecía ser más fuerte que él y logró liberarlo de sus restricciones.
—¡...!–
Mientras tanto, Serafina, en vez de hacerse a un lado, intentar correr o incluso decir algo, ya sea para pedir ayuda o siquiera murmurar, se queda completamente paralizada. Ella misma, en el pasado, cuando tenía 15 años, contempló cómo los demonios con ayuda de las feroces bestias, los Lerkha, asesinaron a sus Padres justo frente a sus ojos, después de que repentinamente atacaron el lugar donde estaban realizando una inspección. A partir de esto desarrolló un trauma con ellos, por lo que cualquier bestia, sea un neutral Lerhia, un amable Lersau o un irracional Lerkha, le causa una parálisis completa y le impide siquiera pesar. Su inteligencia, perspicacia, racionalidad y capacidad de pensamiento que habían hecho que su Gran Ducado se alce hasta fácilmente volverse un nuevo país, quedan completamente ausentes en este tipo de situaciones.
Por esto, debido a su activación del trauma, lo único que puede hacer es cruzar los brazos y cerrar los ojos, deseando que su muerte no sea tan dolorosa, mientras su mente piensa en su Prometido, el Príncipe Heredero, y la persona que ella amaba con mucha intensidad, pero que ahora la había abandonado por irse a un picnic con la Santa, esperando con una última gota de esperanza a que volviera para rescatarla.
—¡No en mi guardia hijo de puta!. ¡Nadie toca a mi Villana favorita!–
Sin embargo, justo cuando Serafina cree que morirá asesinada por el Draken que estaba frente a ella, listo para atacarla, y cuando esa gota de esperanza en su Prometido se había secado, repentinamente siente como unos brazos firmes, fuertes, sujetan sus piernas y su espalda con firmeza, provocando que de manera instintiva rodee el cuello de ese alguien al sentir después como era alzada y movida de un lado a otro a gran velocidad. Unos brazos provenientes de un cuerpo que no era para nada el de su Prometido, pues este se notaba con músculo, a diferencia de su prometido que era delgado y sin tanto como el de este extraño.
—¿Eh?–
Al abrir los ojos, se da cuenta de que se encuentra en los brazos de un hombre joven, de unos 25 años, de cabello negro de estilo rebelde, de ojos rojo oscuro, de piel blanca, y metro noventa de altura, vestido con una ropa típica de plebeyo (camisa blanca de manga larga pantalón café oscuro y zapatos del mismo color, gruesos) que acentúa su cuerpo delgado pero tonificado, y por supuesto, un buen rostro digno de una estrella de teatro.
El joven, curiosamente, la mira no solo con alivio por haber llegado a tiempo, sino también con respeto, y además, con reverencia casi religiosa, como si él estuviera viendo a una Diosa pisando una humilde tierra. Incluso su agarre es lo más suave posible, impidiendo que se sienta más incómoda de lo que probablemente ya esté al ser cargada como princesa.
Y Serafina, al ver su expresión, no puede evitar que sus mejillas se tornen sonrojadas, no solo por estar en los brazos de un hombre desconocido atractivo, sino también por la mirada del hombre que jamás antes había visto en alguien más, puesto que las miradas que le solían mostrar tenían cálculo detrás. Incluso su propio Prometido, y de la cual ella amaba, nunca le mostró alguna vez aunque sea una pizca de la mirada que este nuevo hombre le mostraba en estos momentos.
—Su Alteza… –El hombre entonces la baja con cuidado, asegurándose de que ella pise bien y se sostenga perfectamente. Al mismo tiempo, ella, tan pronto como toca el suelo, retira sus brazos que momentos atrás rodeaban el cuello del extraño plebeyo– ¿Se encuentra bien?–
Serafina desvía ligeramente su mirada para no seguir viendo el atractivo rostro del joven y la mirada en él que le causa sensaciones extrañas, y después asiente con la cabeza con timidez.
—Muchas gracias… –Afortunadamente para ella, una vez pasado el peligro, su Modo Gran Duquesa vuelve a activarse, alejando sus anteriores pensamientos– Me encuentro bien. No te preocupes. Te agradezco mucho tu ayuda–
—No es nada Su Alteza –El joven niega con la cabeza y le sonríe, una sonrisa dulce que hace que Serafina, al mirar de reojo, sienta sus mejillas calentarse–
Entonces, para sorpresa de Serafina y de los que miraban desde lejos, incapaces de acercarse debido a la bestia cercana, el extraño plebeyo salido de la nada se inclina ante ella, la Gran Duquesa, colocando una rodilla en el suelo y su mano derecha en el corazón. Su mirada, sus ojos brillantes, la miran con aún más reverencia que antes, e incluso, como un caballero miraría a su única dama que ha elegido para servirle por siempre.
—¡¿Qué, qué haces?! –Serafina se sobresalta al instante, con las mejillas ya completamente ruborizadas. Ella, como Gran Duquesa, ha recibido este tipo de reverencia, pero hasta ahora, ninguno le había afectado en lo más mínimo. Para ella solo era Protocolo. Sin embargo, ahora este provocaba que su corazón latiera con rapidez, provocándole una sensación que jamás antes había sentido, ni siquiera con su propio Prometido– ¡Levántate, rápido! –Exclama ella con nerviosismo, intentando también agarrarlo para poder alzarlo, pero deteniéndose debido a su propio protocolo–
—Si usted me lo permite, este humilde sirviente le servirá toda su vida con completa devoción –La voz del chico se torna suave pero firme, mientras una sonrisa alegre y esperanzada se forma en su rostro– Mi único deseo en esta vida es cambiar su destino de ser la Jefa Final, para que así pueda ser usted misma y logre ser feliz–
—¿Eh? –Serafina en sus ojos muestra completa confusión. A pesar de su inteligencia, es incapaz de comprender tales palabras–
GRAAWWWR. El rugido furioso de la bestia se escucha una vez más, haciendo temblar la tierra por la fuerza sonora de este. Al mismo tiempo, ésta, que antes estaba contenta por haber conseguido una potencial presa, ahora se había vuelto furiosa por haberla perdido, por no poder estrenar su nueva fuerza con esa humana incauta. Y debido a esto, detuvo completamente su movimiento anterior, y comenzó a buscar tanto a su presa como a quien hubiera osado de quitársela.
—Tch –El joven, al ser interrumpido en su momento, chasquea la lengua con fastidio, mientras su ceño se frunce y su mirada se oscurece– Maldita porquería, arruinando mi momento con Mi Señorita–
Enfadado, el joven se levanta de su arrodillamiento, gira su cuerpo y mira hacia el Draken. La expresión de él no parece contener miedo alguno ni preocupación, como si la solían tener las demás personas cercanas, únicamente fastidio, como si mirara a un niño molesto que se ha entrometido en los momentos importantes de los adultos.
—Si mal no recuerdo, tengo por aquí una buena arma que recolecté en una misión secundaria –El joven extiende su mano hacia el frente, como si quisiera alcanzar algo frente a él– Solo la probé una vez, y según la descripción, dice que es buena contra Jefes de Mazmorras–
En un instante, unas partículas de luz azul marino se reúnen alrededor de la mano del joven. Tras eso, las partículas de luz adquieren una forma alargada, en forma de cruz, pero con la parte superior más larga de lo usual.
Finalmente, las partículas se revelan como una espada de aproximadamente 100 centímetros de largo y 5 de ancho. Una espada en cuya hoja están talladas runas brillantes y cuyo filo puede verse claramente por la luz del sol que cae sobre ella y que incluso emiten un halo de luz color morado que se mece de manera suave
—Su Alteza, vuelvo en un instante, ¿de acuerdo? –El hombre vuelve su mirada para ver a Serafina, esbozándole una sonrisa suave, una expresión completamente diferente a las que él le lanzaba a la bestia– Iré a encargarme de esta porquería–
Antes de que Serafina pudiera responder, con un fwish, el hombre desaparece en un abrir y cerrar de ojos, desvaneciéndose frente a sus ojos. Al mirar de nuevo hacia la bestia, nota como ahora el joven se encontraba justo enfrente de la criatura. Todo, en cuestión de un parpadeo. Una velocidad qué incluso a ella le sorprendió, pues ni siquiera los mejores Guardias Imperiales serían capaces de algo así.
—¿Sabes qué es lo que tengo ganas? –Le pregunta el chico al Draken mientras le apunta con su espada– Carne de falso dragón. Un estofado con tu carne seguro dará buenas características. Si Mi Señorita lo prueba, seguro aumentará sus pobres estadísticas actuales, y así podrá golpear a todos por su cuenta sin esperar a que alguien más, como por ejemplo un bastardo infiel, acuda a ella para que la salve–
Con un ligero movimiento, el joven blande su arma de arriba a abajo, y en un segundo una onda morada, igual al halo que la espada exhalaba, visible a pesar de la luz del sol, se observa claramente como si fuera un látigo de largo alcance. Segundos después, un BAM se escucha, un sonido parecido al de algo cayendo con fuerza al suelo. Incluso se podía ver el polvo levantado.
Para sorpresa de todos los presentes, el brazo derecho junto con la pierna de la bestia había caído pesadamente al suelo. Una simple blandida había destrozado parte de su cuerpo, provocando el desbalance del Draken y el horror de este. Su confianza por ese tal nuevo poder así como su furia se había desvanecido al observar cómo sus extremidades habían sido cortadas con facilidad, a pesar de que la durabilidad de su piel era como la de un diamante.
—Sabes, tú fuiste uno de los principales culpables de que mi Sera haya caído en la oscuridad y se haya convertido en una pieza más del guión –Dice el joven hombre, mientras prepara un nuevo ataque de su arma y da un paso al frente. Su tono ahora completamente frío, asesino– Debiste pensarlo antes de aceptar ese trato con ese Demonio que te sacó de ese lugar. Debiste quedarte ahí dentro, como un buen niño, haciendo tu trabajo de Jefe de Mazmorra. Pero, cómo no lo hiciste, como fuiste avaricioso, no me culpes por ser cruel contigo –Mientras habla, vuelve a dar un paso hacia horrorizada criatura que intenta, en vano, moverse para poder escapar– No permitiré que nadie en este mundo vuelva a hacerle daño a mi Sera. Ni tú, ni los demonios, y ni siquiera la propia Diosa Creadora de este mundo–
Fwish. Un nuevo ataque, también de forma vertical, acaba por completo con la criatura. Esta vez el ataque no había sido dirigido hacia la parte izquierda, sino al centro. Todos en el lugar pudieron ver como una poderosa criatura con la piel con la misma durabilidad de un diamante era cortada a la mitad por un halo de luz morada vertical, desgarrándose como si fuera una hoja de papel cortada con un cuchillo filoso. Todo, por un plebeyo que, exceptuando por su atractivo, parecía común y corriente.
Así, tras otro BAM, la criatura cayó hacia ambos lados. Una parte hacia el lado izquierdo, una hacia el lado derecho, mientras a su alrededor un gran charco de sangre negra comenzaba a formarse.
—Entonces… –Al instante, el arma en su mano se desvanece en las mismas partículas de luz–
Una vez que el joven termina su tarea, se aproxima de nuevo más hacia la Joven Noble de 20 años, hacia la actual Heredera y Gran Duquesa del Gran Ducado de Noire, quien ahora mismo se encontraba con los ojos completamente abiertos de la incredulidad por haber visto como una bestia de Rango A había sido cortada como mantequilla.
Y justo como antes, el hombre vuelve a arrodillarse ante ella, con el mismo gesto, y la misma mirada de devoción.
—Entonces, Su Alteza, ¿me aceptará?–








