Prólogo
La mansión Addams reposaba bajo una luna delgada y pálida, como una sonrisa cruel suspendida en el cielo.
El silencio solo era interrumpido por el crujir del viento entre las ramas
secas del jardín y el lejano graznido de un cuervo que se acercaba desde la oscuridad.
Merlina Addams estaba sentada frente a su escritorio, escribiendo en su
máquina de escribir una nueva página de su novela. El golpeteo rítmico de las teclas se detuvo cuando escuchó aquel sonido inconfundible.
Giró lentamente la cabeza hacia la ventana. El mismo cuervo de noches atrás estaba posado en el alféizar, observándola con sus ojos negros como pozos infinitos.
Sin decir palabra, se levantó y abrió la ventana. El ave entró batiendo las alas y dejó caer un pequeño objeto sobre el escritorio: una pluma negra, húmeda y manchada de sangre fresca.
Merlina frunció el ceño.
-No puede ser... -susurró, alargando la mano.
Apenas sus dedos rozaron la pluma, una oleada helada recorrió su cuerpo. Su visión se nubló, y por un instante, su respiración se entrecortó. El mundo giró a su alrededor.
Sintió algo -un tirón en el pecho, una punzada invisible- como si un hilo la conectara a alguien más.
Al otro lado de esa conexión, Tn se encontraba en su habitación, en la mansión, leyendo.
De pronto, una punzada aguda atravesó su corazón. Llevó una mano al pecho, confundido.
-Merlina... -murmuró en voz baja, sin saber por qué.
De vuelta en la habitación, Merlina se sostuvo del escritorio, aturdida. Su mirada se volvió hacia la pluma que ahora yacía inmóvil sobre las hojas blancas.
Era como si algo -o alguien- hubiera intentado advertirle.
Morticia apareció en el umbral de la puerta, su silueta elegante recortada por la luz de los candelabros.
-Querida, ¿todo está bien? -preguntó con voz calma, aunque su expresión decía lo contrario.
Merlina levantó la mirada lentamente.
-El cuervo volvió -respondió-. Y trajo esto.
Morticia se acercó, observando la pluma ensangrentada sin tocarla. Por un instante, sus ojos destellaron con un brillo de inquietud.
Sabía exactamente lo que significaba.
-Tal vez... sea solo una advertencia -dijo finalmente, tratando de sonar serena.
Pero su voz tembló, apenas perceptible.
Merlina no respondió. Miraba fijamente la pluma, sintiendo aún el eco del mareo, el lazo invisible que la había conectado con Tn.
Morticia se volvió hacia la ventana, donde el cuervo seguía posado, mirándolas.
En silencio, sus labios se movieron apenas, pronunciando una frase que solo el viento alcanzó a escuchar:
-La profecía ha despertado... y el destino de mi hija ya no me pertenece. El cuervo alzó el vuelo, desapareciendo entre las sombras.
Y Merlina, con la mirada fija en la luna, sintió que el verano en la oscuridad
había terminado...
y que algo mucho más siniestro estaba por comenzar.