Capítulo 1
🕸️Lo que arde en mis manos”
(Maki Zenin Yandere x Yuta Okkotsu)
El acero siempre fue mi único consuelo.
Desde niña aprendí que la sangre propia no vale nada cuando se nace Zenin sin maldiciones.
Ellos me despreciaron, me usaron, me llamaron inútil...
Y yo respondí con la furia callada de mis huesos rotos y mis manos ensangrentadas sobre la empuñadura de un arma.
Fui criada para odiar.
Para odiar a mi sangre.
Para odiar mi debilidad.
Para odiarme a mí misma.
Y entonces... llegó él
(IGNOREN LA CAMISA DEL BARCELONA, fue lo que encontré)
Era un chico extraño, torpe... un peso muerto a primera vista.
Temblaba, tartamudeaba, y sin embargo, había algo en sus ojos.
Algo quebrado.
Algo que se parecía demasiado a mí.
Yuta Okkotsu.
El niño maldito por un amor que nunca murió.
El huérfano cargando con un espectro tan voraz que hasta los maestros le temían.
Yo, Maki Zenin, que no temía a nada... me descubrí mirándolo demasiado.
*escena de entrenamiento*
La primera vez que lo entrené, juré que lo haría pedazos.
Que le mostraría lo débil que era.
Que mi furia era suficiente para devorar a cualquiera.
Pero cuando lo vi luchar por ponerse en pie, jadeando, con las manos temblando y la mirada clavada en mí como si yo fuera la única cuerda que lo sostenía en este mundo...
Algo cambió.
Un calor incómodo me recorrió el pecho.
No era amor.
No era ternura.
Era una necesidad más primitiva.
Una certeza: “Él es mío.”
No me importaban sus lágrimas.
No me importaba su pasado.
Rika podía arrastrar su maldición sobre él, envolverlo, sofocarlo... pero yo sería la que lo sostendría.
Mientras más lo veía, más crecía esa raíz venenosa dentro de mí.
Me sorprendía pensando en sus sonrisas, en cómo mi nombre sonaba en sus labios.
Y cada vez que otro lo miraba... una punzada de furia me taladraba la mente.
Era ridículo.
Yo no era como esas niñas tontas que suspiraban por un hombre.
Yo no debía serlo.
Y, sin embargo, la idea de alguien tocando lo que era mío me hacía querer empuñar la katana y cortar hasta que solo quedara silencio.
Una tarde, lo vi reír con mi hermana
Veía como ella lo hacía Reír.
Yuta, ese niño quebrado, sonriendo con una inocencia que jamás había mostrado conmigo.
No debió dolerme.
Pero dolió.
Lo observé.
Sus manos, su postura, esa risa suave que no me ofrecía a mí.
Mis dedos temblaron contra la empuñadura de mi lanza.
La voz en mi mente susurró con dulzura:
“Mátalo. Haz que deje de respirar. Así esa sonrisa volverá a ser tuya.”
No lo hice.
Aún no.
Pero ese día comprendí lo que estaba pasando.
Yo no lo estaba entrenando.
No lo estaba cuidando.
Lo estaba poseyendo.
Un día el profesor GOJO envió a YUTA a una misión donde al regresa este veía herido de gravedad
esa primera vez que Yuta volvió ensangrentado de una misión, casi enloquezco con solo ver la escena
Vi la sangre resbalar por su cuello, y un frío me arrancó el aire.
Lo llevé a la enfermería.
YO fui la única que Curé sus heridas con manos firmes, pero por dentro estaba hecha pedazos.
Lo miré dormir, exhausto, y pensé:
“¿Y si lo pierdo? ¿Y si alguien me lo arranca, como ellos me lo arrebataron todo?”
La idea fue insoportable.
Entonces lo decidí.
No iba a permitir que nada ni nadie me quitara a Yuta Okkotsu.
Ni una maldición, ni un clan, ni siquiera él mismo.
Esa noche, me quedé a su lado.
Me acerqué a su oído y susurré mientras él soñaba, ajeno:
—Yuta... tú no entiendes lo que significas para mí. Eres la única llama que no puedo dejar apagar. Eres mío, ¿entiendes? Mío. Aunque el mundo arda. Aunque deba cortar a todos los que te rodean.
Mi voz temblaba, entre ternura y locura con lo que había soltado, no parecía ser yo pero lo era
Lo besé en la frente, con un cuidado que contrastaba con la violencia que bullía en mi pecho.
—Si me abandonas... si me miras como miraste a Rika... yo... yo haré pedazos este mundo, Yuta. Y cuando no quede nada... tú y yo estaremos solos.
Desde entonces, mi vida ya no fue mía.
Toda mi rabia, todo mi odio, toda mi fuerza... se torcieron en torno a un solo nombre.
Yuta Okkotsu.
El único que me vio como algo más que una Zenin rota.
El único que no escaparé de amar, aunque deba encadenarlo a mí con sangre y acero.
No soy una heroína.
No soy una víctima.
Soy la sombra que sonríe a su lado...
y que no dudará en matar si alguien osa arrebatarme lo que es mío.
¿fin?
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++