Capítulo 3:el encuentro con el sujeto
Al día siguiente:
Rayan: ¡Levántense, flojos! Hay que seguir con el plan.
Euren: (Sale de la cocina con una taza de té) Cálmate, Rayan. Creo que esa no es la mejor forma de levantar al equipo.
¡Pamm! Una almohada golpea la cara de Rayan.
Mirco: (Con rudeza y enojo) ¡Cállate! Eres muy ruidoso.
Rayan: ¡Ah! ¡Te voy a matar!
Mirco: Ven, aquí te espero. Te daré una paliza de las que te mereces.
Miray: ¡Deténganse, chicos!
Rayan se acerca a Mirco.
Euren: (¡Pum! Golpea a Rayan) Cálmate, chico. Ya te lo dije: estás causando problemas a todos. Y tú, Mirco, compórtate como una guerrera respetable, no como un animal.
Mirco: (Sobándose el brazo después de que Euren la regañó, pero mirando a Rayan con fuego en los ojos) Él empezó... parece que se le olvidó que hoy es el día más importante.
Rayan: (Gruñendo) No se me olvidó nada. Solo quiero que estemos listos antes de que el sol esté demasiado alto. La luz de la mañana es nuestra mejor cobertura para que Miray tome posición.
Euren: (Terminando su té con calma) Entonces deja de pelear y termina de revisar el transporte. Las armas ya están listas.
Miray: (Se acerca a la camilla de Dante, revisando sus signos) Dante... ya nos vamos. Euren, ¿estás seguro de ese lugar?
Euren: Sí. El Sector 4. Si logramos entrar sin que nos maten, lo encontraremos. Hay que tener cuidado con los alienígenas de la entrada, tienen tecnología avanzada... nos van a causar problemas.
Rayan: (Se detiene en la puerta y mira al equipo, su tono cambia a uno más serio) Escuchen... no soy bueno con las palabras, pero... regresaremos todos. Y traeremos a ese tipo.
Narrador: Los cuatro chicos suben al transporte. El motor suena pesado, luchando contra el frío de la mañana. Miray se sienta en la parte de atrás, abrazando su rifle, mientras Mirco y Euren revisan sus pistolas de plasma. Rayan pisa el acelerador y el refugio queda atrás, envuelto en el silencio del desierto.
8:00 AM: Cercanías del Sector 4.
Rayan: (Frenando el transporte detrás de una duna de escombros) Bien, hasta aquí llegamos con el vehículo. Miray, aquella torre de comunicaciones destruida a tu derecha... es el punto más alto. ¿Puedes llegar?
Miray: (Ajustándose la correa del rifle, con el rostro serio) Denme cinco minutos. No se muevan hasta que escuchen mi primera señal por el radio.
Narrador: Miray sube a la torre mientras los demás avanzan con sigilo por los escombros.
Miray: Chicos, hay bastantes. Calculo de 100 a 200. Aunque son muchos, no todos son iguales. Me explico: hay dos con rifles de francotirador en los pilares de la entrada. Mi análisis sería: 80 con espadas, 2 con rifles, 50 que parecen trabajadores cargando suministros y 68 con rifles de asalto.
Rayan: (Escuchando por el radio, agazapado detrás de un muro derruido) ¿Doscientos? ¡Maldición! Esto es un hormiguero.
Euren: (En voz baja, analizando la situación) Tiene sentido. Están protegiendo a ese tipo; de verdad debe ser muy importante. Pero miren la formación: los 50 que cargan suministros son civiles o trabajadores, no pelearán. El peligro real son los de los rifles y, sobre todo, esos dos francotiradores que vio Miray.
Mirco: Si esos dos francotiradores nos ven, estamos muertos antes de pisar la entrada.
Miray: (Desde la torre, ajustando la mira telescópica y conteniendo la respiración) Escuchen... si elimino a los dos francotiradores de los pilares al mismo tiempo, causaré confusión. Pero en cuanto el primer cuerpo caiga, los otros se habrán dado cuenta.
Rayan: No tenemos opción. Miray, tú encárgate de los pilares. Euren, Mirco... preparen las granadas de humo que robamos. En cuanto Miray dispare, crearemos una cortina para avanzar entre los 80 de las espadas. No disparen sus armas de plasma a menos que sea necesario; hay que ahorrar energía.
Miray: (Su dedo se aprieta suavemente en el gatillo) Objetivo uno fijado... Objetivo dos en la mira.
Narrador: El viento sopla suavemente, moviendo el cabello de Miray. Ella calcula la caída de la bala de plasma y la resistencia del aire. En su mente, solo existen esos dos puntos rojos en los pilares.
Miray: Tres... dos... uno... ¡Fuego! Chicos, pilares abatidos. Quiero que tengan en cuenta algo: no disparen por disparar; disparen cuando sea necesario.
Mirco: Explícate, Miray.
Miray: Los rifles o armas de asalto, al ser disparados continuamente, se recalientan, lo que hará imposible sostener el arma. Si se recalienta, se enfría con el tiempo, pero sabemos que no hay espera. Escuchen, ya se percataron de los cuerpos de los alienígenas... ¡pero cambio de planes! Hay una entrada por el costado de la base. Los alienígenas estarán pendientes de la entrada principal; en vez de encararlos, entren por el costado. Así evitan pelear y ahorran tiempo y recursos.
Miray: (Susurrando por el radio, con la voz muy baja) Escuchen... los alienígenas todavía no se han percatado de ustedes. Están todos mirando hacia el frente o distraídos con los suministros. Si se mueven ahora por el costado, podrán entrar sin disparar una sola bala.
Rayan: (Haciendo una señal de "alto" a Mirco y Euren) Quietos. Guarden esas porquerías de rifles. Si no nos han visto, no les daremos el gusto.
Mirco: (Bajando su arma y pegándose a la sombra de un contenedor) Miray tiene razón. Si entramos por el costado, ahorramos el calor de las armas para cuando estemos adentro.
Euren: Vamos. Movimientos cortos. Miray, danos el tiempo exacto.
Miray: (Observando a través de la mira telescópica el patrón de los guardias) Ahora... El guardia del flanco derecho se está dando la vuelta para hablar con otro. Tienen 15 segundos. ¡Corran!
Narrador: Los tres se deslizan como sombras entre los escombros laterales. El silencio es absoluto, solo roto por el sonido metálico lejano de la base. Llegan a la escotilla lateral que Miray encontró. Está cerrada con un panel electrónico.
Euren: (Susurrando) El panel está activo pero en silencio. Si lo fuerzo, la alarma sonará en toda la base.
Narrador: Rayan intenta jalar la manija, pero está bloqueada por un sistema hidráulico que no cede ni un milímetro.
Rayan: (Susurrando con desesperación) ¡Maldita sea! Está sellada por dentro. Euren, haz algo con el panel, ¡rápido!
Euren: (Tecleando frenéticamente) ¡No puedo! El sistema está encriptado desde el núcleo central; ¡es como si alguien hubiera bloqueado el acceso manualmente para que nadie entre ni salga!
Mirco: (Mirando hacia atrás con el rifle en alto) Chicos, dense prisa... una patrulla de esos espadachines viene hacia acá. Si no abrimos esto en diez segundos, el plan de sigilo se va a la basura.
Rayan: (Golpeando la puerta con el puño, frustrado) ¡Ábrete, maldita sea!
Narrador: De repente, el sonido de los pistones hidráulicos resuena. La puerta no solo se desbloquea, sino que se desliza hacia arriba con una elegancia mecánica perfecta. Los tres retroceden, apuntando con sus rifles hacia la oscuridad del pasillo, esperando una emboscada. Pero no hay soldados. Solo una mujer de pie, con una bata blanca impecable y una mirada que desprende una inteligencia abrumadora. Está cruzada de brazos, mirando su reloj de bolsillo con impaciencia.
Anónimo: (Con voz firme y tranquila, sin mostrar pizca de miedo) Han tardado exactamente doce minutos más de lo que calculé desde que los vi entrar en el perímetro.
Rayan: (Confundido, sin bajar el arma) ¿Qué...? ¿Quién eres tú?
Anónimo: (Camina hacia ellos con autoridad, ignorando los rifles que le apuntan) Soy la persona que acaba de salvarles el pellejo abriendo esta puerta. Y si van a seguir ahí parados con la boca abierta, los alienígenas los encontrarán antes de que pueda explicarles cómo estabilizar esos rifles que llevan, los cuales, por cierto, están a punto de sufrir una falla crítica por sobrecalentamiento residual.
Mirco: (Asombrada) ¿Tú eres ese tipo?
Anónimo: Vaya, así que venían por mí. Me lo imaginaba. Y escuchen: no soy "ese tipo", soy mucho más que esa palabra. Creo que seré quien tome las riendas de su seguridad por ahora.
Rayan: (Arrugando el entrecejo) ¿Tomar las riendas? Escuche, señora... nosotros somos los que sabemos pelear. Usted solo tiene que decirnos por dónde salir.
Anónimo: (Caminando hacia una consola central y tecleando con una velocidad asombrosa) Joven, pelear es solo aplicar fuerza bruta sobre un objetivo. Si yo no apago los inhibidores moleculares de este pasillo en los próximos diez segundos, sus pulmones colapsarán antes de que puedan apretar el gatillo. Así que sí... yo tengo las riendas.
Euren: (Mirando a sus amigos) Rayan, hazle caso. Ella sabe lo que hace.
Anónimo: (Sin mirarlos) Sensato. Ahora, escuchen: los alienígenas no se han percatado de su presencia porque he estado enviando una señal de bucle a sus radares. Pero esa señal se agotará en breve.