Capítulo 1
Prólogo
[Flashback: Años Atrás]
La lluvia golpeaba con furia los ventanales de la casa Yamada. El viento gemía como si quisiera arrancar los cimientos mismos de aquel hogar, y cada trueno iluminaba por un segundo la sala, mostrando a una niña de apenas diez años acurrucada en el sofá, abrazando un cojín como si en él pudiera encontrar refugio.
Anna Yamada pequeña temblaba, no tanto por la tormenta, sino por el extraño brillo en los ojos de su madre, Sanae Yamada.
La mujer acariciaba lentamente el cabello de su hija, cada movimiento impregnado de una ternura en apariencia maternal, pero en el fondo demasiado rígida, como también demasiado calculada.
-Anna... -susurró Sanae con voz suave, como si recitara una lección que debía quedar tatuada en la memoria de su hija-. No tengas miedo, es solo los truenos--la niña asintió sin verla pero temblando -No te asustes de ellos ok? Yo estoy contigo-comentó donde la chica asintió que aunque con miedo se empezó a relajar- Querida hija, quieres Escuchar bien lo que voy a decirte? , porque estas palabras te acompañarán toda tu vida
Los ojos de la pequeña, grandes y húmedos, se alzaron hacia su madre con inocencia mientras asintió donde la mujer sonrió
-Escucha Anna Cuando ames a alguien... cuando de verdad tu corazón lata por una sola persona que realmente te valore y te importe, tu deber es protegerlo con todo lo que eres. No importa si el mundo entero se convierte en tu enemigo. No importa si te llaman cruel o equivocada. El amor verdadero no se negocia, se defiende.-comentó con firmeza
Anna parpadeó confundida. -¿Defenderlo... de qué, mamá?-preguntó confusa la niña
Sanae sonrió. Era una sonrisa hermosa, pero vacía, tan fría como la tormenta que estaba sucediendo afuera de su casa
-De todos, hija. La gente siempre intentará arrebatarte lo que amas. A veces disfrazarán sus intenciones de amistad, otras de consejos bienintencionados... pero nunca lo olvides: lo hacen porque no quieren que seas feliz. Cuando llegue ese momento... -su voz descendió a un susurro que parecía perforar la mente de la niña-, harás lo que sea necesario. Lo que sea necesario, ¿entiendes?
Anna bajó la cabeza, mordiéndose el labio. Su voz titubeante se escapó como un secreto.
-¿Incluso si... hago algo malo?
Hubo un silencio prolongado ante el comentario. El trueno sacudió la casa y asusto a la niña . Sanae se inclinó, depositando un beso en la frente de su hija.
-No hay nada malo en proteger lo que amas -respondió con una calma escalofriante-. El amor verdadero lo justifica todo. Cuando crezcas, lo comprenderás.
Y así, en aquella noche azotada por la tormenta, las palabras de Sanae quedaron impresas en el corazón de Anna como un pacto silencioso.
[Presente]
El atardecer pintaba el cielo con tonos naranjas y violetas cuando Anna Yamada caminaba por un sendero del parque, sosteniendo con delicadeza una bolsa con galletas recién horneadas. El aroma dulce parecía mezclarse con la brisa otoñal, y en sus labios brillaba una sonrisa suave.
Pero en sus ojos... había algo más. Una chispa que combinaba ternura con una intensidad casi peligrosa.
-Kyoutarou... -susurró para sí misma, acariciando la bolsa como si fuera un tesoro-. Finalmente te encontré. Encontré a esa persona...tu Eres mi mundo ahora. Y nada... nada me arrebatará de tu lado.
El recuerdo de su madre era como un eco lejano, repitiéndose una y otra vez en su mente: “Lo que sea necesario.”
Más tarde, Anna permanecía en la entrada de la escuela, esperando a Kyoutarou. El campus estaba casi vacío, salvo por las luces mortecinas de los pasillos y la silueta confiada de Haruya Nanjo que se acercaba con una sonrisa descarada.
-Anna-chan... -saludó, recostándose en la pared con una pose despreocupada-. ¿Otra vez esperando a Ichikawa? ¿No te cansas de perder el tiempo con él?
Anna lo miró con sorpresa primero, pero luego esbozó una sonrisa cortés, la clase de gesto amable que todos esperaban de ella.
-Haruya-kun, ¿qué quieres decir con eso?
Él soltó una risa ligera, avanzando un poco hacia ella. -Vamos, sabes que Ichikawa nunca se dará cuenta de lo especial que eres. En cambio yo... sí lo haría. -Se inclinó, bajando la voz a un tono insinuante-. ¿Por qué no te olvidas de ese tipo aburrido y vienes conmigo? Podríamos divertirnos mucho más.
Anna parpadeó lentamente. La sonrisa seguía en sus labios, pero sus ojos se habían endurecido, como un cristal a punto de romperse.
Las palabras de su madre atravesaron su mente como un cuchillo: “La gente siempre intentará arrebatarte lo que amas.”
-¿Divertirnos...? -repitió Anna con un tono casi infantil, ladeando la cabeza.
-Claro -dijo Haruya con confianza-. Solo piénsalo, estarías con alguien que realmente aprecia tu sonrisa.-
Por un instante, Anna guardó silencio. Y luego, con dulzura perturbadora, respondió:
-Haruya-kun... eso suena muy tentador. Pero paso-
-Jeje como quieras-con eso el chico se va mientras ANNA cambia de actitud de un parpadeo-
- cometiste un error. -su sonrisa de distorciona-. Nadie habla así de Kyoutarou. Nadie.
[Horas después]
La luna se ocultaba tras nubes espesas. En un callejón mal iluminado, Haruya caminaba distraído, revisando mensajes en su teléfono. El eco de pasos detrás de él lo hizo detenerse.
-¿Anna-chan? -preguntó con nerviosismo, girándose hacia la penumbra.
Del oscuro callejón emergió ella, caminando con calma, como si no hubiera prisa en el mundo. Su rostro irradiaba serenidad, pero en sus manos brillaba algo metálico bajo la luz intermitente de una farola.
-Haruya-kun... -su voz era suave, melódica, pero helada-. No deberías haber dicho esas cosas sobre Kyoutarou.
Haruya retrocedió un paso, intentando sonreír. -Vamos, Anna-chan, era una broma. Solo estaba jugando. No era en serio.
Ella ladeó la cabeza, mostrando una dulzura tan falsa que resultaba aterradora. -¿Una broma? No creo que Kyoutarou lo hubiera tomado así cuanto te escucho. Pero Yo tampoco vi la gracia
Y en un instante, el callejón se tiñó de un silencio absoluto, roto solo por un grito ahogado que pronto fue devorado por la oscuridad.
[Al Día siguiente]
El rumor se extendió por la escuela como un incendio: “Encontraron a Haruya Nanjo muerto... nadie sabe qué pasó...”
Los pasillos estaban impregnados de miedo y tristeza, pero en medio de aquel caos, Anna caminaba con calma, llevando consigo la misma sonrisa radiante de siempre.
Junto a Kyoutarou, posó una mano sobre su brazo con ternura.
-Es terrible lo que le pasó a Haruya-kun -dijo con una voz suave, impregnada de falsa compasión-. Espero que encuentren al culpable pronto.
Kyoutarou, distraído y preocupado, asintió.
Anna lo observó de reojo, permitiéndose un instante fugaz de satisfacción. En su mente resonaron otra vez las palabras de su madre, tan claras como aquella noche de tormenta:
“El amor verdadero lo justifica todo.”
Y con devoción y obsesión entrelazadas en su pecho, Anna Yamada sonrió, sabiendo que nadie jamás le arrebataría a Kyoutarou.
CONTINUARA. . . .
(Y SI SE LO PREGUNTA, SI esta es una de las historias rescatadas)
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