Chapter 1
Capítulo 1
Sombraalta, 2024
Mi papá estaba terminando de empacar los pedidos del día: papas Noisette con pollo y mucho picante.
Mis papás fundaron Jesa cuando mamá estaba embarazada de mellizos. Como estaban mal económicamente, decidieron mudarse a Sombraalta y abrir el negocio. Cuando iniciaron el emprendimiento, mamá tenía 20 y papá 22; están juntos desde los 14 años.
Jesa es un negocio de comidas caseras, especialmente pastas, y desde su fundación les ha ido muy bien. Le pusieron Jesa porque a sus futuros hijos les iban a poner Sara y Jeremy.
Ambos nacimos el 16 de julio de 2007. Aunque iguales, somos muy distintos. A Jeremy le encanta el deporte, ir de fiesta, salir con chicas y hacer todas las cosas típicas de un adolescente rebelde. Yo, en cambio, prefiero quedarme a ayudar a mis papás con el negocio, leer, ver películas… y tengo solo cuatro amigos.dos son repartidores en jesa.
Me hice amiga de ame y Nico cuando entraron a trabajar en el negocio. Son un poco mayores que yo pero eso no afecta en nuestra amistad.
Me hice amiga de liza y Lucas en el instituto. Nos conocemos de pequeños.
Cuando papá termina de empacar la comida, me entrega las bolsas.
—Esta es la dirección. Ve con cuidado y que no se te haga tarde.
Me da un beso en la frente y le sonrío.
—Hice esto miles de veces, papá, no me va a pasar nada —digo mientras doy media vuelta hacia la puerta—. Adiós, pa.
Estoy por cruzar la puerta cuando papá habla:
—Sabés que no tenés que hacerlo, ¿no?
—Lo sé, pero quiero hacerlo —le tiro un beso desde la puerta—. Bueno, adiós, que se me hace tarde.
Me sonríe y se vuelve a su trabajo. A mi padre no le gusta mucho que haga los repartos porque dice que es un poco peligroso y prefiere que lo haga yo ayudando en la cocina o algo así.
Al negocio le va súper bien y tranquilamente podrían abrir un restaurante y hacer el negocio más grande, pero ellos prefieren seguir con algo un poco más familiar.
Somos tres los repartidores: Amelia, Nico y yo. Ellos empezaron a trabajar hace dos años y les son muy fieles a mis padres. Los contrataron cuando ellos ya no podían entregar los pedidos porque no podían cocinar y entregar a la vez. Con ellos en el negocio es un poco más fácil y podemos vender más pedidos que antes, aparte de que se hicieron muy amigos míos.
Son los mejores padres que podría tener, y aunque Jeremy sea un poco gruñón y pesado, es el mejor hermano que existe. Soy muy afortunada de la familia que me tocó. Dicen que la familia no se elige, pero si volviera a nacer, los elegiría a ellos miles de veces.
***
Cuando salgo de casa, miro la dirección en el papel que me dio mi padre. Es una calle a la que nunca fui y no sé dónde queda. Abro mi celular para buscarla en el GPS: está bastante lejos, a unos veinte minutos, pero si me apuro, puedo volver antes del anochecer.
Las calles están bastante vacías comparado con otros días y hoy hace más frío de lo normal.
Mientras más camino, más me alejo del ruido y las luces de la ciudad.
¿A dónde estoy yendo?
Empece a repartir para mis padres hace unos meses y nunca anduve por estas calles.
Después de quince minutos, llego a una parte de la ciudad que no conozco. Hay una barrera, como si estuviera entrando a otra ciudad o algo así. No hay casi señal y todo parece muy marginal. No hay casi luces, no veo a nadie en las calles; las casas parecen abandonadas y el aire trae un olor desagradable.
Es todo muy húmedo y terrorífico. Aparte que las calles están llenas de basura.
Como no hay señal, el GPS deja de funcionar, así que tendré que buscar la calle por mí misma. Nada más pasar la barrera, aparece una plaza sorprendentemente bonita en medio de tanto abandono. Es redonda, grande, con muchos arbustos, y parece haber un pequeño lago en el centro, reflejando los colores naranjas del atardecer.
Me adentro más a la zona y paso por varios callejones intentando dar con la ubicación, pero no la encuentro y el sol se oculta cada vez más rápido. Mientras más me adentro, más abandonado parece todo. El olor se hace más fuerte, y un escalofrío recorre mi espalda, haciendo que mis pasos sean más lentos. Cualquiera que me viera diría que estoy aterrada.
Después de aproximadamente cinco minutos, llego a una plaza más pequeña que la de la entrada, Ahora está completamente de noche. Hace cada vez más frío y este lugar me da miedo. Parece un puto basural, y el silencio solo se rompe con el crujido de mis zapatos sobre la hierba.
Doy la vuelta para irme y en ese momento siento una presencia detrás de mí. Intento reaccionar rápido, pero alguien me tapa la boca con la mano, se pega a mí y me mete dentro de un arbusto hueco. Mi corazón late tan rápido que siento que va a explotar.
Intento zafarme, pero me aprieta suavemente, evitando lastimarme. Me agarra la cabeza para que lo mire y señala el centro de la plaza, donde hay un chico rubio, una chica y un chico de cabello negro buscando algo entre el pasto.
Se apoya el dedo índice en los labios y hace un “shh” silencioso.
Lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas y aterrizan en la mano que tiene sobre mi boca. Es un agarre fuerte pero intenta no lastimarme. Con su su mano libre acaricia mi cabello. A pesar del miedo, hay algo en su gesto que me hace sentir más tranquila.
No entiendo si quiere secuestrarme o calmarme.
—Quedate quieta, no te va a pasar nada —susurra en mi oído con una voz suave y ronca. Podría escucharlo hablar todo el día —. Solo quédate quieta y no hagas ruido.
Asiento, intentando calmar mi respiración. Cuando casi dejo escapar un sollozo, me lanza una mirada que claramente dice cállate.
Le lanzo una que intenta decir lo siento.
No puedo hablar porque tiene su mano sobre mi boca, pero aunque quisiera hablar solo saldrían sollozos.
Las voces de las personas se escuchan cada vez más cerca. Por las hojas del arbusto veo cómo se agachan y revisan los pastos con desesperación.
—No te asustes, no van a encontrarte —susurra, acariciando mi cabello. Esa puta voz.
Aunque intente calmarme cada vez tiemblo más del miedo por lo cerca que se encuentran.
Cierro los ojos intentado calmarme pero escucho algo que me hace sobresaltar y los abrí de golpe.
—¡¡miren lo que encontré!!—chilla la chica mientras levanta un conejo muerto de la pata.
—por fiin—dice el pelinegro y más alto de todos. Da miedo—eres la mejor Olivia—y le da un beso en la frente.
Los tres chicos agarran al conejo, acercan sus caras y se lo empiezan a comer. Al conejo… crudo. Se lo comen.
Mi estómago se revuelve. Él me lanza una mirada que me dice claramente que me quede callada.
El imbecil mira la escena como si fuese algo normal. Hasta podría decir que quiere unirse.
—Por fin algo de sangre —dice el rubio mirando al cielo como si estuviese agradecido. Parece extasiado.
Los tres levantan la cabeza del conejo y empiezan a reír.
Veo algo que me deja petrificada. De sus bocas salen largos colmillos. Y sus ojos están de un jodido color negro.
La sangre chorrea de sus bocas y ellos se pasan la lengua sin querer desperdiciar nada.
Todo eso solo puede significar una cosa.
En cuanto me doy cuenta de la situación intento zafarme del chico para salir corriendo de ahí.
—shh, tranquila. Ya sé que da miedo pero no te va a pasar nada.
La chica parece quedarse mirando fijamente al arbusto. Joder ¿nos habrá escuchado?
él me agarra por la cintura y me pega a él suavemente.
—¿Olivia que miras?—pregunta el pelinegro—. Nada, vamos.
La chica deja de mirar el arbusto y casi me desmayo de alivio.
—estuvo cerca—dice con un tono relajado.
Entonces lo miro. A la boca. Los mismos colmillos.
Entro en pánico y intento sacármelo de encima como puedo pero sigue manteniéndome contra el.
Cuando las tres personas se están yendo me dice:
—te voy a soltar ¿si? Pero no intentes ni gritar ni escapar.
Me lo dice en un tono muy tranquilo y suplicante. Lo más probable es que me coma como esos otros comieron al conejo.
Tengo que escapar como sea.
¿Enserio se piensa que me voy a quedar tranquila después de verle esos colmillos?
Asiento con la cabeza y el chico me suelta.
Me doy vuelta lentamente para quedar cara a cara con él y en un movimiento rápido dejo caer las bolsas de comida que todavía tenía en las manos. Y intento salir corriendo.
Intento. Me agarra la muñeca y me pega a él.
—déjame ir—le digo con lágrimas en los ojos—te juro que no quería venir a molestar a nadie, quédate con la comida si quieres.
—ahora no te puedes ir. Es de noche y es cuando salen todos.—estamos tan cerca que su aliento golpea mi rostro—te voy a llevar a un lugar seguro hasta que te puedas ir.
—¿enserio piensas que voy a confiar en ti?¿cómo sé que no me vas a comer como esos tipos se comieron al conejo?
Veo...¿diversion en su rostro?
—si te hubiese querido comer ya lo abría echo.
Entonces levanta mis bolsas del piso y tira de mi muñeca para sacarnos del arbusto.