Silencio, paz... y un idiota sin Wi-Fi
El jeep se detuvo frente a la entrada del templo, en medio de un paisaje tan silencioso que a Yul le dieron ganas de poner música solo para romperlo.
Bajó del vehículo con una mueca.
-Perfecto. Un templo. Sin Wi-Fi, sin cafetería, sin Starbucks, sin sentido de la moda.
El chofer no respondió. Bajó la maleta, le lanzó una mirada de "buena suerte, te la vas a necesitar" y soltó una mueca burlona al subirse al jeep de nuevo. Luego se alejó dejando tras de sí una nube de polvo.
Yul suspiró. Tenía el cabello negro perfectamente peinado: el típico corte idol que parecía desafiar al viento. Llevaba una playera negra corta con llamas rojas en los bordes, dejando ver su abdomen marcado cada vez que respiraba. Los pantalones azules se ajustaban tanto como su ego.
-Esto parece un castigo divino -murmuró.
-No es castigo -dijo una voz detrás de él-. Es una oportunidad.
Yul giró tan rápido que casi se le cae la mochila. Frente a él, un chico lo observaba con una calma desconcertante.
Llevaba el cabello verde, atado a medias con una cinta marrón, un chaleco del mismo tono y una playera blanca que contrastaba con el tono de su piel. Los jeans estaban gastados, y aun así, se veía... distinto.
-¿Y tú quién eres? ¿El monje edición limitada? -preguntó Yul, arqueando una ceja.
El chico sonrió apenas.
-Soy Kai. Ayudo al maestro con los visitantes... complicados.
-Ah, bueno. Entonces trajeron refuerzos.
Kai inclinó la cabeza.
-El ego grita cuando el alma tiene miedo de escuchar.
-¿Perdón? -Yul lo miró, frunciendo el ceño-. ¿Eso fue una amenaza o una frase de galleta china?
Kai no respondió. Solo lo observó, tranquilo, y ese silencio irritó a Yul más que cualquier sermón.
-Mira, Kai, o como sea, yo solo vengo porque mi manager se volvió loco -dijo, alzando las manos-.
Anda diciendo por ahí que maltrato a las personas.
¿Puedes creerlo? ¡Por insultar a unos estúpidos maquillistas que ni siquiera hicieron bien su trabajo! Personas que deberían estar agradecidas de trabajar para mí, y ahora resulta que yo soy el problema.
Kai lo miró sin cambiar la expresión. Yul chasqueó la lengua.
-O sea, exageran. Solo dije lo que todos pensaban.
Kai inclinó un poco la cabeza, con una calma que desconcertó a Yul.
-A veces el espejo devuelve más de lo que queremos ver.
-¿Qué? ¿Ahora también eres filósofo? -replicó Yul, cruzándose de brazos.
-Aquí nadie cuenta los días -contestó Kai, girándose hacia el templo-. Pero el tiempo siempre termina enseñando algo.
-¿Y tú qué enseñas? ¿Cómo fastidiar en cámara lenta?
Kai rió apenas; un sonido tan suave que Yul no supo si quería golpearlo o volver a escucharlo.
-No. Solo observo.
-Genial, un observador profesional -bufó Yul, siguiéndolo-. Oye, ¿dónde están las habitaciones? Por favor dime que tienen aire acondicionado.
-No. Pero tienen ventanas.
-Ah, fabuloso. Respiraré humildad.
Kai siguió caminando sin responder. Yul lo acompañó, murmurando cosas entre dientes.
El templo era hermoso, eso tenía que admitirlo: paredes de madera, campanas colgantes y una brisa que olía a sándalo y flores secas.
Pero lo que más lo incomodaba era la sensación de estar... observado.
Cuando llegaron a la entrada principal, Kai se detuvo.
-Deja tus cosas aquí. El maestro te verá en la tarde. Por ahora, descansa.
Yul asintió con desgano, tiró la maleta y se estiró.
-Perfecto. Voy a dormir hasta que me ilumine.
Kai se detuvo un momento antes de irse y lo miró con una expresión que Yul no supo leer.
-A veces la luz no llega cuando dormimos, Yul. Llega cuando abrimos los ojos.
Yul levantó una ceja.
-¿Siempre hablas como si estuvieras grabando un comercial de té?
Kai sonrió.
-Solo cuando me escuchan.
Luego se alejó, y Yul lo siguió con la mirada un segundo más de lo necesario.
No supo por qué, pero algo en ese chico lo incomodó.
Como si Kai supiera más de él de lo que debería.
Un golpe de viento movió el cabello verde del chico antes de desaparecer tras los muros del templo.
Yul se quedó solo, con el eco de esa frase dando vueltas en su cabeza.
El maestro llegó al atardecer.
-Por hoy, descansa. Mañana tendrás tu primera práctica.
-¿Práctica? ¿De qué tipo? -preguntó Yul.
-De silencio -respondió el maestro con calma antes de alejarse, como si acabara de soltar una profecía.
Yul se tumbó en su habitación sin Wi-Fi ni nada que lo entretuviera. El silencio era casi doloroso, así que decidió salir a pasear por el pasillo.
Una puerta entreabierta llamó su atención. Se asomó y vio un salón amplio con parejas sentadas en círculo. El maestro comentó:
-Todos aquí están intentando salvar su matrimonio.
Yul arqueó una ceja y se apoyó contra la pared, observando. Entre las parejas, llamó su atención Tom, alto, fornido, cabello negro, cicatrices en el rostro que contaban una historia, ojos verdes, y Jake, delgado, cabello azul oscuro y largo, piel blanca.
Antes del receso, los dos se levantaron y salieron a escondidas, murmurando entre ellos sin que se entendiera nada. Jake parecía confundido por la urgencia de Tom, pero lo siguió.
Yul los vio desaparecer por un pasillo lateral.
-Definitivamente, algo pasa ahí -murmuró, y decidió seguirlos con cuidado.
Tom tenia un problema y necesitaba las manos de Jake.
Tom se acercó a Jake, con una expresión de vergüenza . -Siéntelo por ti mismo -respondió, tomando la mano de Jake y colocándola en su entrepierna, donde su erección era evidente.
Jake se sonrojó intensamente, pero no retiró la mano. Tom gimió suavemente, disfrutando del contacto. -Tom, no vinimos aquí para tener sexo -protestó Jake, aunque su voz carecía de convicción.
Tom se inclinó hacia él, sus labios casi rozando los de Jake. - Entonces ¿para qué vinimos? -murmuró, su aliento caliente contra la piel de Jake.
Jake tragó saliva, luchando contra sus propios deseos. -Para resolver nuestros problemas, no para... -su voz se desvaneció cuando Tom comenzó a besar su cuello, dejando un rastro de besos húmedos que hicieron que Jake se estremeciera.
-Déjate llevar, Jake te necesito -susurró Tom, sus manos explorando el cuerpo de Jake con confianza, desabrochando su camisa para exponer su piel pálida.
Jake finalmente pasó, sus manos moviéndose con más seguridad sobre Tom. Tom gimió de nuevo, más fuerte esta vez, y Jake se perdió en el momento, sus labios encontrando a los de Tom en un beso apasionado y húmedo mientras sus lenguas se entrelazaban.
Tom desabrochó los pantalones de Jake, sus manos acariciando sus muslos bien formados. Jake jadeó, al sentir que Tom acariciaba su entrada. Tom sonoro contra los labios de Jake, disfrutando de su reacción.
-Te deseo, Jake -murmuró Tom, su voz ronca de deseo.
Jake ascendió, incapaz de formar palabras, mientras Tom lo guiaba hacia el suelo, sus cuerpos moviéndose en una danza de deseo. Tom se posicionó entre las piernas de Jake, sus besos volviéndose en mordiscos suaves mientras exploraba el cuerpo de Jake con sus manos y labios.
Jake gimió, sus dedos enredándose en el cabello de Tom mientras Tom lo preparaba con dedos hábiles, asegurándose de que Jake estuviera listo para él. Finalmente, Tom se alineó y empujó lentamente, ambos gimiendo al sentirse completamente unidos.
Yul observaba, su corazón latiendo más rápido de lo que nunca había sentido. La escena lo excitaba de una manera que no podía negar, pero también lo confundía. Nunca había visto algo tan íntimo y crudo. Se sintió atraído y repelido al mismo tiempo, incapaz de apartar la mirada.
Tom y Jake se movían con una sincronización perfecta, sus cuerpos presionados juntos, sus respiraciones entrecortadas llenando el aire. Tom aceleró el ritmo, sus embestidas profundas y constantes, llevando a Jake al borde del éxtasis.
Jake clavo sus uñas en la espalda de Tom mientras gemía su nombre tratando de no gritarlo o hacer más escándalo, su cuerpo tenso mientras alcanzaba el clímax, su liberación caliente y pegajosa entre ellos. Tom lo siguió poco después, su propio orgasmo intenso y devastador, colapsando sobre Jake, ambos jadeando y sudorosos.
Finalmente, Tom y Jake se separaron, sus frentes tocándose mientras recuperaban el aliento. Tom, satisfecho, y Jake, aunque todavía sonrojado, parecía más relajado y cariñoso abrazo a Tom.
Yul, sintiéndose confundido, se aleja silenciosamente a un lugar más tranquilo para procesar todo, su mente llena de imágenes y sensaciones nuevas. Lo hacían desafiarse a si mismo, incluso se sentía caliente, excitado, su entrepierna lo delataba, que ni siquiera era capaz de ver hacia abajo, eso era vergonzoso para alguien como él, por qué?, dos homosexuales los habían hecho sentir cosas que ni en su adolescencia sintió o con una mujer bella incluso, pero pronto la confusión de Yul se convirtió en susto y sorpresa al sentir una mano sobre su hombro y una presencia detrás de él.