Aquí no hay humanos, solo dientes

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Summary

Ivan, un joven desea cumplir el sueño de su abuelo, convertirse en un agente de los CELIS, unos agentes secretos del gobierno que defienden el mundo de criaturas o cosas de las cuales nadie se debe enterar.Logra entrar a los CELIS y conoce una chica, jade, pero ella lo odia.Ella después es secuestrada y convertida en una criatura felina, Iván intenta rescatarla Pero no lo logra, pero ella todavía mantiene su humanidad, poco a poco se van enamorando a pesar de todos los conflictos.

Genre
Scifi
Author
Sofya
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Chapter 1- dies días antes /parte 1

Iván recorría su cuarto de un lado al otro. Recordaba ese momento junto a su abuelo, la historia que le contó. En diez días estaría listo para ser un gran agente, defendiendo a su país, como su padre quería.

No tenía opción, solo él, ya que su hermano mayor era completamente libre: salía con chicas, fumaba y tomaba sin ningún límite. Todos lo defendían. Excepto alguien: su abuelo, un hombre demasiado viejo y arrugado, que hablaba todo lo que pensaba sin miedo. Odiaba al hermano de Iván porque él hablaba por hablar, trataba de impresionar a todos.

—Ya falta poco —dijo el padre de los hermanos.

Las cenas eran los únicos momentos en que se juntaban. Hablaban de temas superficiales; en realidad, no le importaba absolutamente nada la vida de sus hijos, excepto Chad, el hermano de Iván.

—¿Falta poco para qué? Ah, cierto… lo había olvidado —contestó Iván mirando de reojo a su padre.

—¿Falta poco para que cumplas el cuento inútil del abuelo? —dijo burlonamente Chad, mirándolo de manera provocativa.

Iván se quedó en silencio, levantó su plato y se fue a su cuarto. Todos se le quedaron mirando. Al llegar, volvió a pensar en ese cuento. Reflexionaba sobre él y entendía que, en realidad, no lo era: era solo una predicción corta del futuro.

Iván se levantó a las cuatro de la mañana. Tenía todo listo. Llevaba tiempo esperando ese momento. Se uniría a los CELIS, agentes preparados durante años para defender el país y el mundo. ¿Defenderlo de qué? De cosas sobrenaturales, cosas que la gente común como Chad no debía ver ni saber. El abuelo de Iván fue parte de eso. Decía que había visto muchas cosas, pero vio demasiado.

A las cinco de la mañana, Iván ya estaba levantado. Se bañó y se lavó los dientes. Quería apurarse; no quería despedirse de su familia, menos de su hermano. Así que escribió una carta para su madre:

“Querida madre: quedarás sola por un largo tiempo. Tal vez te llame, tal vez no, porque estaré muy ocupado. Tú te encargarás de ellos. Yo solo quiero irme de aquí y esta es mi oportunidad. Extrañaré tu pollo a la plancha con lechuga y palta. Seguramente ahí darán sopa de lombrices. Te amo, mamá.”

Iván miró su carta. Era horrible, así que la hizo bola y la tiró a la basura. Pensó: mamá no me extrañará, no perderé mi tiempo con ella ni con ellos. Después se miró al espejo y se tocó el cabello.