Chapter 1
AR se estiró suavemente. Sus músculos tensandose antes de ponerse de pie y caminar y con calma, tomó la comida para gato, y la puso en el plato de Pelucita. Quien soltó un pequeño maullido alegre, antes de que comenzará a comer, haciendo ruido con su plato. Mientras tanto. aR se preparó un té, tomando tranquilamente, con calma. Mientras se relaja y piensa. -La ciudad estará bien hoy. Lo presiento totalmente.- Luego de terminar, lavo la taza luego la cuchara de metal, antes de dejarlas secar por si solas. Mientras por la ventana, los autos rugen, sus pistones moviéndose velozmente para impulsar más al auto a su aceleración. Los perros ladrando a la gente, las cuales saltan sorprendido y shokeados, antes de gritarles, espantandolos, los caninos callando se antes de volver a ladrar con más fuerza y entusiasmo.
AR observó riéndose suavemente. Antes de dar un paso y girarse y decir. -Bien, ya es hora de ver a mi padre.- Cerro los ojos. Su cerebro se enfoco en los ruidos, los autos rugían como leones hambrientos, los perros ladraban con más fuerza, esa oscuridad era densa, tranquila, quieta. Antes que, AR sintiera algo diferente, suavidad en sus pies. AR, sonrió por la comisura de su labio, claramente satisfecho del resultado. Al abrir los ojos. Fue recibido por las bellas nubes blancas, que flotan con delicadeza sobre el mundo. Y en ellas, aves que vuelan con intención y pasividad. AR sonrió y dijo. -Que tal, pequeños amiguitos?!- Las aves se asustaron al verlo, volando lejos. AR miró hacia arriba, más nubes blancas que tapan. AR cerro una vez más sus ojos, y sintió paz otra vez. Al abrir los ojos, fue recibido por un paisaje hermoso, deleitante y perfecto. Angeles celebrando, las estrellas brillando al alrededor con emoción y fragilidad, con su mera presencia era la paz. AR sonrió y dijo. -Hola, chicos, cómo están? Saben dónde está papá?- Los angeles se detuvieron, antes de sonreír y abrazar a AR con fuerza. -Hermano, que haces aquí?! Visitando a padre?!- Dijo uno con una voz delicada como la pluma de un cisne. AR los abrazo con emoción y aclamó. -Claro que vengo a ver a papá, llevo mucho tiempo lejos de el. Aunque se que el está siempre a mi lado.- Aclaro suavemente. Los angeles apuntaron hacia las escaleras de oro, unas escaleras doradas brillantes que reflejaban todo cerca de él. AR sonrió ampliamente, antes de darles un beso en la frente a cada uno y decirles. -Les agradezco, chicos!- Con emoción, antes de subir las escaleras. AR miró hacia arriba, más al cielo, hacia la luz mas brillante del templo majestuoso de el mármol blanco. El cuerpo se AR lentamente se volvió pequeño, su cabeza, cada cabello, se volvió pequeño, como un niño bello. Cada escalón lo hacía más chiquito, hasta que, en el último escalón, era un niño, tal vez de 5 años.
Ahí, tranquilamente con una túnica blanca, y su aspecto perfecto. El portero más amoroso del cielo, tan justo como un juez por tus pecados. AR se acercó, y San Pedro, levantó la mirada, sus ojos puros e inocentes miraron a el niño parado. Y luego sonrió. -Que haces aquí, pequeñuelo? Vienes a visitar a papá?- su voz era suave, firme, pero protectora y justa, como una balanza de platos dorados. AR lo miro y sonrió traviesamente y le dijo. -Claro, San Pedro.- AR extendió su mano infantil, y San Pedro sonrió, antes de tomarla y caminar suavemente hacia las puertas al paraíso, las cuales, doradas como el sol que creó Dios, se abrieron y San Pedro y AR comenzaron a adentrarse al palacio del Altísimo. A su alrededor, sus tres hermanos mayores, Gabriel, Miguel, Rafael.
Gabriel, su aspecto era hermoso, tallado por la mano divina, con sus alas extendidas y su delicada piel blanca, con su túnica bella que cubre su esbelto y hermoso cuerpo. Y portando con un pequeño bolsito de lana suave del cordero de Dios, dónde dentro de está, se hayan los mensajes más importantes de todos. Los mensajes de Dios. Gabriel miró a AR, y su boca se abrió ligeramente, con sorpresa suave, pero con emoción genuina.
Miguel. Que decir de su aspecto, tan rudo con su armadura, tan firme y protector, con una mirada amable y cálida, detrás de esa armadura que lo protege de la maldad de hermano mayor. Su mirada era tan ruda y amable como su aspecto, portando la espada tan flameante como la luz de Dios. Sus ojos endurecidos por las miles de batallas se abrieron al mirar a AR, al darse cuenta que vino en su forma más pequeña.
Y Rafael, el bello Rafael. Un curandero con manos bendecidas por Dios, quien curaba a los heridos y los impuros con un toque suave como una pluma, con la mirada más serena y contenta, sus ojos representaban la belleza de curar a quienes lo necesitan. Por mandato de Dios. Y con la calidez y suavidad de el cordero más amable de Dios. Sus oidos perfectos escucharon los pasos de AR, esos pasos ligeros. Y no pudo evitar sonreír suavemente.
Tan veloces como la belleza de Dios al bendecir al quien ama su presencia, aparecieron y abrazaron los tres al mismo tiempo a AR. Y dijeron Unísono. -Hermano amado, hermano querido, bienvenido al templo donde está nuestro padre amado os espera en su trono lleno de amor y devoción. El dijo que vendrías.-
Luego, se callaron y habló Gabriel, su voz suave como cada palabra de Dios. -Papá dijo que te estuvo observando, y que te esperaba para abrazarte.- Luego Miguel hablo, firme pero feliz. -Dijo que te estaría esperando.- Y luego Rafael, con un tono meloso y feliz dijo. -Dijo que te ama muchísimo, y que no espera verte ahora, aunque siempre está presente en tu corazón.- AR, tan pequeño como un niño se separó. Y les dijo con esa voz infantil y llena de emoción amorosa.- Entonces iré a abrazar a papá ahora mismo!!!- Rápidamente, AR se separó y corrió velozmente, como un pequeño en un parque verde lleno de vida. Y ahí, sentado en su trono dorado como la luz, con una túnica empapada en amor y bondad. Con una de las presencias más hermosas, Dios. AR sonrió de oreja a oreja, corriendo y abrazando a Dios. Quien lo abrazo suavemente, como un padre a su hijo. Y con una voz tan suave y perfecta, como su presencia protectora y cómoda como la lana de el cordero hablo. -Hijo Mío. Bienvenido a Casa una vez más, bienvenido a mis brazos que te esperaban con calidez y amor sin reproches.- AR comenzó a llorar, sus lágrimas empaparon la bella y perfecta túnica de Dios. Y Dios, con calma le dijo. -Sueltalo todo, hijo mío, por qué se que duele cargar con el peso de tus pecados.- AR entre sollozos y temblores en su voz le dijo. -Perdoname, padre, perdón por no ser lo que querías, perdón por no ser perfecto como mis hermanos.- Dios, acarició suavemente el pelo de AR, con calma le dijo. -Hijo mío. Yo te amó, con o sin errores. Por qué yo te creé, y te hice así, para que supieras que mi amor por tí, es inconmensurable, como por todo el mundo.- El cuerpo de AR, se volvió más pequeño, su cabello desapareció suavemente, y se volvió un bebé, un pequeño y regordete bebé que dormía suavemente a los brazos de Dios.








