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Dónde Caen Los Héroes

Summary

Hace años, un grupo de jóvenes semidioses cruzó Estados Unidos huyendo de monstruos: Thalia, Luke, Annabeth, Jasper... y un chico cuyo nombre casi todos han olvidado. Elias Santopiero, hijo prohibido de Hécate y de uno de sus propios descendientes, desapareció durante su huida. Para proteger a los demás, atrajo a las criaturas hacia sí y terminó atrapado en el Casino Lotus, condenado a vivir fuera del tiempo. En un mundo donde los héroes caen, algunos regresan del Elíseo para terminar lo que dejaron inconcluso...

Genre
Lgbtq
Author
Circe
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

PRÓLOGO.

𝐀𝐧𝐧𝐚𝐛𝐞𝐭𝐡 𝐂𝐡𝐚𝐬𝐞.

Las luces del Casino Lotus revoloteaban por todas partes, como si quisieran atraparte y arrastrarte hacia arriba junto a la música. El aire olía a perfume caro, plastificado, y a esa extraña dulzura pegajosa que tenía el loto.

Nada en ese lugar era real. Absolutamente nada.

Tenía a Percy agarrado de la muñeca porque, sinceramente, era demasiado despistado para terminar aquí sin supervisión. Y Grover... bueno, Grover estaba perdido en la perdición.

—No lo sueltes —le dije por décima vez, apretando más fuerte su mano.

—No lo estoy soltando —respondió él, mientras miraba hipnotizado una fuente que brillaba en colores imposibles.

Ignoré eso. Teníamos una misión. Teníamos que regresar al campamento. Teníamos que salir de aquí antes de que...

Algo me recorrió la espalda. Como si una corriente de aire, helada y antigua, se hubiese deslizado entre la multitud. Miré alrededor. Gente riendo. Fichas chocando. Música. Máquinas. Luces. Mundos falsos superpuestos.

Y entonces lo vi.

Un chico.

Cabello marrón, revuelto por los neones. Ojos claros que brillaban de un modo extraño, casi vacío, casi soñoliento.

Él me miró. Solo un segundo.

Un segundo exacto que se sintió como un recuerdo atrapado bajo hielo. Frunció el ceño, como si intentara ubicarme, como si me conociera... y luego simplemente se encogió de hombros. Como si yo no fuera más que otra cara borrosa entre la multitud.

Siguió caminando. Yo me quedé paralizada. Porque lo reconocí.

Al menos... casi.

Elias...

Ese nombre golpeó mi mente con fuerza, como si hubiera estado guardado en una caja demasiado tiempo.

Elias... algo.

Elias Santopiero.

Pero la imagen en mi cabeza era incompleta. Como si recordara su voz, su forma de correr, las discusiones tontas con Thalia, Luke sacándolo de problemas...

pero su cara...

su cara estaba borrosa.

El recuerdo no quería acomodarse. No quería encajar.

Percy me dio un tirón.

—Annabeth, ¿qué pasa?

Tragué saliva.

—Nada -mentí— Pensé que había visto a alguien.

Porque no podía estar segura. Porque no podía ser él. Porque Elias se había perdido hacía años, tragado por algo peor que cualquier monstruo.

Y aun así...

aun así yo juraría que, por un instante, volvió a mirarme como si hubiese esperado que lo encontrara. Como si hubiese querido que lo recordara. Como si el tiempo no significara nada dentro del loto.

—Vamos —dije, arrastrando a Percy de nuevo—.Grover debe estar cerca.

Pero mientras avanzábamos entre luces y risas, no pude dejar de sentirlo:

Ese chico no era un extraño. Ese chico era un fantasma que había dejado de ser fantasma. Un recuerdo que se negaba a permanecer enterrado. Elias estaba vivo. Y por alguna razón, no quería que lo encontráramos.


°‧ 𓆝 𓆟 𓆞 ·。


El pasillo trasero del Casino Lotus estaba tan lejos de la sala principal que parecía pertenecer a otro edificio. Sin neones, sin música, sin risas: solo el olor a humedad, alfombra vieja y una vibración eléctrica que venía de alguna máquina antigua.

Ethan ya estaba de pésimo humor.

—Luke, llevamos horas. —gruñó—.¿Qué estamos buscando exactamente?

Alison se estiró el cuello, cansada.

—Sí, oh gran comandante —dijo con sarcasmo—. Porque sigo sin entender por qué tenemos que cazar a un fantasma que ni conocemos.

Luke siguió caminando como si no los escuchara. Era increíble cómo podía ignorar todo excepto su objetivo.

Tres meses siguiendo rumores.

Tres meses buscando pistas entre sueños, informes de monstruos, huellas borrosas en los registros del casino.

Tres meses de obsesión.

Y ahora, finalmente, estaba allí.

—Cállense —ordenó en voz baja.

No era un grito. Era peor. Era un susurro que helaba la sangre. Ethan y Alison se quedaron quietos. Luke avanzó entre las máquinas apagadas, guiado por una certeza casi instintiva...

Y entonces lo vio.

Un chico pequeño, sentado frente a un arcade ochentero, ajeno al mundo. La pantalla parpadeaba colores muertos. Elias apretaba los botones como si lo mantuvieran vivo.

Cabello castaño, algo largo. Camiseta negra, vieja. Ojos vacíos, como si viviera a medias.

Luke se detuvo. Respiró hondo.

—Lo encontré.

Ethan se asomó por encima de su hombro.

—¿Ese? -frunció el ceño—. ¿Ese es todo el misterio?

Alison levantó una ceja.

—Se ve...normal.

—No lo es —susurró Luke.

Se acercó a él con pasos suaves. El chico seguía jugando. Luke se plantó justo detrás. Esperó.

Uno, dos, tres segundos...

Elias se detuvo.

Sus dedos se quedaron congelados sobre los botones. Giró lentamente. Sus ojos se encontraron. Elias no dijo nada. No abrió los ojos con reconocimiento. No sonrió. No suspiró de alivio.

Nada.

Solo lo observó con desconfianza y una pizca de miedo. Luke sintió un pinchazo... pequeño, desagradable. Pero lo ocultó.

—Hola —dijo con voz suave, calculada-. Te he estado buscando.

Elias parpadeó.

—No... no te conozco.

Alison murmuró un "ouch" por lo bajo. Luke sonrió igual. Una sonrisa calmada, paciente.

—Lo sé. —se inclinó un poco- Tienes muchas cosas confundidas todavía.

Elias tragó saliva.

—¿Quién eres?

—Alguien que quiere ayudarte. —respondió Luke, como si fuera lo más obvio del mundo-. No estás aquí por accidente. Te estabas hundiendo en este lugar... pero yo puedo sacarte.

Luke dio un paso más hacia él, con esa calma inquietante que hacía que todo en el Casino Lotus pareciera todavía más irreal.

—Vamos, Elias. Vámonos de aquí. Te estuve buscando.

Elias no se movió. Sintió un pinchazo en el pecho. Era extraño... la cara del chico le sonaba, como si conociera su sonrisa ladeada, su forma de fruncir el ceño... pero cada vez que intentaba unir las imágenes en su cabeza, un dolor punzante se las deshacía.

—No... -murmuró retrocediendo—.¿Cómo sé que me conoces de verdad? ¿Cómo sé que no estás inventando todo esto?

Luke elevó una ceja, casi divertido.

—¿Me estás poniendo a prueba?

—Pruébalo. —Elias apretó los puños, temblando-. Di algo que solo sabría alguien que... que realmente me conociera.

Por primera vez, Luke dejó de sonreír. Sus ojos marrones se volvieron más serios, más... sinceros.

—Eres alérgico a las fresas —dijo sin titubear—. Y tienes una cicatriz entre las costillas porque cuando eras niño te caíste de un skate intentando impresionar a un grupo de chicos mayores. Me lo dijiste tu... hace tiempo.

Elias se quedó helado. Abrió la boca, sorprendido. No recordaba absolutamente haberles dicho eso a ellos. Pero las palabras de Luke... esas sí hicieron algo dentro de su cabeza. Algo pesado. Algo afilado.

Un latigazo de dolor lo atravesó.

Llevó una mano a su sien, apretándola. Imágenes borrosas pasaron rápido: un muchacho pelinegro riendo, haciendo robos pequeñoz, un bosque, alguien tomándole la mano y diciéndole "Confía en mí, Eli."

La voz de Luke lo sacó del trance:

—Tranquilo. Salgamos y te sentirás mejor. El Casino no es un lugar para... recuerdos. -Hizo una pausa y sonrió con cierta complicidad

Elias abrió la boca para responder, pero otro recuerdo -más fuerte- golpeó su mente: él mismo, más joven, riéndose junto a Luke, compartiendo comida, corriendo junto a otro chico pálido y dos chicas morenas... y luego un grito, un estallido, fuego.

Un mareo lo obligó a sostenerse de la pared. Luke dio un paso rápido hacia él y lo sujetó por el brazo con una suavidad inesperada.

—Hey. Respira. Es por el Lotus. Apenas salgas, todo regresará... o al menos lo suficiente.

Elias tragó saliva.

—Tú... tú eras alguien importante para mí, ¿cierto?

Luke no respondió enseguida.

Su silencio fue más elocuente que cualquier palabra.Después, habló despacio:

—Eso depende... —sus ojos se suavizaron apenas- de cuánto quieres recordar.

Alison carraspeó, algo incómoda.

—Deberíamos irnos ya. Antes de que el casino decida que nos vemos "felices" aquí y nos atrape.

Luke asintió y miró a Elias otra vez.

—Vamos, Eli. Confía en mí una vez más.

Elias dudó unos segundos... pero sus pies se movieron solos, guiados por una mezcla de miedo, curiosidad y un cariño enterrado que no sabía de dónde venía.

Y cuando cruzó la puerta, el dolor de cabeza se disparó... trayendo consigo un nombre que no sabía que extrañaba:

Luke Castellan...

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