💥 Capitulo 1; Encerrados.
—¡Cállate, maldito nerd! —gritó Bakugo, mientras.Deku hacía el aseo de las habitaciones.
—¡Pero no he hecho nada, Kacchan! —Respondio Deku, un poco molesto.
Bakugo, al notar que Deku estaba estresado, decidió ir por unas bebidas. Al volver, le dio una a Deku. Este, asombrado por el gesto, aceptó la bebida y ambos se sentaron en el sofá a descansar.
—Tenemos que limpiar todas las habitaciones, Kacchan —dijo Deku.
—Porque ese es el castigo que nos puso Aizawa-sensei —respondió Bakugo, molesto.
—Maldición, todo por culpa de ese bastardo mitad y mitad… ¡y también tuya, Deku! —gruñó Bakugo.
—¿Mía? —preguntó Deku, frunciendo el ceño.
—¡Maldito Kacchan, asume la responsabilidad por una vez en tu puta vida! —dijo Deku, ya enojado.
—¡Cállate, maldito nerd! —replicó Bakugo, sobresaltado al darse cuenta de que los estaban observando.
Se levantó, tomó la mano de Deku y lo llevó hacia la entrada. Deku, en shock y sonrojado, no sabía qué pasaba.
—¿Qué pasa, Kacchan? —preguntó con vergüenza, sintiendo un leve rubor en las mejillas.
—Hay alguien que nos está persiguiendo —susurró Bakugo.
Deku, asustado, trató de pensar quién podría ser. De pronto, ambos se encontraron frente a un miembro de la Liga de Villanos: Toga. Ella observó que Bakugo sostenía la mano de Deku y se enfureció.
—¿Qué haces agarrando la mano de mi amado? —gritó Toga, celosa.
—¿De tu amado? —respondió Bakugo, confundido.
Toga sacó un cuchillo, amenazando a Bakugo.
—¡Déjalo! Él es mío, y nadie me lo va a quitar.
Bakugo, ya estresado y molesto, se preparó para pelear. Mientras tanto, Deku no sabía qué hacer, paralizado por la situación.
Bakugo y Toga comenzaron a luchar. Él se cuidaba de no sangrar y de que ella no le hiciera daño a Deku. Después de una fuerte explosión que levantó una nube de humo, Bakugo y Deku aprovecharon para escapar.
Deku lo tomó de la mano y lo guió hacia una bodega que había encontrado mientras limpiaba.
—Ven, Kacchan, sígueme. Conozco un lugar donde podemos escondernos —dijo Deku en voz baja.
Bakugo lo siguió a regañadientes. La bodega no era muy grande, pero cabían los dos. Mientras Toga los buscaba por todas partes, ellos entraron y cerraron la puerta.
—¡Maldición! ¿Dónde se escondieron? —gruñó Toga, molesta.
Después de un rato, suspiró.
—Mejor me voy, Dabi se va a enojar si sigo desaparecida tanto tiempo —murmuró, antes de irse.
Deku respiró aliviado.
—Creo que ya se fue —dijo nervioso.
—Entonces abre la puerta —ordenó Bakugo.
Deku intentó abrirla, pero no pudo.
—No se abre, Kacchan.
—¿Qué? ¡¿Cómo que no se abre la maldita puerta?! —gritó Bakugo, frustrado.
Intentaron durante varios minutos, pero la puerta estaba trabada desde afuera.
Al final se rindieron y se sentaron, resignados. Pasaron unos quince minutos más, sin respuesta ni ayuda.
—Kacchan, además todos llegan hasta mañana por la noche, ¿recuerdas? Se fueron al campamento —dijo Deku.
—Ya sé, maldito nerd —refunfuñó Bakugo, molesto por la situación.
Como el espacio era reducido, Bakugo tuvo que sentarse y cargar a Deku en sus piernas. No era incómodo del todo, pero sí raro.
Una notificación sonó en el celular de Deku.
Decidieron mandarle un mensaje a Aizawa-sensei, pero no obtuvieron respuesta. Nadie contestaba; todos estaban en el campamento.
—Maldición… dejé mi teléfono en la cocina —gruñó Bakugo.
—Si quieres, te presto el mío —dijo Deku.
Bakugo aceptó rápidamente. Eran casi las 5 de la tarde, y el estrés solo aumentaba.
Deku le advirtió que no usara muchos datos, que solo podía jugar o abrir algunas páginas, y que no leyera sus mensajes personales.
Pasaron las horas. El celular de Deku tenía buena batería, pero se descargó cerca de las 10 de la noche.
Deku estaba aburrido y le daba pena pedirle el teléfono a Bakugo, pero este, al notarlo, se lo pasó sin decir nada. Deku escuchó música hasta que la batería se acabó.
—Ahh… —se quejó Bakugo, adolorido—. Mis piernas están dormidas…
—Perdón, si soy pesado —dijo Deku, apenado.
—Ya cállate si no quieres morir —gruñó Bakugo, molesto.
—Perdón, Kacchan… —susurró Deku, asustado.
Pasó media hora y Bakugo se quedó dormido, pero Deku no podía dormir. No alcanzaba la pared, y le daba vergüenza recostarse en el pecho de Bakugo.
¿Qué hago? —pensó—. No puedo dormir hacia atrás, ni dormir sobre su pecho…
Al final, se acomodó de lado, pero el sueño lo venció y terminó durmiendo encima de Bakugo.
A las 3 de la mañana, Bakugo despertó con frío.
Al ver a Deku dormido sobre su pecho, se sonrojó un poco. Aunque incómodo, trató de acomodarlo con cuidado.
Como la camisa de Deku era grande y tenía el cuello suelto, se notaba parte de su piel. Bakugo suspiró, y al notar que Deku temblaba, le puso su suéter encima.
A las 5, ambos ya estaban despiertos.
—Gracias —dijo Deku, sonrojado y sonriendo.
—De nada, nerd —respondió Bakugo.
Deku se movió un poco, incómodo.
—Kacchan, estoy un poco apretado…
—¿Y crees que yo estoy cómodo? —gruñó Bakugo.
—Solo déjame acomodarme y ya… —dijo Deku, mientras se movía.
De pronto, Bakugo se tensó.
—¡Maldición! —exclamó alterado.
—¿Qué pasa, Kacchan? —preguntó Deku, confundido.
—¡Maldito nerd! Te dije que no te movieras… por tu culpa estoy como estoy —dijo Bakugo, molesto y nervioso.
—¿Qué te pasa? ¡Yo no hice nada! —respondió Deku, preocupado.
—¿De verdad no sabes lo que me pasa, maldito nerd? —dijo Bakugo entre dientes.
—Pues no, Kacchan… —respondió Deku, inocente.
Bakugo suspiró con frustración y lo tomó de la cintura, acercándolo sin pensar.
Deku, en shock, no entendía lo que Bakugo estaba por hacer…