Sobre Max Stirner
Vago por la calle de siempre mientras habito una nueva morada.
Un ensayo. Paso en el paso las hojas
y a toda prisa una furgoneta. A dos centímetros de mi vera.
Dios es un ególatra. Leo
Y revivo a la muerte. Apenas un insecto. Pero su frase
Divaga en la mente. Fulmina obsesiva.
El tiempo perdido, la vida inherente, moral inconclusa
ante un parásito Stirniano. El más puro desengaño.
Revélase la realidad
como una ópera de intereses egoístas. El rico es libre,
poderoso, en la medida en que ostenta economías ajenas.
El ignorante es más pedante e “instruido”
que el que piensa por su propia voluntad. Sin dinero
educan pobremente al pobre,
y al que lo tiene lo condecoran sin estudio. Meritocracia.
Y sucumbe el joven al absurdo,
Sabe que su única oportunidad es la de enriquecer a otros.
Esta vida castiga al que duda tempranamente.
Crecen las tecnologías
y la realidad se diluye hasta parecer imposible de determinar.
Las abstracciones circundantes nos manipulan a su antojo.
Es un mosquito el que mata el pensamiento
e introduce su enfermedad en el resto. Llámase Estado.








