High School Musical 4

Summary

Troy Bolton ha estado desempleado por año y medio, pues una lesión en la cadera le impidió seguir su carrera deportiva y su carrera artística. Ahora la encargada de mantener su hogar es su esposa Gabriella, una ingeniera química que trabaja para una empresa de cosméticos de renombre. Consciente de esta situación, la señora Darbus le ofrece su puesto como maestra de teatro a Troy, indicándole que se va de East High, pues cerrará al terminar el año. ¿El motivo? La actriz ganadora del Óscar y cinco Tonys, Sharpay Evans, la comprará para transformarla en un centro de artes escénicas. Con tal de que la escuela que vive en su corazón de lince siga viva, Troy y Gabriella deciden impedirlo con la ayuda de su amigo Chad, reportero deportivo, y Taylor, una política demócrata que lucha con adicción a la cocaína. Es así que Gabriella reta a Sharpay a una batalla de musicales; si ellos ganan, la escuela queda libre; si ella gana, East High es suya. Pero Sharpay no lo hará sola, ya que cuenta con su hermano Ryan, uno de los coreógrafos más renombrados del país. ¿Quién tendrá el mejor show musical? ¿Quién ganará?

Status
7mo ago
Chapters
33
Rating
n/a
Age Rating
16+

Frustración

Troy Bolton apretó la pastilla entre sus dedos. Era el noveno bote de analgésicos que consumía, aunque le decía a sus cercanos que solo era el tercero. El dolor que le punzaba la cadera y la rodilla derecha permanecía desde el trágico accidente del que se negaba a hablar con los medios. Hacía solo dos años que jugaba con los Chicago Bulls y que en sus retiros apoyaba obras de teatro de Broadway con papeles secundarios lo suficientemente profundos para que se le reconociera en el rubro. Aquello lo databa de una fama como pocos. No era el caso ahora.

Su esposa, Gabriella Montez, a quien conoció en un karaoke en unas vacaciones, se acercó a darle el vaso de agua con una sonrisa condescendiente, viéndolo como si fuera un cachorro abandonado.

—Solo una pastilla más, lince. —Le acarició el rostro.

Él recibió el vaso, bufando. Introdujo la pastilla a su lengua y bebió un sorbo. Amargo.

—Hoy intenté practicar en la cancha. No puedo dar ni un estúpido salto

Gabriella bajó la mirada.

—El doctor dijo que tu recuperación tomaría más tiempo del debido. El golpe...

—¿De qué ibas a hablarme cuando te llamé esta mañana? —atajó colocando el vaso en la mesita del frente. Se acomodó en el sofá—. Mencionaste algo sobre tu prima antes de que tu mamá nos interrumpiera. ¿Qué quería?

—Beth dice que en la escuela de su hijo están buscando un entrenador, así que creí que podrías viajar y...

—¿Entrenar a niños en Utah? —soltó una risa resoplada—. No soy mi padre, Gabriella.

—No reacciones así, lince. Ya lo hemos hablado. —Se sentó en el brazo del sillón.

—No es algo que puedo hacer, tampoco es algo que me guste. —Frunció los labios—. No ahora.

—¿No estás cansado de rechazar soluciones?

Troy frunció el entrecejo.

—¿Crees que mis elecciones son victimizaciones? —Se apoyó del bastón que tenía al lado, levantándose con dificultad. Avanzó hacia el otro lado de la habitación, a un costado de la chimenea que crepitaba.

—Troy...

—Apreciaría que me ayudaras a sobrellevar esto con un poco de apoyo emocional, no solo dándome pastillas cuando regresas del trabajo. —Suspiró—. Ya no soy yo, ¿entiendes?

—¿Es en serio, Troy? ¿Crees que no te apoyo? —preguntó Gabriella con los ojos acuosos—. ¿Crees que te invalido?

—Así se siente. —Se encogió de hombros—. No, pero no entiendes lo que necesito ahora.

—Eso es todo. No puedo seguir así, estoy harta. —Gabriella se puso de pie y se precipitó hacia las escaleras que conducían al segundo nivel.

—¿Qué dijiste? —le preguntó Troy desde la sala.

—¡Que estoy harta de todo esto, Troy! ¡Estoy harta de ti y de nosotros!

—¿Entonces ya no me amas?

—No amo a este Troy...

«I gotta say what’s on my mindSomething about usDoesn’t seem right these days...»

Gabriella abandonó la casa con un portazo y una maleta en mano.

Troy soltó un grito de desesperación.

¡Rin! ¡Rin!

Era un número desconocido, de Nuevo México