DONDE LA MEMORIA SE QUIEBRA

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Summary

Renato, un joven profesor, de pronto sufre una serie de mala suerte que lo deja en la calle, después de sufrir un intento de secuestro. En esa necesidad de encontrar un nuevo hogar, se cruza nuevamente con un hombre que dice lo protegerá como una vez él lo protegió y le devolvió la vida. Sin embargo, aquel hombre que se hace llamar Oliver, tiene un propósito oculto para tener cerca a Renato. "Mi ángel pronto abrirá sus alas para ascender al cielo" ¿Oliver podrá superar la brecha entre la locura y el dolor?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Déjalo morir


A veces no siempre el tiempo lo cura todo.

***

─Ha, ha…

─¡De prisa mujer! ¡Apúrateeee!

─E-es que… Es que… ¡No puedo más!

─¡¿Entonces quieres que tu marido muera?!

─¡C-claro que no! Pero…

─¡Ahí están!

─¡Ya cierra la boca y sigue corriendo! ¡O esos mal nacidos nos atraparan!

Tap, tap…

Aquella pareja de esposo y esposa estaban escapando de varios hombres en traje negro que corrían detrás de ellos dos. Con la idea de esconderse y descansar, el hombre de cabello oscuro de unos 45 años desvió su camino hacia un viejo edificio abandonado. Sin embargo, no fue lo suficientemente rápido como para no ser visto al momento de ingresar a dicho edificio.

De entre los diez hombres de negro que corrían detrás de aquella pareja, había un hombre que encabezaba al grupo y estaba siempre adelante. El mismo que se adelantó y acorraló primero.

─¡Mierda!

Al darse cuenta de que había sido descubierto rápidamente, el hombre de 45 años, sin ver otra escapatoria, instantáneamente subió el edificio. La mujer detrás de él, solo lo siguió, sintiéndose más perdida que su esposo. Ella tenía el cabello claro sujeto en una cola.

─¿Q-qué haremos ahora…? ─Le preguntó la mujer al hombre a su lado, ya habiendo llegado hacia la azotea─. Ha, ha… Espero que ese hombre no suba hasta aquí. Por favor ─ añadió la mujer, entre jadeos.

─…

El hombre a su lado no respondió, y solo mantuvo su mirada hacia el final de esa azotea.

Cric.

La puerta de madera detrás se abrió y apareció un hombre vestido de negro. Este era alto, de piel pálida, cabello corto y sus ojos eran de un celeste frío.

Su mirada se sentía como la escarcha.

─N-no… ─susurró la mujer, al mismo tiempo que retrocedió. Y al segundo siguiente, agarrándolo del brazo, llamó a su esposo─. ¡C-cariño! ¡Está aquí! ¿Qué hacemos?

─¡Tsk! ─Chasqueó la lengua el hombre. Actos seguido, giró hacia aquel hombre de negro. Y con burla y amargura le dijo─: ¡Maldito perro! ¡No te acerques o lo que llevarás a tu amo serán dos cadáveres!

─… ¿Cariño…?

Casi susurró la mujer, sin evitar mostrarse un poco confundida.

─Vivo o muerto, no importa ahora. Pero ten presente que, si no eres tú, será tu hijo quién pague las consecuencias.

─¡No! ¡Mi hijo!

Exclamó la mujer.

─Es demasiado tarde mujer. Olvídalo ─respondió el hombre, como si nada.

─¿De qué estás hablando? ¿Cómo que olvidar a nuestro hijo? ¡¿Estás loco?!

─¿Crees que ese chico débil y blandengue podrá escapar? No. ¿Si quiera podría sobrevivir? ─habló el hombre, sin remordimiento.

─¡Eres un desgraciado! ¡Si sabías esto, entonces no debiste arrastrarme contigo! ¡Iré ahora mismo con mi hijo! ─Exclamó la mujer, con decepción y decisión. Y al momento siguiente, volteó para irse. Sin embargo, el hombre a su lado le sujeto del brazo inmediatamente.

─¡¿A dónde vas, mujer?! ¡Tu deber es estar al lado de tu marido! ¡Y morir si es necesario! Así que…

Al momento siguiente, el esposo arrastró a la mujer hacia el borde de la azotea.

─¡¿Q-qué estás haciendo?! ¡Suéltame! ─Se resistió la mujer.

El hombre de negro y de fría mirada parecía observar solamente. Pero, de pronto, sacó su arma y apuntó en dirección del hombre y la mujer a punto de caer al vacío.

¡BAM!

Una bala fue disparada y un gritó de dolor aulló.

¡¡AAHH!!

En un almacén iluminado por unos cuantos focos de luz blanca, sobre el suelo de cemento pulido, estaba acostado un joven de cabello oscuro y piel blanca. Este estaba inconsciente y atado de manos y pies. Su ropa casual estaba sucia al igual que su cara.

Detrás del joven estaban unos seis hombres vestidos en traje negro formados en una columna horizontal, con las manos detrás de su espalda y postura bastante recta. Y al frente había un hombre bastante alto, de cabello como el atardecer, nariz recta, ojos alargados y rostro afilado. Este estaba en una postura entre relajada y erguida. Pero no vestía de negro como los demás, sino de gris llevando un sacó abierto sobre una camisa blanca y sin corbata. Sin lucir ni un poco desaliñado.

─Así que este es el único hijo de ese hombre. Pobrecito ─dijo aquel hombre, con la comisura de sus labios levantada. Pero, aunque parecía sonreír, su mirada era fría.

─Señor, lo encontramos fácilmente. Caminaba como si nada hacia su universidad ─intervino un hombre de negro.

─Pobrecito, pobrecito ─dijo aquel hombre moviendo la cabeza, con una voz que fingía lástima─. Con un padre como ese, para qué tener uno, ¿no?

Tap, tap…

Aquel hombre alto de ojos grises fríos se acercó al joven inconsciente sobre el suelo, para luego ponerse en cuclillas.

─Es apuesto ─dijo aquel hombre al mismo tiempo que, con sus largos dedos, movía el cabello oscuro que cubría la mejilla derecha de aquel chico de piel pálida─. Es una lástima que pronto se arruinará.

─¿Qué piensa hacer con él, señor? ─Volvió a intervenir el mismo hombre de negro de hace un momento.

─No lo mataré. Creo que sería de más utilidad si se lo regalo al maldito gobernador. Ese ladrón insaciable.

─Entonces, ¿desea que prepare algún escenario?

─Así será. Pero primero debo convencer al querido goberna… ¿Ah? ─De pronto, la mano del hombre de traje gris se detuvo de tocar el cabello oscuro del joven sobre el suelo─. Esta cicatriz…

En la mejilla derecha de aquel chico había una cicatriz de casi 3 centímetros. Por su poca visibilidad podría decirse que era una cicatriz de hace muchos años.

Al momento siguiente, aquel hombre tomó ambas mejillas del joven de cabello negro para observarlo tan de cerca que su nariz tocaba la nariz del otro.

─Esto es…

Aquel rostro afilado mostró confusión y perplejidad. Pero sus hombres de negro no podían saber si era en serio o no. Así que, como siempre, prefirieron no decir nada con miedo de que la locura de su jefe los alcanzara.

“Ese cabello, esa piel tersa y pálida debajo de esa maldita suciedad… Si sus ojos son como los recuerdo, entonces… ¿es él?”

Con su pensamiento, la expresión de aquel hombre tomó emoción.

Hace quince años hubo un terremoto en la ciudad M. Muchas personas murieron, mientras otras muchas quedaron heridas o desaparecidas bajo los escombros. En esos segundos de terror y muerte, un pequeño niño de nueve años de contextura delgada, de piel clara y cabello como el atardecer, estaba aterrado y de pie en un solo lugar sin la capacidad de seguir avanzando, mientras veía cómo todo a su alrededor de venía abajo y escuchaba, sin querer oír, los fuertes gritos de dolor y auxilio.

─M-mamá… Papá… ¿Dónde están…? ─dijo tembloroso y lloroso aquel pequeño.

Y pronto, la fachada de la casa detrás de él se vino abajo.

¡CUIDADO!

¡CRASH!

El concreto y el vidrio impactaron sobre la vereda, y un par de personas rodaron a un lado, salvándose del desastre sobre sus cabezas.

─Ngh…

Se quejó el pequeño niño en el piso.

─¿Estás bien? ─Preguntó un joven, sobre el niño.

─…

Al abrir sus pequeños ojos alargados, el niño vio un rostro ovalado de piel blanca y cabello tan oscuro como la noche sin luna. Por un momento, para aquel pequeño, ese joven se sintió como una sombra que ocultaba su miedo y cobardía, haciendo que sintiera un extraño alivio.

Plic, plac…

─¿Ah…?

Un par de gotas rojas cayeron sobre la frente del pequeño niño. Ahí fue que se dio cuenta que solo él estaba ileso.

─¿Sangre? ─Se preguntó el joven de cabello oscuro al ver su sangre en la piel de otro─. Lo siento. Debí haberme cortado con el vidrio ─añadió el joven, al mismo tiempo que se tocó la herida en su mejilla. Acto seguido, limpió la sangre en la cara del niño con la manga de su camisa.

El joven de cabello ayudó al pequeño a ponerse de pie.

─Que alivio, el movimiento se detuvo. Pero… qué tragedia ─dijo el joven de cabello negro, con pesar.

─Ngh…

Las lágrimas no tardaron en empapar el rostro de aquel niño.

─Hey. No llores, ¿sí? Solo no mires ─Dijo el chico de cabello oscuro. Y al segundo siguiente, envolvió en un abrazo al niño.

─M-mamá, papá… snif…

─Tranquilo pequeño. Te ayudaré a encontrar a tus padres, ¿sí?

─…

Mientras el pequeño se sentía como protegido en un escudo, como con sus padres, pronto también, los gritos y llantos desconsolados escalaron los cielos.

“Cuando te fuiste… fue un verdadero infierno”.

Con ese pensamiento casi susurrado en su mente, el hombre de ojos alargados en traje gris levantó al joven en sus brazos. Y cuando estaba a punto de avanzar, otro hombre de negro hizo su aparición. Este era el mismo de ojos celestes y fría expresión.

─Señor, he regresado.

─Oh, Damián. Dilo.

─El hombre está muerto.

***